Padre Claudio Díaz Jr.

El rechazo no es de Dios

Friday, October 2, 2026

El Evangelio de hoy nos dice que nuestro Padre celestial no se rinde. En su deseo por salvar a la humanidad incurre en una serie de planes e instrumentos para traernos la luz. De la misma manera que el terrateniente envía diferentes mensajeros a su viña, Dios en el Antiguo Testamento ha enviado patriarcas, profetas, hombres y mujeres santos, signos y presagios para llevar a cabo su plan de salvación. La humanidad estaba demasiado ocupada, demasiado ciega u obstinada para ver esto, ya que siempre volvían a los viejos caminos. Finalmente, en el Nuevo Testamento y en un gesto dramático, Dios nuestro Creador envía a Su Hijo unigénito, que es crucificado, la expresión más alta del rechazo.

El rechazo está en el centro de lo que va en contra de la naturaleza de Dios. Es oscuridad, vacío y finalmente, intrínsecamente maléfico. No hay dolor más intenso que el de ser rechazado. Golpea directamente el corazón de cualquier persona, creando una herida dolorosa y en algunos casos insoportable. El rechazo está en el corazón de la negación de la bondad del ser humano y la negación de la bondad de Dios.

El "tú" en el evangelio está dirigido al liderazgo israelita en el tiempo de Jesús, aquellos que rechazaron el plan de salvación de Dios, quien envió a su Hijo unigénito. No sólo rechazaron la realidad mesiánica encarnada en Jesús, sino la manera de Dios de hacer las cosas. No entendieron sus designios y actuaron según su creencia. Ellos rechazaron lo Divino.

Somos conocedores de la verdad en donde Dios ha hecho todo lo posible para que estemos protegidos, para ser redimidos, para ser salvados. Pero el hecho es que la humanidad sigue rechazando a Jesús. Por ejemplo, cuando veo la destrucción masiva que tiene lugar en el Medio Oriente, donde miles de civiles están siendo utilizados por Hamas en Gaza, recibiendo ataques por parte de Israel o la guerra provocada por Rusia al atacar Ucrania. Cuando se les mata, continuamos rechazando a Jesús. Continuamos rechazando esa piedra angular necesaria para la construcción de la civilización del amor tan anunciada y proclamada en la Buena Nueva; que el reino de Dios es para todos.

Su Hijo hizo provisiones para permanecer con nosotros. Por su pasión, cruz, muerte y resurrección nos dejó las herramientas necesarias para acercarnos a nuestro Padre Celestial. Él nos dejó Su Cuerpo para que seamos sanados, purificados y alimentados. Él nos dejó Su Iglesia para que nos podamos reunir en una realidad visible y tangible. Él nos dejó nuestro libre albedrío para que podamos elegir lo que es correcto con el máximo sentido de la libertad. Así pues, podemos ver que Dios no ha terminado con nosotros... Dios no está a punto de darse por vencido.

Un día no rechazaremos nunca más. Un día nunca más seremos rechazados. Dios continuará persiguiéndonos, su posesión más preciada, y nos abrazará con un beso celestial... Como los primeros frutos de la nueva creación...

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