Ubicado en un altar lateral de la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, en 2751 W. 38th Place, se encuentra un santuario dedicado a Santa Ana, a donde durante 126 años los fieles han llevado sus oraciones pidiendo la intercesión de la abuela de Jesús.
Muletas y zapatos de bebé cuelgan de un lado del santuario como testimonio de oraciones atendidas. Agua bendita brota de una fuente para que las personas la beban o llenen botellas para llevarlas a casa. Docenas de velas, encendidas por quienes buscan intercesión, llenan el espacio.
Inmigrantes de Quebec, Canadá, establecieron el Santuario, que alberga lo que se considera la reliquia más grande de Santa Ana en Norteamérica.
Cada año, miles de personas visitan el santuario para pedir la intercesión de Santa Ana, particularmente alrededor de la fiesta de San Joaquín y Santa Ana el 26 de julio.
Santa Ana continúa intercediendo por la gente, dice el padre Nestor Sáenz, párroco de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima-San Pancracio.
En la víspera de la festividad de este año, una mujer dio su testimonio sobre cómo creía que el Señor había sanado a su bebé antes de nacer hace 14 años después de rezar por la intercesión de Santa Ana en el santuario.
Sáenz explicó que varios médicos le dijeron a la mujer que abortara a su bebé porque su cráneo no se había cerrado en el útero. Después de que ella compartiera la historia con Sáenz, él le sugirió que visitara el santuario y rezara por la intercesión de Santa Ana.
“Ella obtuvo su milagro”, dijo Sáenz.
La bebé nació con su cráneo curado, y tanto la madre como la hija, de ahora 14 años, compartieron su historia durante la novena.
Desde que Sáenz llegó a la parroquia hace 15 años, él ha aumentado la devoción a Santa Ana entre la comunidad latina que conforma hoy la mayoría del vecindario, mencionó.
“Estas viendo a la comunidad francocanadiense que comenzó todo esto, ahora se están haciendo cada vez mayores. Cada vez hay menos personas en la misa en inglés, más en la de español”, dijo Sáenz. “Hace quince años, el obispo dijo: ‘padre Ernesto, tal vez deberías hacerlo en español’. Pero entonces no pensé que sería popular”.
Los hispanohablantes han acogido la novena. De hecho, las personas llenaron la iglesia una hora antes de la misa el día de la festividad para rezar la novena. El obispo auxiliar José María Garcia-Maldonado celebró la misa y llevó la reliquia de Santa Ana en una breve procesión por el vecindario.
“Muchos hispanos traen a sus hijos para transmitir esta devoción y amor por Santa Ana”, dijo Sáenz.
Él les enfatiza que Santa Ana es nuestra abuela.
“Ella intercederá con su nieto”, señaló.
En 2021, el papa Francisco estableció la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores para el cuarto domingo de julio, cerca del día de la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús. Este año cayó en el día de la festividad.
La celebración anima a los católicos a respetar y amar a sus mayores, dijo.
“Jesús tenía mamá y papá y tenía abuela y abuelo. Es una familia como nuestras familias”, dijo Sáenz. “Y están cerca de nosotros y siempre nos cuidan”.
El cardenal Cupich atribuye a Santa Ana el haber unido a sus padres, algo sobre lo que escribió en su columna de Católico el 15 de diciembre de 2023.
“Se conocieron el 26 de julio de 1942, la Fiesta de Santa Ana, cuando papá estaba en casa de permiso. Las hermanas de papá se confabularon para llevarlo a la clausura de la novena de Santa Ana, sabiendo que mi madre estaría allí”, escribió el cardenal. “Ese verano se hicieron muchos emparejamientos. A mamá le gustaba contarnos que mientras las jóvenes rezaban las oraciones de la novena, ellas susurraban: ‘Ann, Ann, find me a man’ (Ana, Ana, encuéntrame a un hombre)”.
Marianne Hamilton también le atribuye a esa popular oración a Santa Ana el haber unido a ella y a su esposo, Wayne, hace 53 años.
Hamilton, de 83 años, ha asistido a la novena cada año desde que nació.
“El nombre de mi madre era Ana, y su abuela era Ana. Mi madre nunca faltaba a una novena”, dijo.
“Es como una presencia del cielo, un toque del cielo”, dijo ella sobre el santuario. “Sin duda, es un lugar especial. Recuerdo, de cuando era una niña pequeña, los bastones y las muletas que están en el lado derecho del santuario. Me maravillaba pensar que todas esas oraciones habían sido respondidas”.
Amelia Méndez, una feligresa de Nuestra Señora de Fátima-San Pancracio, ha estado asistiendo a la novena durante 37 años. Dice que ella tuvo su propio milagro atribuido a la intercesión de Santa Ana cuando sufrió un derrame cerebral hace 26 años. Su familia le oró a Santa Ana y no sufrió efectos a largo plazo del derrame cerebral.
Este año, estuvo rezando por la sanación de su hija y su esposo que tienen cáncer.
“Me enseñaron que ella es la madre de la Virgen María y también debemos pedirle favores y tenerle una gran devoción”, mencionó a través de un traductor.
Juanita More es feligresa de la parroquia San Pío X y supo del santuario hace tres años por una mujer en su salón de belleza.
More se acercó y se presentó a Sáenz antes de arrodillarse a orar frente al altar de Nuestra Señora de Guadalupe en la iglesia. Sáenz regresó y le tocó el hombro, dijo More, preguntándole si conocía a alguien que fuera a Mexico que pudiera traer de regreso una estatua de Nuestra Señora de Guadalupe para el lugar de culto de San Pancracio de la parroquia. Ellos habían estado rezando por esa intención.
Dio la causalidad de que More iba a Mexico y dijo que ella conseguiría la estatua y la donaría.
“Así es como creo que Santa Ana me atrajo”, dijo More. “Amo venir aquí y pedirle diferentes favores, y ella siempre responde. Hubo una señora que vi recientemente que trajo el chupete real de un bebé porque ella dijo que: ‘En la última novena, le pedí a Santa Ana que mi hija quedara embarazada y ahora tenemos un bebe’”.