Cada vez que la humanidad enfrenta un cambio radical, la Iglesia aporta su comprensión de la persona humana a las preguntas más profundas que inevitablemente surgen.
A finales del siglo XIX, el papa León XIII publicó su innovadora encíclica “Rerum Novarum” para abordar el impacto de la Revolución Industrial en la sociedad y los trabajadores. Habló sobre las duras condiciones de vida y de trabajo de la clase trabajadora, que era obligada a trabajar durante largas horas por escasos salarios y a menudo en peligrosos entornos.
Él logró un equilibrio entre criticar cómo el comunismo violaba los derechos naturales, y criticar también los abusos de un capitalismo de laissez-faire sin control. Al hacerlo, ofreció una tercera vía dirigida a lograr un equilibrio moral que protegiera la dignidad humana, afirmara el derecho a la propiedad privada, apoyara salarios dignos y justos y defendiera el derecho de los trabajadores a formar sindicatos.
La encíclica en última instancia se convirtió en el texto fundacional de la doctrina social católica moderna, instando a la sociedad a ver el trabajo como una actividad humana fundamental que posee una dignidad inherente, en lugar de verlo simplemente como un producto para comprar y vender.
El papa León XIV toma como base esa enseñanza en su reciente encíclica “Magnifica Humanitas” (“Magnífica Humanidad”). Él se refiere a los desarrollos emergentes en inteligencia artificial como un cambio de otro orden, uno que alcanza el pensamiento, las relaciones, el trabajo y la guerra. Él deja claro que la IA no puede gobernar a la humanidad; de hecho, utiliza un término poderoso igual a su amenaza al decir que la IA debe ser “desarmada”.
Sin duda, la IA podría contribuir al florecimiento humano mediante posibles avances en la medicina y acelerando descubrimientos en diversas áreas. Pero la IA presenta desafíos únicos y amenazas graves, y el Santo Padre llama a cada uno de nosotros y a la sociedad en su conjunto a actuar con responsabilidad.
Debemos, con franqueza, hacer preguntas como: ¿Qué medidas de protección salvaguardarán a los niños que puedan desarrollar relaciones parasociales con chatbots de IA? No se puede ignorar el anticipado desplazamiento de empleos, ya que esto también podría tener efectos profundos en el trabajo. ¿Qué límites deberían gobernar la IA en la vigilancia, la investigación biológica y la guerra? ¿Cómo los proyectos de centros de datos sobrecargan los recursos hídricos y energéticos, y cómo afectan a las comunidades que los albergan?
¿Cómo debería utilizarse la IA en la aplicación de la ley de inmigración? ¿Cómo deberíamos responder a los alarmantes informes recientes de que algunos modelos avanzados de IA han roto los límites de las pruebas y han alcanzado sistemas reales? ¿Qué medidas de protección eficaces y transparentes se necesitan para garantizar la ciberseguridad y los derechos de privacidad, y la prioridad del florecimiento humano sobre el código ejecutado con éxito?
La Iglesia ni se opone a la IA en general, ni la confunde con una panacea. Pero el papa León nos recuerda que las tecnologías no son neutrales y que nuestro compromiso con un enfoque que priorice la dignidad debe ser inquebrantable. Los sistemas de IA pueden promover la participación y la justicia o profundizar la desigualdad, el control y la exclusión.
El progreso no se mide simplemente por lo que un sistema puede hacer o por cuánto valor genera o podría generar, sino por la medida en que ayuda a las personas y a las sociedades a ser más plenamente humanas. Confiar en “el algoritmo” no puede convertirse en una coartada moral. Los seres humanos siguen siendo responsables de las decisiones que afectan al sustento, la libertad, la salud, el medio ambiente o la vida de las personas.
La Iglesia seguirá haciendo preguntas y aportando nuestra tradición moral, instituciones y alcance global para abogar por la responsabilidad compartida. Preguntaremos para quién es esta tecnología, quién asume sus riesgos y quién se está quedando atrás. Y, como lo ha hecho el papa León, instaremos a todos a involucrarse, porque estas decisiones siguen siendo nuestras.