¿Qué pensarías si te digo…Quif jalak habibi? Sabat aljer! Bon jour mes amies. Je suis enchanté pour votre présence c’est matin. Io sono molto contento, perque mi sento come una goccia del mare tuo.
Estarías confundido. No sabrías qué hacer o qué está pasando. No lo entenderías. Ese es precisamente el punto principal de la celebración de hoy. Gracias al Espíritu Santo, el mensaje de salvación puede ser entendido y accesible para todos.
Con la fiesta de Pentecostés celebramos el nacimiento de nuestra Iglesia. Es el cumpleaños de la Iglesia. Desde orígenes humildes y simples, Jesús seleccionó a un grupo de hombres para llevar a cabo su misión de llevar el Evangelio a todo el mundo. No eligió a los eruditos ni a los poderosos ni a los socialmente capacitados. Era más un equipo mixto. Jesús eligió a pescadores, recaudadores de impuestos, jóvenes e inexpertos para caminar con él durante tres años y aprender la voluntad de Dios a través de su hijo y nuestro salvador.
Pero después de todo este tiempo, los milagros, los sermones, las falsas teofanías, la crucifixión, la resurrección y la comisión todavía tenían miedo. Había una sensación entre ellos de abandono, de imprevisibilidad e incertidumbre. Pueden haber hecho la pregunta, ¿y ahora qué?
Así que imaginemos a este grupo de hombres fuertes, ásperos y de mal genio, todos acurrucados en una habitación por temor a los líderes religiosos judíos y quizás a las autoridades romanas. Pedro estaba allí, el mismo Pedro que no dudó en atacar a un soldado con una espada durante el arresto de Jesús. También estaba allí Mateo, quien, antes de conocer a Jesús, posiblemente no titubeaba en colectar impuestos del pueblo judío, devorando las casas de las viudas y los muy pobres. ¡Todos estaban allí y tenían miedo!
Pero mientras rezaban con la Virgen María en el aposento alto, un toque de luz, un viento rugiente y un momento de iluminación los tomó por sorpresa. El Espíritu Santo descendió sobre todos ellos y cambió sus vidas, dándoles a estos hombres, una vez tímidos e inseguros, el coraje de salir a las calles, al mundo, y predicar la Palabra de Dios. No sólo se transformaron en una nueva conciencia si no también desarrollaron una disposición porque finalmente entendieron cuál era el plan de Dios. Salieron todos de esa habitación inteligibles, confiados y energizados para reclamar su vocación de crear comunidad, ser mensajeros y de amar.
A través de la historia de la Iglesia, el Espíritu Santo ha guiado los corazones de aquellos que están abiertos a su mensaje. El Espíritu Santo estaba con Catalina de Siena cuando abogó por el regreso del papado de Aviñón a Roma. Fue el Espíritu de vida, lo que condujo a San Francisco de Asís a llevar a cabo la fundación de su orden mendicante, quienes eventualmente se convirtieron en los custodios de los lugares sagrados en Tierra Santa. Fue la acción del Espíritu Santo lo que inspiró a Juan XXIII a llamar al II Concilio Vaticano en su deseo de “aggiornamiento”, el poner al día las prácticas de la Iglesia y su teología operativa.
¿Qué hay de nosotros, cada uno de nosotros? Debemos testificar al Espíritu en nuestras vidas. Se trata de confiar en el Espíritu de Sabiduría y comprensión, fortaleza e inteligencia, temor de Dios y amor a nuestro prójimo; lidiar con un ser querido con Alzheimer, problemas matrimoniales, miedo de tomar una decisión difícil, tratar con un joven rebelde…
Pero el Espíritu Santo aún no ha terminado. A la luz de eventos recientes en nuestra nación y en el mundo, guerras, el tratamiento a nuestros inmigrantes, la polarización del poder, el abuso de autoridad y el frenesí mediático que involucra a las redes sociales y demás medios de comunicación, nos hará saber qué hacer. Él descenderá, una vez más sobre Su Iglesia y nos dará el coraje y la sabiduría necesarios para hacer lo correcto, lo que se necesita y lo que es justo. Nos enseñará cómo hacer una retribución a las víctimas de todo tipo de injusticia y ayudarlas. Nos enseñará cómo regresar a nuestra nación a la posición de un país bendecido, indivisible, con libertad y justica para todos y cómo operar con compasión y una actitud de sabiduría orante, sin buscar respuestas rápidas o soluciones draconianas, sin crear caos o confusión o temor entre las masas, sino reconstruyendo el Cuerpo de Cristo en todo y en todos.
Como podemos ver claramente, el Espíritu Santo en nosotros tiene mucho trabajo que hacer. Mientras reflexionamos sobre nuestra apertura para recibirlo y les damos la bienvenida a aquellos que están regresando a la Iglesia, permitamos que nos inspire, y nos configure al igual que nuestro salvador y redentor: Cristo resucitado. “Ven Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”. ¡Feliz cumpleaños Iglesia!