Cardenal Blase J Cupich

Fe, compasión, comunidad

Monday, May 18, 2026

El cardenal Cupich pronunció las siguientes palabras durante la Noche de la Esperanza de la Academia Maryville el 14 de abril.

Buenas noches: Es un placer unirme a esta celebración del impacto duradero que la Academia Maryville crea al dar testimonio de la fe, la compasión y el poder de la comunidad en su servicio a niños y familias a través del Centro de Atención de la Salud de los Niños y la Guardería de Crisis.

Desde sus comienzos en 1883, cuidar a niños vulnerables ha estado en el corazón de la misión de la academia. Como recién nombrado arzobispo de Chicago, Patrick Feehan no podía apartar la vista de los muchos huérfanos y otros niños sin hogar en las calles de Chicago años después del Gran Incendio de Chicago. Él podía ver la necesidad de construir un orfanato e instó a las personas a apoyar los esfuerzos arquidiocesanos para comprar una propiedad y construir un hogar donde los niños pudieran residir y ser cuidados con dignidad y compasión.

Poco más de un siglo después, cuando los obispos de Estados Unidos emitieron su carta pastoral de 1991: “Poner a los niños y las familias primero”, el cardenal Joseph Bernardin decidió anunciar la respuesta de la arquidiócesis a la carta pastoral en el Centro de Recepción de Niños de Columbus-Maryville. Él observó que el centro “provee un entorno muy conmovedor para abordar este tema…[ya que] algunos de los niños más vulnerables de Illinois son cuidados aquí”.

A lo largo de sus 142 años de evolución, Maryville continúa mejorando las vidas de los niños y sus familias al proveer cuidado, educación y oportunidades que los niños y jóvenes necesitan para desarrollarse, prosperar y florecer. Los programas pueden cambiar pero los elementos básicos permanecen igual: fortalecer familias y amar a los niños incondicionalmente, garantizando su seguridad y estabilidad, así como también los medios para su florecimiento.

Hace unas semanas en el podcast Catholic Chicago, se le pidió a la hermana Cathy (Catherine Ryan, Hermana Escolar de San Francisco y directora ejecutiva de Maryville) que compartiera una historia para ilustrar la vida en Maryville. Ella recordó un encuentro entre dos residentes adolescentes, una de las cuales se había mudado recientemente y estaba superando un trauma que ella había sufrido antes de llegar.

Alterada y llorando mientras compartía su historia, los miembros del personal intentaron consolarla a través de su presencia y palabras reconfortantes. Otra joven mujer, con retrasos cognitivos, que no se comunicaba verbalmente, al ver la angustia de la recién llegada, salió al jardín, recogió una flor y se la llevó a la residente recién llegada. No hicieron falta palabras, su gesto sincero lo dijo todo, una hermosa metáfora de la misión de Maryville de dar cuidado compasivo que inspira esperanza, tan a menudo dada por simples actos de bondad que no necesitan palabras.

Esta noche se trata de la esperanza. La esperanza no es optimismo. El optimismo se trata del mañana. La esperanza se trata del hoy. La esperanza se trata de dar una flor como bienvenida, diciéndole a un recién llegado que sin importar las circunstancias de nuestra vida, Dios está con nosotros, especialmente cuando somos más vulnerables.

El personal y los voluntarios de Maryville son sacramentos de esperanza, todos y cada uno de los días, sembrando la semilla que potencia el crecimiento intelectual, espiritual, moral y emocional de los jóvenes que sirven. Resiliencia, tenacidad y aspiraciones para el futuro: estos son los signos mismos de que la esperanza ha echado raíces en ellos para afrontar los desafíos por adelante.

Y el mundo adulto también encuentra esperanza aquí. Los padres aprenden a confiar en el cuidado especializado y en el refugio seguro de su Centro de Niños que los pueden ayudar para afrontar condiciones médicas abrumadoras, emergencias y desafíos de salud física o mental. Las familias reconocen que los profesionales capacitados y programas visionarios de Maryville pueden aliviar su ansiedad y abordar sus preocupaciones.

Además del ofrecimiento de cuidados de relevo, pueden desarrollar habilidades cruciales para cuidar a su hijo, crear un plan adaptado a las necesidades de su hijo o forjar un camino seguro hacia un futuro mejor.

Los obispos del Concilio Vaticano II proféticamente declararon en su Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, “Gaudium et Spes”, que algo nuevo está ocurriendo en nuestra época. Atestiguamos, escribieron, “que está naciendo un nuevo humanismo, en el que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad hacia sus hermanos y ante la historia” (GS 55).

Estas conmovedoras palabras llaman a la humanidad a apreciar que Dios está obrando en aquellos momentos cuando nos unimos para abordar las necesidades de los demás, especialmente de los más vulnerables. Esta perspectiva tiene mucho que decir sobre cómo debemos comprender el significado de ser iglesia, el significado de nuestro llamado bautismal y nuestra responsabilidad de asumir la tarea de promover una cultura de solidaridad que cultive el desarrollo humano integral y la fraternidad.

Esta noche es una velada para celebrar esa visión, mientras Maryville inaugura el premio Legacy of Hope (Legado de Esperanza). No hace falta decir que me siento tanto honrado como conmovido de recibirlo, ya que sé que hay muchas otras personas que serían mucho más merecedoras de ser reconocidas por su liderazgo para fomentar la labor de Maryville. Pero les puedo decir que, al aceptarlo, seré aún más consciente de mi responsabilidad de imitar la compasión, compromiso y esfuerzos admirables de los quinientos miembros del personal de Maryville, comenzando por la hermana Cathy.

Esta noche vimos, en el video que se presentó, cómo las 24 horas del día, los 7 días de la semana, la hermana Cathy y su personal cuidan con una dedicación admirable a niños medicamente frágiles, jóvenes que lidian con desafíos físicos o emocionales y a familias con una necesidad urgente o en crisis.

Y así como yo me siento inspirado por su ejemplo, espero que ustedes también. Maryville, su personal, miembros de la junta y voluntarios dependen de donantes como ustedes, cuya generosidad fortalece y apoya sus programas innovadores que transforman vidas. Su presencia aquí esta noche es indispensable para que su misión continúe. Por favor sigan siendo generosos.

Encomendemos a esta maravillosa comunidad, Maryville, a su patrona María de Nazaret, a quien el papa León llamó la imagen de la esperanza, pues ella dio testimonio de la verdad de que “esperar es ver que este mundo se convierte en el mundo de Dios”. Y en ese mundo, como nos recordó aquella joven de la que hablé antes, las flores dicen mucho porque son recogidas con amor y entregadas con atención. Que Dios los bendiga a ustedes, y a los niños, jóvenes y familias de Maryville.

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