Padre Claudio Díaz Jr.

Un “temor” más maduro

Tuesday, September 9, 2025

Hay dos tipos universales de “temor”. En la jerga cotidiana, cuando hablamos de temor nos referimos al miedo. Por temor no tomo el riesgo, por temor no sigo mis instintos o deseos. Es la manera básica en que los niños aprenden de ciertos valores o de fronteras por temor al castigo y a las consecuencias. No debe ser así entre los adultos.

Los adultos deberíamos funcionar con el sentido de temor de las escrituras. Este orden de temor tiene un carácter más maduro, libre e íntegro. Cuando en la Biblia se nos llama a “temer a Dios” no se refiere al sentimiento paralizante que hostiga el corazón y la razón. Se refiere más bien al respeto que se le debe a Dios y el sentido del deber hacia él. Un sentido que nos libera de todo titubeo, de toda agenda personal, de todo egoísmo teniendo en cuenta sólo lo que ultimadamente es justo y verdadero. En otras palabras es un sentido de deber por amor sencillo y no adulterado.

Luego entonces, la decisión de serle fiel al cónyuge no es por temor a ser descubierto sino por la obligación amorosa al ser que escogimos libremente para caminar por los anales de la vida. Cuando decidimos ser buenos cristianos no es por temor a un Dios castigador o para que nos vaya bien, sino por amor a Dios de manera completa e incondicional. Un amor más profundo y más completo.

Cuando se conoce la voluntad del amo o la manera de pensar del mismo no hay equivocación. Es más, el gran abismo entre amo y siervo se acorta, se estrecha y se hace inexistente. Luego entonces, el ser cristiano es un estilo de vida que no se lleva cosmética o artificialmente. Dios no se improvisa. El amor a Dios y al prójimo no se improvisan, convirtiéndose en hacer las cosas “por temor” a no equivocarnos sino de tratar con amor al ser querido.

De ahí que no podemos ser tibios… La persona tibia no está verdaderamente comprometida con nada ni nadie. No sabe temer y por ende no sabe amar. Jesús denuncia la tibieza de los líderes, el maltrato de personas o abusos de los recursos o bienes comunitarios, no sabiendo administrar la casa de Dios. Los líderes tibios y disolutos no aman porque no saben lo que significa verdaderamente el temor a Dios. Hermanas y hermanos, continuemos haciendo la voluntad de Dios, entendiendo el verdadero sentido de temerle, recordando que “al que mucho se la da, se la exigirá mucho y al que mucho se le confía, se la exigirá mucho más”.

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