Cardenal Blase J. Cupich

Liturgia: tradición, reforma, unidad

Wednesday, January 28, 2026

Este mes quiero ofrecer algunas reflexiones tras mi participación en el consistorio al que el papa León pidió a todos los cardenales asistir en Roma.

Como se informó, el Santo Padre propuso cuatro temas para la conversación en el consistorio. Estos fueron: la misión evangélica de la iglesia, con un enfoque en la carta apostólica “Evangelii Gaudium” del papa Francisco; la reforma del servicio de la Santa Sede y de la Curia Romana, que el papa Francisco describió en “Praedicate Evangelium”; la sinodalidad; y la liturgia.

El papa León pidió a cuatro cardenales de la curia que prepararan documentos de recursos que ayudaran a enfocar nuestras conversaciones sobre los temas. Una vez que llegamos a Roma, el papa León nos pidió que eligiéramos dos de los cuatro, que terminaron siendo la misión evangelizadora de la Iglesia y la sinodalidad.

Aunque los temas de la liturgia y la reforma de la curia no fueron seleccionados, todos los cardenales recibieron los documentos de recursos preparados por los cardenales Arthur Roche y Víctor Manuel Fernández, respectivamente, sobre estos temas.

Dada la importancia del papel de la liturgia en la vida de la Iglesia, quiero compartir con ustedes algunos de los puntos que el cardenal Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto y la Disciplina de los Sacramentos, abordó en el documento de recursos que preparó.

Nos recordó que desde los primeros días de la Iglesia, la liturgia siempre ha experimentado reformas. Como él señaló: “La historia de la Liturgia, podríamos decir, es la historia de su continuo ‘reformarse’ en un proceso de desarrollo orgánico”.

¿Por qué es tan central la reforma continua para la liturgia? Es porque el componente ritual de la liturgia está caracterizado por elementos culturales que varían en el tiempo y en los lugares. Así, con el paso del tiempo y los cambios en la cultura siempre hay una necesidad de reformar la liturgia.

Sin embargo, como escribió el papa Benedicto, reformas como las realizadas en el Concilio de Trento y el Concilio Vaticano II, no amenazan la fidelidad a la tradición de la Iglesia, ya que la tradición no es una cuestión de “la transmisión de cosas o palabras, una colección de cosas muertas” sino “el río vivo que nos une a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes” (Audiencia General, 26 de abril de 2006).

Por consiguiente, señala el cardenal Roche, “podemos ciertamente afirmar que la reforma de la Liturgia, deseada por el Concilio Vaticano II, no solo está en plena sintonía con el verdadero sentido de la Tradición, sino que constituye una manera singular de ponerse al servicio de la Tradición, porque esta última es como un gran río que nos lleva a las puertas de la eternidad”.

Otra observación que encontré particularmente convincente fue la referencia del cardenal Roche a la motivación del papa San Pío V para reformar los libros litúrgicos conforme al mandato del Concilio de Trento. Era su deseo preservar la unidad de la Iglesia. Al emitir el Misal Romano de 1570 el Santo Papa afirmó que “así como en la Iglesia de Dios hay solo una manera de recitar los salmos, también debería haber solo un rito para celebrar la misa”.

Este principio de unidad de la Iglesia resulta particularmente significativo para comprender las razones por las que el papa Francisco emitió “Traditionis Custodes”. Él declaró que quería dejar claro que la reforma de la liturgia solicitada por el Concilio Vaticano II es la única expresión de la lex orandi del Rito Romano. Nuevamente, en consonancia con su predecesor San Pío V, debe haber un solo rito como medio para preservar la unidad de la Iglesia.

El papa Francisco habló de este tema nuevamente en “Desiderio desideravi”, donde discutió la negativa a aceptar las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II como una amenaza para la unidad de la Iglesia. “Si la liturgia”, escribió, “es ‘la cumbre hacia la que se dirige la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuente de la que fluye todo su poder’ (Sacrosanctum Concilium, n. 10), entonces, podemos entender lo que está en juego en la cuestión litúrgica. Sería trivial leer las tensiones, lamentablemente presentes en torno a la celebración, como una mera divergencia de gustos respecto a una forma ritual particular. La problemática es principalmente eclesiológica. No veo cómo es posible decir que se reconoce la validez del Concilio, aunque me sorprende que un católico pueda presumir de no hacerlo y, al mismo tiempo, no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium, un documento que expresa la realidad de la Liturgia íntimamente unida a la visión de la Iglesia tan admirablemente descrita en la Lumen gentium” (énfasis añadido).

Las dos principales conclusiones al leer los comentarios del cardenal Roche son, primero, que la naturaleza de la liturgia en sí misma exige una reforma continua, y segundo, que aceptar la reforma autorizada por la Iglesia es una cuestión de preservar la unidad de esta, como afirmó el papa San Pío V, una verdad que el difunto papa Francisco recordó.

Los cardenales lograron mucho en el corto tiempo que estuvimos juntos, debido, en particular, al trabajo preparatorio realizado por algunos de nuestros hermanos cardenales que sirven en la Curia Romana. Planeo compartir información sobre algunos de los demás documentos de recursos en futuras columnas. 

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