Con una misa al aire libre oficiada por el cardenal Blase Cupich, y una procesión por el vecindario, los feligreses de Nuestra Señora de Monte Carmelo, en Melrose Park, se reunieron para recibir la ceniza en una tarde de oración, canciones y solidaridad con las familias inmigrantes de toda la comunidad católica. La asistencia se calcula en más de tres mil personas, entre las cuales había familiares de gente detenida o deportada.
Con el acto ritual de poner la ceniza en la frente, el 18 de febrero dio inicio el tiempo sagrado de la Cuaresma, los cuarenta días que conducen a la Resurrección de Jesús, la Pascua, que este año se conmemora el 5 de abril.
La actividad fue doblemente significativa, no solo por la importancia del Miércoles de Ceniza que marca el inicio de un tiempo de conversión, reflexión y arrepentimiento, sino por la cercanía de Melrose Park con el suburbio de Broadview, donde se ubica el centro de procesamiento de Inmigración y Control de Aduanas.
La actividad fue convocada por la Coalición para el Liderazgo Espiritual y Público, una agrupación sin fines de lucro basado en la enseñanza social católica, y por los misioneros scalabrinianos.
En su homilía, el cardenal citó las palabras de Jesús, que nos dice que Dios ve y actúa en secreto y que allí es donde estamos llamados a encontrarlo:
“Se nos dice que demos limosna en secreto, que oremos en secreto, que ayunemos fuera de la vista de todos. Este es un día que les habla especialmente a aquellos que viven en las sombras, aquellos de ustedes que llevan cargas fuera de la vista de los demás. Nuestros nuevos amigos inmigrantes saben lo que significa vivir ‘en secreto’. Ustedes conocen la ansiedad de las sombras. Ustedes conocen el miedo silencioso de una llamada a la puerta o una parada de tráfico. Ustedes conocen el dolor silencioso de llorar por familiares que están lejos a quienes no pueden visitar. Hoy Jesús les dice: Yo estoy allí con ustedes en los lugares secretos”.
“Dios no necesita papeles para saber quién eres o dónde estás” continuó la homilía del cardenal. “Cuando lloras en secreto, Él te ve. Cuando trabajas duro por tus hijos mientras nadie te mira, Él te ve. Cuando sacrificas tu propia comodidad para enviar dinero a casa, te sacrificas para dar limosna en secreto, Él te ve. El mundo puede mirar tu estatus legal, pero Dios mira tu corazón”.
A raíz del enorme trauma y la ansiedad que las detenciones han creado en la comunidad inmigrante, católicos venidos de toda la arquidiócesis y activistas de diversas organizaciones convocaron en los meses recientes a liturgias y eventos de oración alrededor del centro de procesamiento de Broadview.
Un suceso que llamó la atención de medios nacionales e incluso internacionales fue que, el 1 de noviembre pasado hubo una misa fuera del centro de detención, en la que el obispo José María García Maldonado fue celebrante principal, con una asistencia de más de dos mil personas. La misa incluyó un intento de parte de una pequeña delegación de sacerdotes, religiosas y otros líderes de llevar la comunión a los detenidos, que fue negada, y hubo un intento posterior en Nochebuena.
Como este periódico ha informado, la Coalición para el Liderazgo Espiritual y Público presentó una demanda buscando acceso al Centro de Inmigración y Control de Aduanas en Broadview.
La demanda, presentada el 19 de noviembre de 2025, mencionó como demandados a la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, al presidente Donald Trump y al agente en jefe de la Patrulla Fronteriza Gregory Bovino, así como también a otros funcionarios federales.
Días antes del Miércoles de Ceniza, un juez federal dio el fallo en favor de los demandantes, en el que la corte ordenaba que se restableciera el acceso de la comunión y el cuidado pastoral. La medida fue celebrada por la comunidad católica.
En un comunicado, el cardenal Cupich expresó:
La libertad religiosa es un pilar fundamental de nuestra democracia, y el derecho de las personas encarceladas a recibir cuidado pastoral está reconocido a nivel nacional.
Estamos agradecidos de que los tribunales hayan reconocido esta realidad y hayan permitido que estos detenidos tengan el consuelo de su fe en el Miércoles de Ceniza, el inicio de la temporada de Cuaresma.
Vemos este como un tiempo de oración y preparación para el milagro de la Pascua. Oremos para que la dignidad humana de todas las personas sea respetada en nuestra nación, que fue fundada para lograr la libertad y, como dijo Lincoln, dedicada a la proposición de que todos los hombres son creados iguales.