La Virgen de San Juan de los Lagos representa una devoción que tiene ya cuatro siglos, procedente de San Juan de los Lagos, en el estado de Jalisco, con millones de devotos que peregrinan a aquella ciudad.
La visita de esta imagen en las parroquias de la Arquidiócesis de Chicago representa una ocasión de regocijo para los católicos hispanos, muchos de los cuales no pueden viajar a México a honrarla en su santuario.
Por tercer año consecutivo, la parroquia de Santa Inés de Bohemia, en La Villita, recibió la estatua de la Virgen, del 6 al 9 de agosto.
“La comunidad de La Villita se distingue por su religiosidad popular”, dijo el padre Marco Antonio Franco, párroco de Santa Inés de Bohemia. “Entonces, traer la imagen que despierta sentimientos tan bonitos en la fe nos ayudó a hacer una manifestación pública de lo que nosotros creemos”.
El padre Marco Antonio dijo que esto refleja la manera en que muchos de nosotros crecimos en nuestros países de origen: con peregrinaciones, manifestando la fe en las calles, poniendo altares y orando en kermeses y ferias populares.
Se trata, dijo el padre, de “estar fuera, llevando a nuestra madre en procesión”.
Un momento de unidad
La jornada de devoción a esta invocación mariana en La Villita comenzó el 6 de agosto con una procesión por las calles del barrio y la santa misa, oficiada por el obispo José María García Maldonado.
Esto fue especialmente significativo para el obispo Chema, porque él es oriundo de esa región de Jalisco, nació en San Julián, y fue al seminario menor en el mismo San Juan de los Lagos.
“Como comunidad de fe, quien le da sentido a nuestra presencia, a nuestro estar aquí es precisamente Cristo, que ha resucitado” dijo el obispo José María, “y hoy también es la presencia, la intercesión de la Santísima Virgen María, en esta bella advocación de la Santísima Virgen de San Juan de los Lagos”.
“Ojalá que esta misa” continuó el obispo, “que es la apertura a estos tres días de fiesta, sea verdaderamente un momento de bendición, de unidad, pero sobre todo, de crecimiento en la fe, en el amor a Dios y a nuestro prójimo también”.
Dirigiéndose a los feligreses del barrio, el obispo dijo: “Cuando una parroquia organiza una kermés, o un carnaval, la intención principal no es solamente recaudar fondos -aunque claro, esperamos también que sea así- pero la razón principal es unir a la comunidad, invocar, implorar a Dios su bendición para cada uno de ustedes, sus familias, para este vecindario de La Villita y obviamente es un espacio también para abrazar a nuestros hermanos y hermanas inmigrantes”.
“Somos una comunidad inmigrante” dijo enfático el obispo, “y nos sentimos dichosos de que la Virgen de San Juan de los Lagos hoy viene a encontrarnos, a unirnos para acercarnos a su hijo Jesucristo. Que estos sean días de escucha atenta a lo que Dios nos quiere decir.”
El reencuentro de una madre
En el programa “La hora católica: Misa y más” se le preguntó al padre Marco Antonio cómo vivió la comunidad este momento.
“Con mucha fe y mucha alegría” respondió el padre Marco Antonio. “Tener a nuestra madre santísima en nuestras calles es sentir que viene, nos visita y acompaña, nos mira de cerca. Sobre todo a muchas personas que anhelan visitarla en su basílica y ahora saben que ella viene a visitar a sus hijos”.
El padre Marco Antonio resumió así la visita de la Virgen a los parroquianos de Santa Inés de Bohemia: “Me suena como cuando muchas madres que hace mucho tiempo no ven a sus hijos, vienen desde distintos países, se reencuentran, se abrazan, lloran, y eso fue lo que se vio, lágrimas de alegría, de devoción”.
“Además” agregó el padre Marco Antonio, “este año nos acompañó el obispo José María (Maldonado), lo que fue también un plus, porque él es de allá, de esas tierras. Entonces, él conoce muy en su corazón esta devoción mariana”.
Cómo empezó la devoción
Según cuenta José Everardo López Padilla, historiador de la devoción a la Virgen de San Juan de los Lagos, se dice que en 1623 una familia de cirqueros iba en camino a la ciudad de Guadalajara y se detuvo a descansar en San Juan de los Lagos. Mientras estaban allí, la familia dio varias funciones. Uno de sus espectáculos consistía en una niña que saltaba en trapecio sobre un tapete con dagas. En una de sus rutinas, la niña cayó del trapecio sobre una daga, lo que le provocó la muerte inmediata.
Se dice que antes de enterrar a la niña, una indígena conmovida por el dolor de los padres pidió que trajeran una imagen de la que ella se refería como “La Cihualpilli” (“La gran señora”), y dijo que la imagen a veces durante la noche cambiaba de lugar en el templo en que se encontraba. Cuentan que cuando trajeron la imagen, se colocó en el pecho de la niña, quien volvió a la vida.