Con una misa especial, la comunidad católica de Chicago se unió en oración por el pueblo de Venezuela a raíz de los terribles terremotos que asolaron su territorio el 24 de junio y que, al momento de escribir esta nota, ha dejado 2,200 muertos.
En la misa, oficiada en español el 28 de junio por el padre Sergio Rivas en la parroquia de Santa María del Lago, coincidieron tanto familias de migrantes venezolanos como católicos en general.
“La comunidad venezolana es parte de nuestra comunidad” dijo el padre Sergio Rivas a Chicago Católico Radio.
“Durante la crisis migratoria hace algunos años muchos recibieron ayuda de nuestra parroquia” agregó. “Mi predecesor, el padre Manuel Dorantes los ayudó bastante, y muchos (migrantes venezolanos) todavía están conectados con la parroquia. Entonces, como parte de la familia queremos hacerlos sentir que es algo que nos preocupa a nosotros también”.
“La segunda razón es que estamos en medio de la copa mundial de fútbol” continuó el padre Sergio, “eso atrae la atención de mucha gente, y hay peligro de que esta situación tan seria en Venezuela se pierda con el eco del fútbol, todo mundo está centrado en eso, viendo los partidos. Queremos alzar nuestra voz para que la gente se dé cuenta de la necesidad que hay en Venezuela”.
La luz va a llegar
Entre los asistentes había una mezcla de tristeza y esperanza, intentando procesar la magnitud del desastre.
“Mucha impotencia, mucho dolor” dijo Alvaro Sotillo, catequista de la parroquia Sta. María del Lago cuando se le pidió su reacción. “Desesperación de ver tantos niños, tanta gente sufriendo por una cosa totalmente inesperada”
“Hay muchos muertos, muchísimos heridos, y la cantidad de desaparecidos es sencillamente incalculable” agregó el señor Sotillo, “porque no hay los métodos de calcular los daños y por supuesto de hacer ningún tipo de predicción sobre el número de muertos y desaparecidos”.
El señor Sotillo tiene dos hijas en Venezuela, una de ellas trabaja para la diócesis de Caracas. Cuando se le pidió un mensaje a sus paisanos dijo: “Que tengan esperanza, hay mucha gente prestando su ayuda, la luz va a llegar, Dios no se olvida de su pueblo”.
La incertidumbre de los primeros días, para quienes tienen familia en Venezuela fue devastadora. “Una ansiedad tremenda” dijo Marino Márquez, feligrés de la misma parroquia. “Traté de comunicarme con los que yo conocía, y no hubo respuesta, porque una de las principales señales de telefonía se había caído, es con la que tengo yo conexión regular”.
“Luego a través de mensajes, mi madre se pudo comunicar por líneas de tierra con una tía” agregó el señor Márquez. “Ella supo que estaban bien ellos. Mi hermano, que está en Colombia, por otras maneras pudo saber de gente que estaba en buenas condiciones. Y poco a poco, a medida que se fue reponiendo la señal fueron contestando”.
“A medida que fueron avanzando las horas supimos que mis conocidos estaban en buenas condiciones” dijo. “Sé de parientes y amigos míos que fallecieron. Una situación muy dramática, y lamentable, y también supe de muchas personas que, aunque salvaron su vida porque estaban en Caracas o en otros sitios y no en La Guaira, perdieron todas sus pertenencias”.
La señora Nadia Añez, empresaria venezolana, expresó después de misa los sentimientos que embargan a la comunidad venezolana que vio los hechos a la distancia.
“Consternados, tristes, angustiados” dijo, “porque tengo familia en Venezuela aún, muy cerca de la zona donde fueron más afectados, y la incertidumbre que siente cada venezolano por saber si su familiar está bien, si está vivo, la impotencia también de estar lejos, de no poder estar allí dándole el calor humano, apoyando económicamente, humanamente. Es difícil. Se nos quiebra el alma y se nos quiebra el corazón”.
La señora Añez dio un mensaje a sus paisanos: “Que mantengan la fe, que llenen el corazón de esperanza. Sé que es duro, porque hay muchos que han perdido familiares, han perdido pertenencias. Y es muy fácil decir que lo material se recupera. Pero sabemos que Venezuela es un país que ha sufrido mucho tiempo, que no estaba en condiciones de soportar lo que sucedió, y que no tiene la capacidad de salir de esto sola”.
Agregó la señora Añez que se siente agradecida con todos los países que están ayudando. “Los países que enviaron rescatistas, los que están orando a la distancia, los que están allí en cuerpo presente. Y que mantengan la esperanza y la fe, estoy segura de que vamos a renacer una vez más, como tantas veces lo hemos hecho”