Aida Segura/Caridades Católicas

Un espacio seguro para sobrevivientes de violencia doméstica

Friday, September 12, 2025

Cuando emprendí mi búsqueda vocacional, le pregunté a un asesor espiritual: “¿Qué puedo hacer para elegir y dedicar mi vida al encuentro con Dios?”. Su respuesta fue: “Permanece junto al sufrimiento”. En mi cargo como directora de instalaciones de House of Peace (Casa de la Paz), he aprendido a acompañar los relatos de las mujeres, su supervivencia y su camino de sufrimiento. Y aun así, también ha sido un espacio de gracia y una bendición.

House of Peace lleva más de 14 años acompañando a las sobrevivientes de violencia doméstica. Las mujeres y niños que acuden a House of Peace han padecido abuso físico, verbal, emocional, económico y de muchos otros tipos, y aun así perseveraron. Brindamos un hogar seguro y alentador donde estas sobrevivientes pueden alojarse por seis meses para sanar, procesar, aprender y transformarse en su trayectoria de supervivencia.

Es voluntad del Espíritu Santo que estas familias residan aquí, y nuestro papel consiste en acogerlas con los brazos abiertos, aceptarlas de forma incondicional tal y como son, y brindarles un lugar tranquilo donde las madres puedan respirar, recuperar su sentido de sí mismas y de la seguridad, apoyar a sus hijos y establecer entre ellas una comunidad, de forma que puedan sentirse listas para reanudar una vida independiente.

Su estancia con nosotros las conecta con el Espíritu Santo —la llama de fuego—, la iluminación vital dentro de todos nosotros. Esta conexión se produce de dos maneras: una conexión con sí mismas que rápidamente evoluciona hacia una sinergia con la comunidad. Estas mujeres se sienten empoderadas para apoyar a sus nuevas amigas, hermanas y vecinas, y rápidamente se convierten en hacedoras de bien y sanadoras, roles que mantienen por muchos años tras su estancia con nosotros. Ellas regresan a nosotros para devolver el apoyo, y su generosidad impulsa un flujo de energía dinámico hacia una comunidad de amor y cariño que rodea a estas mujeres de asesoramiento, apoyo, aliento y acompañamiento. Nuestra comunidad es una hermandad comprometida con un estado de presencia y con una cultura cariñosa y empática que brinda a estas familias la oportunidad de descansar de la carga de sus heridas.

Nosotros aseguramos a estas mujeres que no están solas. Nuestra hermandad —las otras madres que residen en House of Peace y las que lo hicieron en épocas pasadas— las acompaña. Si bien las mujeres y sus hijos solo permanecen con nosotros por seis meses, hemos creado una comunidad sostenible a través de nuestro Programa Phoenix, que permite a las mujeres continuar la hermandad que establecieron aquí. Ellas pueden mantener sus conexiones para seguir procesando, sanando y aprendiendo las unas de las otras, al tiempo que comparten las buenas nuevas de Jesucristo. Resulta hermoso ser testigo de la experiencia de caminar juntas con fe. Ese proceso de volver a humanizarnos es cuando realmente encontramos a Dios.

Es algo profundo presenciar el sufrimiento de estas mujeres y sus hijos, y cómo la rehabilitación las transforma en personas dotadas de resiliencia y esperanza. Como me relató una de estas mujeres: “Esta Casa de la Paz es un obsequio de Dios y estamos orgullosas de nuestras plegarias. Esta casa es un milagro. Nosotras somos responsables ante Dios de cuidarla y de mantenerla como un lugar amoroso”.

Mi responsabilidad en House of Peace es ser una recolectora de los atisbos de esperanza para esas mujeres y, a cambio, he encontrado una fuente de esperanza.

 

Aida Segura es directora de instalaciones de House of Peace, un refugio para sobrevivientes de violencia doméstica de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Chicago.

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