Con la creciente presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos a lo largo del área de Chicago, las parroquias con grandes poblaciones de personas indocumentadas están viendo una disminución en la asistencia a la misa.
Algunos feligreses optan por quedarse en casa en vez de asistir a las misas o devociones o enviar a sus hijos a las clases de educación religiosa, dijeron líderes parroquiales.
Muchas parroquias ahora colocan vigilantes fuera de las misas para alertar a los devotos de la presencia de agentes de ICE antes de que salgan de la iglesia. A mediados de octubre, los medios de comunicación informaron que había agentes apostados afuera de la Iglesia St. Jerome en Rogers Park durante la misa del domingo en la mañana y el personal parroquial advirtió a los feligreses que tuvieran cuidado cuando salieran de la iglesia.
El padre Juan Carlos Vargas, vicario parroquial de la parroquia Nuestra Señora del Rosario, en 3935 N. Melvina Ave. dijo que el temor ha estado presente desde enero, pero que aumentó recientemente.
“Alcanzó un punto nuevo este mes pasado, donde la asistencia bajó entre 50 a 75 personas, así que no fue muy drástico. Pero lo que fue drástico fue la asistencia a las clases de educación religiosa y las otras actividades extracurriculares”, señaló.
Algunas familias comenzaron a compartir el transporte a las clases y otras pidieron clases virtuales para sus hijos para no tener que salir de casa.
Recientemente, Vargas ha visto esposos asistiendo a misas diferentes.
“En caso de que algo suceda, solamente un miembro de la familia será parado o detenido”, mencionó. “Tenemos feligreses que solo hablan español, pero que han comenzado a venir a las misas en inglés porque tienen la sensación de que si [ICE] va a venir, vendrá durante una misa en español”.
Feligreses mayores que no son hispanos le dicen a Vargas que ahora llevan consigo sus pasaportes porque también temen ser parados por agentes, dijo.
Pero también ha habido algunos aspectos positivos, señaló Vargas.
“Lo que sí escucho mucho es esperanza, la esperanza de que el único lugar donde sienten consuelo y paz es en la misa”, dijo. “Las personas que asisten vienen con un corazón abierto y solo confían en el Señor y solo oran para que todo salga bien”.
Durante las homilías, Vargas dijo que les dice a todos los feligreses, independientemente de su origen étnico o raza, que este es un momento en el que pueden vivir su fe preocupándose por los demás. También anima a orar por los agentes de ICE y líderes del gobierno.
“Estoy agradecido de que he podido tener esa posición para poder predicar sobre eso, para poder compartir las historias de la gente a través del púlpito para que la gente pueda hablar sobre eso entre ellos mismos”, dijo Vargas. “Hay una sensación de miedo, pero también hay una sensación de silencio”.
En enero, algunos feligreses abandonaron el país voluntariamente, señaló.
Eran feligreses que habían asistido a la parroquia durante 25 años; una persona inició la misa en español en la parroquia.
“Habían estado aquí en Chicago en esa zona durante 25 años”, dijo Vargas. “Ella tenía una guardería”.
Para mostrar solidaridad con los feligreses que tienen temor de dejar sus casas, la parroquia San Procopio en Pilsen organizó una procesión Eucarística a través del vecindario el 26 de octubre.
“Somos una Iglesia que vive en la esperanza y el amor, por lo que sentimos que había una necesidad de solidarizarse con la comunidad inmigrante que, de muchas maneras, tiene temor”, dijo el diácono Rafael Yáñez. “Y estamos viendo la ansiedad que se está apoderado de sus corazones, por lo que sentimos la necesidad de responder con lo que conocemos, que es nuestra fe, y enviar un mensaje de unidad y esperanza”.
Aproximadamente 150 personas se unieron a la procesión después de la misa, cantando y rezando el rosario en la caminata.
“Todo el tiempo estuvimos rezando y tuvimos presente lo que está ocurriendo en nuestro país y en nuestro mundo y orando por la paz e invocando al Dios que está vivo y caminando con nosotros en medio de nuestro dolor y nuestras luchas”, dijo Yáñez.
Las personas con las que se cruzaron durante la procesión reaccionaron a ella.
“Vi a muchas personas haciendo la señal de la cruz”, mencionó. “Estaban sentadas en los restaurantes e interrumpían las conversaciones que tenían y hacían la señal de la cruz. Las personas que conducían hacían lo mismo”.
Mencionó que además del testimonio público, los feligreses se han organizado para hacer las compras de comestibles para las personas con miedo de salir.
“Y simplemente estar disponibles para ellas, quizás necesiten que los lleven a algún sitio”, dijo Yáñez. “Este es un momento para unirnos y encontrar cuáles son las maneras en las que podemos ser mejores hermanos y hermanas”.