Área de Chicago

Jiménez: cincuenta años de una empresa orgullosamente latina

Por Redacción Católico
Aug 4, 2025 3:03:00 PM

En la inauguración de una de las Carnicerías Jiménez. Foto: cortesía Jiménez

Hace ya cincuenta años, en 1975, abrió sus puertas Frutería Jiménez, la primera tienda de lo que se convertiría en Carnicería Jiménez, una cadena de supermercados que hoy es emblemática de la perseverancia de los migrantes latinos en Estados Unidos.

Detrás de esta empresa está la historia de un matrimonio, el de doña Lupe (Q.E.P.D.) y don José Jiménez, que no solo sacaron adelante el negocio, sino que han respaldado iniciativas latinas, desde becas a estudiantes hasta apoyo a organizaciones caritativas. Nuestro periódico, Católico, les debe también el apoyo que nos han brindado por décadas.

La historia de Carnicerías Jiménez es una historia de trabajo incansable como la que nuestros hermanos migrantes conocen bien. ¿Pero cómo empezó todo? Para platicar de eso el señor José Jiménez invitó al programa “La hora católica: Misa y más” a una de sus tiendas, y frente al altar (cada una de sus tiendas tiene un altar) explicó el origen de esta empresa.

“Yo llegué a Chicago a finales de 1969 y empecé a trabajar en diferentes tiendas chiquitas” recuerda don José, “trabajé para una tienda que se llamaba La California, de unos señores italianos, después La Mexicana y luego para Blanco Bakery”.

En estas tiendas aprendió de todo, desde manejar la caja registradora, administrar el dinero, almacenar el producto, negociar con los proveedores, etcétera. Fue frutero, carnicero, y todo lo que hiciera falta.

A principio de la década de los setenta, en Blanco Bakery, llegó Guadalupe, una jovencita que estudiaba la high school, a pedirle trabajo al joven José. Él estaba en la caja pero no podía contratar gente, así que le dijo que volviera al día siguiente. Habló con el dueño sobre la muchacha y el dueño aceptó contratarla. Así se conocieron. A él le tocó entrenarla. Trabajaron allí casi dos años. Después se fueron a trabajar a otro lugar.

En ese tiempo se estaba forjando toda una generación de empresarios hispanos en Chicago, surgieron tres supermercados que en este año andan cumpliendo el medio siglo: La Chiquita, El Güero y Jiménez.

El joven José se fue a trabajar a La Chiquita, “que entonces todavía no era del Sr. Alfredo Linares, sino de Javier Maya” dice don José. Desde ese entonces los tres empresarios se conocen. “Los tres supermercados estamos cumpliendo cincuenta años” agrega. “Empezó primero La Chiquita, después yo, y luego Supermercados El Güero”.

La primera tienda

Cuando el muchacho José Jiménez conoció a Lupe, los dos eran los hermanos mayores de su familia. Los dos tenían necesidad de trabajar. Desde un principio se dieron cuenta de que hacían un buen equipo juntos.

“Yo la primera tienda la abrí el 13 de febrero de 1975” recuerda don José. “Éramos novios nada más. Nos casamos el 20 de noviembre de 1975”.

“¿Cómo abrimos la primera tienda?” se pregunta don José, y responde: “fue fácil, porque era un lugar muy pequeñito. A mí me ofrecieron la tiendita en tres mil dólares. Yo traía $150 conmigo. Los di de depósito y otro día di el balance. El primer día vendimos $17. Poco a poco empezó a subir el negocio. Al año exacto, principios de 1976 en sábado y domingo ya vendíamos 7 u 8 mil dólares al día. Ya había gente que quería comprarnos la tiendita”.

Un cliente que había conocido en uno de sus primeros trabajos llegó un día a proponerle un negocio. “Él tenía una tienda en el norte de Pulaski que se llamaba La Fortaleza” dice. El hombre llegó a decirle que se la vendía. Don José fue a verla y se quedó asombrado, pues era una tienda mucho más grande. “Era como diez veces más grande” dice, “cuando yo entré sentí hasta miedo. Le dije ‘¿cuánto quieres por la tienda?’”. El señor Jorge Romero le contestó que debía 80 mil dólares al banco, así que ofreció la tienda al Sr. Jiménez por 80 mil dólares. “¿Yo de dónde agarraba ese dinero?” recuerda don José. Resultó que doña Lupe tenía sus ahorros. No alcanzaba esa cantidad, tenía unos 17 mil para dar el adelanto. Lo que hicieron fue ir al banco a pedir que pasaran el préstamo a nombre de los señores Jiménez. En el banco les dijeron que no eran tan fácil, había que llenar muchos papeles. Esto los desanimó, pero el Sr. Romero les dijo que no había problema, que siguieran haciendo los pagos en su nombre. El banco los llamó después para cambiar la escritura a su nombre. La tercera tienda fue más grande que la segunda.

Una vida de fe

“Cuando yo llegué a la (calle) 18, la parroquia a la que siempre fui fue a San Pío” dice don José, orgulloso de su parroquia.

“Y si me preguntan dónde voy ahora es a San Pío. Hubo un tiempo en que nos mudamos al norte y estuvimos por años yendo a Maternity BVM, después a San Vicente Ferrer (Por North avenue en River Forest). Mi señora participaba mucho en esas iglesias, ella ayudaba en todo lo que se ofreciera”.

Pero regresaron a San Pío. “Considero que soy bienvenido allí” dice.

Don José Jiménez considera que es la fe la que nos lleva siempre adelante. “Un hombre sin fe no va a ningún lado” dice. “En cada tienda que he tenido, hemos tenido una capillita. Cuando hay fe, hay todo. Hemos pasado por toda clase de problemas, pero si usted tiene fe, todo se soluciona”.

“En esta capilla hemos celebrado varias misas con sacerdotes” continúa, “hemos tenido novenarios. La mayoría de los empleados que trabajan aquí en las oficinas siempre pasan, se persignan y a veces le traen flores a la virgen, prenden las veladoras. Nunca apagamos las luces”.

Además de su fe, el negocio de don José Jiménez es conocido por apoyar organizaciones sociales, caritativas y artísticas.

“Cuando se hacían las manifestaciones en Chicago en aquellos años, en tiempo de calor nosotros enviábamos camiones de agua a ayudar” recuerda. “Lo mismo hicimos en la frontera, por medio de otras organizaciones que dejaran agua para otras personas que venían en camino. Hemos ayudado a muchos jóvenes con becas. En 1994 recibimos un reconocimiento en el Capitolio de los Estados Unidos por ayudar a organizaciones aquí en el estado de Illinois, el reconocimiento, me lo dio la senadora Hillary Clinton”.

Doña Lupe

Por supuesto, no podemos hablar del éxito de la empresa Jiménez sin hablar de doña Lupe, la otra mitad. Fallecida en 2022, ella fue una católica devota que vivió su vida al servicio de los demás y fue un pilar significativo de la Arquidiócesis de Chicago. Fue mentora de muchos empresarios locales y de manera callada patrocinó organizaciones a lo largo de la ciudad.

Desde sus modestos comienzos, doña Lupe y su esposo levantaron una empresa de comestibles que empezó con ellos dos solos y llegó a tener más de 400 empleados, entre ellos muchos que llegarían a convertirse en pioneros en la comunidad inmigrante mexicana.

Trabajando duro, doña Lupe y don José levantaron una cadena de supermercados. Su apoyo a Católico a través de las décadas ha sido importante para propagar la fe y para reafirmar los lazos de nuestra cultura.

¡Felices cincuenta años a Carnicerías Jiménez!

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