La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un evento internacional organizado por la Iglesia católica que reúne a millones de jóvenes de todo el mundo para celebrar su fe. Este encuentro, que normalmente se lleva a cabo cada tres años en diferentes ciudades del mundo, ha sido una oportunidad para que los jóvenes escuchen al Papa, participen en misas, oraciones y actividades culturales, y compartan su amor por Cristo con otros jóvenes como ellos.
Este año, aunque muchos no pudieron viajar a Roma o participar en los encuentros principales, un grupo de jóvenes del sur de Chicago tuvo la oportunidad de vivir su propia versión local de la JMJ. El evento se llevó a cabo el 19 de julio en la parroquia de Inmaculada Concepción-San Miguel, bajo la dirección de la Sra. Sandra Mota, fundadora y coordinadora del grupo juvenil de la parroquia.
“Como no podemos ir donde está el Papa, lo hacemos aquí, al nivel de Chicago”, explicó la Sra. Mota. “La idea es que los jóvenes se sientan más cerca del Papa, aunque sea a través de su mensaje en video. El Papa los ama”.
El evento comenzó con una misa a la que asistieron todos los jóvenes. Después compartieron un desayuno, y más tarde, unas religiosas organizaron juegos rompehielo para que los jóvenes pudieran conocerse entre ellos. Luego, el padre Pío ofreció una charla sobre la vida del Papa, desde su niñez hasta su vocación sacerdotal.
Los participantes se dividieron en cuatro grupos, cada uno con un adulto acompañante, y reflexionaron sobre preguntas relacionadas con la vida del Papa. Después compartieron sus respuestas en una sesión grupal. La jornada también incluyó momentos de baile, almuerzo, confesiones y juegos. Uno de los momentos más especiales fue la exposición del Santísimo Sacramento.
“La juventud realmente sintió la presencia de Jesús”, compartió la Sra. Mota. “Nadie quería sentarse, todos estaban de rodillas frente al Santísimo. Ese momento de adoración fue muy impactante”.
Para la hermana Ilse Gabriela Aguilar Castillo, religiosa en la parroquia, el evento fue más que una simple reunión: “Queremos que los jóvenes tengan un momento específico de oración frente a Jesús en la Eucaristía. No es sólo como un curso, es una experiencia para estar más cerca de Dios”.
Además de los momentos de reflexión, los jóvenes también pudieron convivir con otros chicos de su edad que comparten su fe. “Es importante que se den cuenta de que no están solos, que hay más jóvenes que creen en Dios y que también quieren crecer en su fe”, comentó la hermana Ilse.
Este es el segundo año que se organiza esta versión local de la JMJ. El grupo juvenil que participa está compuesto por jóvenes de entre 12 y 21 años, y este año asistieron 25 jóvenes. La Sra. Mota espera continuar con el evento el próximo año, planeándolo para el último fin de semana de septiembre.
Yesenia Cortez, una de las jóvenes asistentes, compartió su experiencia: “El propósito de este evento es crecer en la fe y conocer más a Dios en comunidad. Para mí, el momento con la Eucaristía fue muy especial y me tocó mucho”.
Yesenia también comentó que ella asiste a misa todos los domingos y trata de tomarse un tiempo cada día para orar y dar gracias a Dios. “A veces no nos damos cuenta de lo bendecidos que somos, y estos momentos ayudan a recordarlo”.
Para la Sra. Mota, estos encuentros tienen un objetivo muy claro: “Mi mensaje es que todos los adultos debemos trabajar juntos para acercar a nuestros jóvenes a Dios. Necesitan sentirse bienvenidos, aprender a crecer en su fe y tener a Dios en su corazón para que ese amor se pase de generación en generación”.
Eventos como este son un recordatorio de que, aunque no todos puedan estar físicamente en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma, sí pueden vivir una experiencia profunda de fe y comunidad desde sus propias parroquias. En el sur de Chicago, este grupo demostró que el amor por Cristo no tiene fronteras, y que la juventud, cuando se le guía con amor y fe, puede llegar muy lejos.