Los católicos en la Arquidiócesis de Chicago son parte de una Iglesia mundial, en la cual sus miembros están todos conectados, y para ver eso, basta con mirar al papa León XIV.
El papa, que nació en Chicago y fue criado en el suburbio de Dolton, demuestra la naturaleza global de la Iglesia y la misión de todos los católicos de ser parte de ella, dijo Megan Mio, directora ejecutiva de la Oficina de Misión Global de la arquidiócesis.
El papa León ministró durante años como sacerdote y obispo en dos diócesis de Perú, antes de convertirse en secretario del Dicasterio para los Obispos en Roma, y tiene tanto ciudadanía peruana como estadounidense.
Mio espera que las personas piensen en la vida misionera del papa León durante el Domingo Mundial de las Misiones el 19 de octubre, cuando las parroquias hagan una segunda colecta para la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, parte de la Obras Misionales Pontificias que sirven a personas en todo el mundo.
En su carta para el Domingo Mundial de las Misiones, el cardenal Cupich trazó la conexión entre el papa León, un misionero de Chicago, y el papel que los católicos deben desempeñar para apoyar la obra misionera.
El tema para la celebración de este año fue elegido por el papa Francisco antes de fallecer: “Año Jubilar: Misioneros de esperanza entre los pueblos”.
El papa Francisco “alentó a los cristianos individualmente y a la Iglesia entera a seguir los pasos del Señor Jesús y a convertirse en artesanos de esperanza para nuestro mundo atribulado”, escribió el cardenal Cupich. “Hemos visto esta esperanza que no decepciona en la elección del papa León XIV. Él es un misionero que fue enviado desde Chicago al mundo misionero agustiniano, a la Diócesis de Chiclayo, Perú y ahora al Vaticano donde dirige a la Iglesia católica mundial”.
Mientras él mismo era misionero, dijo Mio, el papa León solicitó apoyo a la Arquidiócesis de Chicago. La Iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán en Olmos, Perú, parte de la diócesis de Chiclayo, se había derrumbado después de las fuertes lluvias durante el Domingo de Ramos de 2017, y la parroquia necesitaba $100,000 de los casi $450,000 que necesitaba para construir la nueva iglesia.
A comienzos de 2022, después de una demora causada por la pandemia de COVID-19, el cardenal Cupich sugirió que el entonces obispo solicitara una subvención de legado de la Oficina de Misión Global de la arquidiócesis. Separado de las Obras Misionales Pontificias, la arquidiócesis mantiene un fondo creado con legados a la oficina de misiones que puede usarse para proyectos especiales, usualmente con alguna conexión con la Arquidiócesis de Chicago.
La Iglesia ahora está terminada.
“Es muy hermosa”, dijo Janinna Sesa Córdova, directora de Caritas Chiclayo desde 2014 hasta 2024, en una entrevista en línea para La hora católica en Chicago.
La iglesia reconstruida, una estructura similar a la catedral de Chiclayo, sirve a una parroquia grande, que incluye 165 pueblos pequeños además de Olmos.
El padre Melchor Pérez Cabrera, ahora párroco de Santo Domingo de Guzmán, dijo que fue muy duro para los feligreses cuando la iglesia se derrumbó y no sabían si podrían reconstruirla.
Mucha gente lloró, dijo. Ahora, con la estructura de la iglesia terminada, ellos están volviendo al culto.
Los solicitantes de las subvenciones de legado deben ser invitados a presentar una solicitud, dijo Mio, pero eso no es una garantía de que recibirán dinero. En el caso de Santo Domingo de Guzmán, la conexión era con el entonces obispo Robert Prevost de Chiclayo, ahora papa León, quien creció en Chicago y es miembro de los Agustinos del Medio Oeste.
Otras subvenciones se han otorgado a proyectos apoyados por sacerdotes ejerciendo su ministerio en Chicago procedentes de otros países, o para educar a seminaristas en la Universidad de Santa María del Lago que regresan a sus países y enseñan allí a futuros seminaristas.
Ese programa ha proporcionado más de $2 millones a 24 proyectos en la última década.
Los líderes de la oficina de misiones dijeron que es importante comprender que todos los bautizados están llamados a ser misioneros, incluso si no todos están llamados a viajar a lugares que les son ajenos.
En primer lugar, están llamados a orar por la obra misionera de la Iglesia, dijo Sandra Bustamente, miembro de la junta directiva de la Obra para la Propagación de la Fe de la arquidiócesis, parte de la Oficina de Misión Global que colabora con las Obras Misionales Pontificias.
También pueden apoyar los esfuerzos misioneros económicamente, tanto a través de la colecta del Domingo Mundial de las Misiones como a través de las campañas misioneras que la oficina coordina cada verano, en las que un misionero o miembro de una comunidad misionera habla en las misas para explicar lo que hacen y pedir apoyo.
El padre José del Carmen Méndez, párroco de la parroquia San Oscar Romero y otro miembro de la junta, dijo que las oraciones y el apoyo financiero ofrecen un importante mensaje de esperanza, y permiten a los misioneros ofrecer más a las personas a las que sirven, bien sea en educación o en formación religiosa, atención medica o servicio social.
“Todo nuestro trabajo consiste en apoyar a la Iglesia alrededor del mundo, especialmente en los lugares donde hay mayor necesidad”, dijo Mio. “Nuestro trabajo se centra en la oración, el apoyo y la educación sobre esa labor”.
El papa Francisco centró gran parte de su pontificado en la necesidad de que la Iglesia se volviera más misionera por naturaleza, mencionó Méndez, recordando a los fieles que la Iglesia existe para la misión, no al revés.
“La Iglesia no tiene una misión”, dijo. “La misión tiene una Iglesia”.
Para más información sobre el trabajo de la Oficina de Misión Global, visite wearemissionary.org.