Los textos del Evangelio en este año litúrgico son tomados del evangelista Mateo, excepto para la tercera, cuarta y quinta semanas de Cuaresma. En estas semanas nos ponemos en contacto con la celebración más temprana de la Cuaresma, que duró tres semanas.
En este período los catecúmenos, aquellos que buscan el bautismo, se someten a un examen de su preparación para asumir la vida cristiana, que se le conoce como los “escrutinios”. A través de las historias de la mujer junto al pozo, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro, se invita a los catecúmenos a examinar el movimiento del Espíritu en sus almas llamándolos a una profundización de la conversión necesaria para el bautismo.
El encuentro de Jesús con la mujer de Samaria es una historia del Señor rompiendo los obstáculos que a menudo impiden escuchar el llamado a la conversión. Él rompe varios tabúes sociales al hablarle a esta “extranjera” y a alguien excluido por su propia comunidad como pecadora. Ella viene al pozo en el calor del día para evitar las multitudes de la fresca mañana y el juicio que le hacen por tener cinco maridos.
A medida que Jesús revela que conoce su pasado y no la condena, él deja en claro que su única preocupación es ponerla en contacto con la sed que Dios ha puesto en su alma, de su amor incondicional por ella. Una vez que ella bebe esa agua, descubre la fuente eterna que hará intrascendentes todas las formas en las que ha buscado saciar la sed en su vida. Tan pronto ella entiende esto, deja atrás el cántaro que ha llevado al pozo y sale y evangeliza a otros.
Así también, los catecúmenos están invitados a dejar de lado los intentos insatisfactorios de encontrar sentido y abrazar la fuente del amor de Dios. Esa es la conversión necesaria para el bautismo, porque sólo entonces el recién bautizado puede asumir la misión de llevar el evangelio al mundo.
A medida que el camino cuaresmal continúa, el enfoque cambia de la sed del alma por satisfacción y sentido a la visión de los ojos. Jesús sana a un hombre ciego de nacimiento usando lodo y saliva, pero rápidamente vemos que el milagro físico es secundario al espiritual.
Irónicamente, a medida que el hombre gana la vista física y eventualmente reconoce a Jesús como el Hijo del Hombre, los líderes religiosos, que afirman que pueden ver, se vuelven cada vez más “ciegos” debido a su orgullo y legalismo de todo lo que Dios está haciendo. Ellos ponen límites sobre quién y cuándo Dios actúa y esa es su ceguera.
Los catecúmenos también deben confiar no en sus propias capacidades, que pueden verse comprometidas por el orgullo y el prejuicio, sino manteniendo su mirada fija en Jesús, que es el Señor y quien revela al Padre, que amó tanto al mundo que nos dio a su único Hijo.
El momento culminante de los escrutinios cuaresmales es la resurrección de Lázaro. Esta es la “señal” final en el Evangelio de Juan antes de que comience la Pasión. Sirve como un presagio de la Pascua y un testimonio de la autoridad de Jesús sobre el sepulcro. “¡Lázaro, ven fuera!”, grita Jesús.
La pregunta a Marta se le hace a los catecúmenos: “¿Creen esto?” Es una pregunta que desafía a quienes van a ser bautizados -y de hecho a todos nosotros- a dejar que Jesús los desate de las mortajas de nuestros propios hábitos y miedos.
Pero estas lecturas antiguas no eran sólo para los primeros “catecúmenos”. Obligan a todos en la comunidad cristiana a mirarse en el espejo y a profundizar su propia conversión, porque la vida cristiana es un proceso constante de renovarse, iluminarse y renacer. Cada uno de nosotros está llamado a dejar de lado el cántaro de agua estancada de placeres pasajeros por los cuales pretendemos estar satisfechos.
Cada uno de nosotros está invitado a confiar en Jesús como el Señor, que es el único Hijo de Dios dado a nosotros, en lugar de confiar en nuestras propias capacidades para salvarnos. A cada uno de nosotros se nos pregunta: ¿“Crees” que Jesús verdaderamente ha resucitado y nos ha invitado a compartir la vida por toda la eternidad con él? Habiendo pasado por este ciclo de conversión, estamos listos para entrar en los días santos de Pascua, uniéndonos a Jesús en el camino hacia la cruz y la tumba vacía está claramente pavimentada.
Que hagamos de estos antiguos escrutinios los medios por los cuales hacemos que nuestra fe sea cada vez más joven y nueva.