Padre Claudio Díaz Jr.

El poder de la Palabra

Tuesday, July 7, 2026

Las palabras son algo poderoso. Con unas pocas palabras elegidas podemos construir relaciones, países, personas y reinos. Con unas pocas palabras elegidas podemos destruir la reputación de cualquiera. Las palabras son algo poderoso.

Las escrituras se centran en el misterio de la palabra. La palabra de Dios nunca regresa al cielo con las manos vacías. Una vez que toca la tierra, los terrenos y la creación requiere una respuesta, requiere una cosecha. La Palabra de Dios nos llega de Dios mismo y hace fértil todo lo que toca. Desde los cielos permea todos los aspectos de la creación y el resultado es vida, y vida en abundancia.

“La creación está gimiendo con dolores de parto”, dice la escritura, al igual que una mujer mientras se acerca al milagro de dar a luz. Y si la creación se queja, igualmente nosotros y este mundo en el que vivimos nos quejamos. La creación y la humanidad gimen, tiene hambre y sed de sabiduría, paz, justicia y retribución, entre otras cosas. Lo vemos en los conflictos del Medio Oriente y en la relación tan violenta de la nación de Israel versus el estado de Palestina y la nación del Líbano. Lo vemos en las persecuciones en contra de los católicos por grupos fundamentalistas o ideologías políticas. Lo vemos en los atropellos hacia la comunidad afroamericana, inmigrantes y otras minorías. Las palabras que se utilizan en estos ejemplos son ocupación, violencia, destrucción, racismo y muerte. La creación está doliendo y nosotros también.

Jesús, en su sabiduría y amor habló en parábolas. Sabiendo que no estaba hablando con eruditos y maestros de la Ley, sino con pescadores, amas de casa, agricultores y los más pequeños. Dio ejemplos basados en la realidad de las personas a las que predicó. Jesús, es la Palabra de Dios, “y el Verbo se hizo carne”, comparando la palabra de Dios con una semilla. La semilla, el mensaje, la buena nueva, se dispersa, se planta, se difunde y se siembra según el deseo del sembrador. Y una vez que esa semilla, esa palabra de Dios toca el suelo, exige una respuesta. ¡Ahí es donde nos toca intervenir!

`¡Somos ese terreno! Ese terreno complejo y diversificado donde la cosecha se hará real, viva, fructífera. Eso si es que abrimos nuestros corazones a su Palabra. Podemos recibir la palabra de Dios con gozo superficial y nunca desarrollar raíces o relaciones más profundas con el Señor. Podemos permitir que las influencias externas o nuestras tribulaciones personales quiten esa palabra o permitan que este mundo y todos sus atractivos la conviertan en nada en nuestra vida.

Debemos considerar la realidad y los desafíos de este tiempo presente como transitorios. No se trata de negarlos. Se trata de una nueva comprensión de lo que nos rodea. Lo que sólo podemos ver y experimentar no comienza a encarnar la plenitud de la realidad del reino de Dios. Pero si nos conformamos sólo con lo que vemos o tenemos ahora, sin considerar la realidad más grande de ser participantes del eterno banquete eucarístico, entonces no estamos cumpliendo ni con nuestra misión ni con nuestra identidad.

De la misma manera que la Palabra de Dios habla de Dios y de Jesús, nuestro Señor y Salvador, también habla de quiénes somos. También somos la palabra en la medida en que permitimos que la semilla caiga en nuestras almas y produzca frutos y alimento para nosotros mismos y para los demás. Imitemos a Jesús, en su esfuerzo por anunciar la buena nueva, en su carácter misionero y en su deseo de servir a los demás. Sólo así podemos ser semillas, sólo así podemos dar frutos, sólo así podemos ser palabra. ¡Y el Verbo se hizo hombre!

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