Cientos de catequistas de la Arquidiócesis de Chicago participaron en una serie de talleres en línea para aprender cómo acompañar mejor a los estudiantes de educación religiosa que temen que el aumento en el control migratorio pudiera separar a sus familias.
Los talleres, que se llevaron a cabo durante tres jueves consecutivos por la noche en enero y febrero, fueron en respuesta a solicitudes de los catequistas que vieron a sus estudiantes traumatizados por lo que vieron en las noticias, las redes sociales y, a menudo, en sus vecindarios, dijo Javier Castillo, coordinador senior del ministerio de formación en la Oficina de Formación Permanente de la arquidiócesis.
Cerca de 300 catequistas asistieron a cada sesión.
“Los catequistas estaban muy preocupados sobre cómo podemos ayudar a los niños y a los padres en estos momentos tan difíciles de sus vidas”, dijo Castillo, señalando que muchas de las familias afectadas son de estatus mixto.
“Los niños estaban presentando problemas y trauma”, mencionó Castillo. “Los niños no querían salir de la casa. Estaban preocupados de que cuando llegaran a casa sus padres no estuvieran allí”.
Algunas parroquias respondieron en el otoño, durante la Operación Midway Blitz, permitiendo que los alumnos asistieran a las clases en línea, dijo. Pero eso no fue suficiente.
“El miedo y la incertidumbre afectan a la persona en su totalidad”, señaló. “¿Cómo los hacemos sentir más cómodos y apoyados con la oración?”
Anabel Delgado, quien enseña el segundo año de preparación para la confirmación en la parroquia San José Sánchez del Río, 3647 W. North Ave., estaba encantada de unirse al esfuerzo cuando Castillo se acercó a ella.
Delgado, que hizo las presentaciones en Zoom en español, dijo que notó el cambio en sus estudiantes hace aproximadamente un año. Los estudiantes se estaban volviendo más distraídos y portando mal más.
Dos hermanas, que usualmente se la llevaban bien, estaban peleando y discutiendo.
Cuando Delgado pudo preguntarle a una de las hermanas qué estaba pasando, ella explicó que su hermana quería salir como normalmente lo hacía, como si el aumento en la aplicación de las leyes de inmigración que comenzó en Chicago poco después de la toma de posesión del presidente Trump no representara un peligro.
“Ella dijo: ‘Tengo miedo de que nos van a agarrar y tengamos que regresar, y nosotros no tenemos a nadie allá’”, mencionó Delgado. “‘Toda nuestra familia está aquí.’”
Cuando la aplicación de la ley se intensificó aún más en el otoño de 2025 con la operación Midway Blitz, las parroquias con grandes poblaciones de inmigrantes comenzaron a ver una disminución en la asistencia a misa y menos estudiantes presentándose para las clases de educación religiosa.
Delgado y sus compañeros catequistas comenzaron a ofrecer paquetes de silbatos además de información sobre “conozca sus derechos”.
Tener silbatos y un protocolo para usarlos para notificar a cualquiera que pueda oírlos si los agentes federales están cerca ayuda a los estudiantes a sentir que están haciendo algo para proteger a su comunidad, dijo Delgado.
Al mismo tiempo, la clase habla sobre cómo responder a los agentes federales como cristianos.
“‘¿Qué crees que Jesús les diría a los agentes de ICE?’ Este año, he recibido esa pregunta muchas veces de diferentes estudiantes”, mencionó Delgado. “Ellos no pueden entender por qué les pasan cosas a las personas buenas. Si ellas [las personas que están siendo detenidas] son realmente criminales, ¿por qué están siendo atacadas en la calle? ¿Por qué no pueden conseguir órdenes judiciales?”
Ella dijo que siempre es importante escuchar a los alumnos y comprender de dónde vienen.
Flor García, quien presentó los talleres en inglés, enfatizó la importancia de hacer esa conexión.
García es una alumna del último año que estudia trabajo social en la Universidad St. Xavier y, como parte de su educación, ha estado trabajando con United Stand para proporcionar entrenamiento académico en las escuelas católicas. Ella también es una estudiante de educación religiosa preparándose para la confirmación en la parroquia St. Bede and St. Denis.
Los catequistas tienen la oportunidad de ayudar a sus estudiantes a procesar sus emociones al comprender que tener incluso emociones “negativas” no está mal.
Lo más importante es que los estudiantes comprendan que no están solos, mencionó.
“Por supuesto, se supone que los catequistas deben ser capaces de hacer que los niños reconozcan que tienen fe y que tienen a Dios en que confiar”, dijo García. “No siempre es cómodo tener conversaciones como ésta”.