Una emotiva atmósfera inundó la Catedral del Santo Nombre el 16 de mayo, cuando las familias y amigos de los trece nuevos diáconos vinieron a presenciar el rito de ordenación.
“Mis más cálidos y sinceros deseos a nuestros candidatos al diaconado, sus familiares y sus amigos que se han reunido esta mañana para este rito sagrado de la ordenación” saludó el cardenal Blase Cupich a la congregación.
“Ustedes, candidatos al diaconado y sus esposas, se han preparado durante estos años para este día”.
Efectivamente, un intenso proceso de preparación de cuatro años, ofrecido tanto en inglés como en español por la Universidad St. Mary of the Lake en Mundelein, llegaba a su culminación y una nueva etapa de servicio comenzaba para estos trece hombres y sus esposas.
“Me siento realizado porque yo había venido ya por muchos años esperando este momento” dijo el diácono Abigaíl Ríos a Católico. “Creo que Dios me ha hecho el regalo más bello: estar trabajando más cerca con el clero, para ayudar a mi pueblo, a mi gente”.
El proceso de aprendizaje es intensivo, pero involucra no solo a los diáconos, sino también a sus esposas. “En las clases hemos aprendido mucho” dijo la señora Noema Arellano, esposa del diácono José Hugo Arellano. “Aunque ya desde niños nos han inculcado nuestra religión católica” continuó la Sra. Arellano, “en las clases aprendimos muchísimo más de cómo es realmente la Iglesia con I mayúscula, o sea, el Cuerpo de Cristo; de cómo está construida por los sacerdotes, los obispos, los diáconos; y la verdad que las clases estuvieron excelentes”.
En la misa de ordenación, después de las lecturas del día, que enfatizaron los esfuerzos de los primeros discípulos de Jesús, que mantuvieron su compromiso y su enfoque en medio de tremendos reveses y sacrificios, el cardenal hizo una comparación con los candidatos al diaconado que estaban presentes en la catedral. Al hablar de la manera en que los primeros discípulos mantuvieron su libertad y equilibrio cuando acontecía lo inesperado. ¿Cómo lo hacían?
“Dicho de manera simple, ellos mantuvieron vivo en sus corazones el mandamiento del Señor que escuchamos en el Evangelio: Permanezcan en mi amor” dijo el cardenal Cupich, haciendo alusión a la exhortación de Cristo (Juan 15:9-17).
“Conforme comienzan su ministerio como diáconos, ustedes tienen mucho en común con estos primeros cristianos” continuó el cardenal. “Ustedes llegan aquí con esas cualidades; con gozo en su corazón, con un sentido de propósito de ser ordenados para emprender la misión de Cristo”.
El cardenal dijo que la tarea que ese día empezaba para los nuevos diáconos, es “aprender de esas primeras comunidades cristianas, de que permanecer en el amor de Cristo será el remedio, la fuente primordial para sostener su gozo, su sentido de propósito y un corazón que discierne”.
Se refirió el cardenal a los presentes también en español:
“Quiero que ustedes, los nuevos diáconos, sepan que valoro y necesito su ministerio para esta Iglesia local de Chicago. Ustedes recuerdan a toda la comunidad cristiana que todos los bautizados están llamados a servir y no a ser servidos, y que mantenemos ese llamado permaneciendo en el amor de Cristo. Muchas gracias por su ministerio”.
Los nuevos diáconos salieron de esta misa con una renovada emoción al saber que una nueva época comienza en sus vidas.
“Creo que mi párroco tiene muchas tareas para nosotros” dijo el diácono Juval Flores, “pero creo que podemos servir allá con las familias en matrimonios y con los adolescentes”.
Conozca a los nuevos diáconos
Los diáconos recién ordenados diáconos fueron asignados a parroquias en Barrington, Bartlett, Cicero, Chicago, Lake Forest, Northbrook, Schaumburg, Streamwood y Wadsworth.
Los diáconos asisten a obispos y sacerdotes en ministerios de la palabra, liturgia y caridad. Esto incluye programar el Evangelio, guiar intercesiones, predicar, preparar el altar, celebrar bautismos, guiar a los fieles en oración, distribuir la comunión, atestiguar matrimonios y conducir velorios y servicios funerales. Los diáconos deben también identificar las necesidades de los pobres y los marginados, así como pastorear los recursos de la iglesia para cubrir esas necesidades.
La formación diaconal para diáconos permanentes requiere completar un extenso programa arquidiocesano de cuatro años, ofrecido tanto en inglés como en español por medio de la Universidad St. Mary of the Lake en Mundelein. Los programas abarcan las dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral de formación y un periodo de prácticas de un año en el ministerio pastoral de la parroquia.
Tanto hombres casados como solteros comprometidos al celibato pueden ser ordenados como diáconos permanentes.
Los nuevos diáconos son:
José Hugo Arellano, de 55 años, y su esposa Noema, son parroquianos de Our Lady of Czestochowa y Charity, en Cicero.
Tienen cinco hijos cuyas edades van de los 3 a los 28 años.
Arellano, jornalero, dijo que después de la formación sabe más de Dios y de la historia de la Iglesia. Planea, dijo, ponerse al servicio de Cristo y de la comunidad parroquial.
J. Richard Capinpin, de 60 años, y su esposa Rose, son parroquianos de St. John the Evangelist, en Streamwood.
Capinpin, jubilado, dijo haber descubierto que las vocaciones pueden llevar tiempo para madurar y dar fruto.
“La formación me ha enseñado que Dios da forma a una vocación lenta y fielmente, desde el interior. Por medio de la oración, el servicio, el estudio y el amoroso apoyo de mi esposa, Rose, he descubierto que el llamado al diaconado no es algo que yo alcanzo, sino algo que Dios revela y nutre dentro de mí” dijo.
“La formación” afirmó, “me ha mostrado que la humildad, fidelidad, obediencia y amor no son virtudes abstractas sino realidades vivas moldeadas en las alegrías y los retos de servir al pueblo de Dios. Por sobre todo, la formación me ha ensenado a creer en el trabajo gentil, firme, del Espíritu Santo, que sigue formando mi corazón para el servicio.”
Juval Flores, de 59 años, y sus esposa Lourdes Gómez, son parroquianos de Sts. Genevieve and Stanislaus, Bishop and Martyr, 4835 W. Altgeld St.
Flores, que trabaja en mantenimiento, dijo que durante el proceso de formación aprendió a ser una persona más empática, accesible y compasiva.
Para él, la parte más destacada fue aprender sobre ley canónica, dijo y agregó que entró en un mundo fascinante que le era totalmente desconocido.
Galdino Hernández, de 57 años, y su esposa Margarita, son parroquianos de St. Gregory of Nyssa, en Schaumburg.
Tienen cinco hijos, entre 15 y 33 años.
Hernández, quien es propietario de un negocio de jardinería, dijo que todo ha sido productivo en su formación, que le enseñó a ser una mejor persona y un líder en la comunidad.
Kevin Horcher, de 64 años, y su esposa Heidi, son parroquianos de St. Anne, en Barrington.
Tienen cuatro hijos adultos: Karl, Maximilian, Anne y John.
Horcher, jubilado como doctor de sala de urgencias y maestro, dijo que el proceso de formación le enseñó sobre la complejidad de la fe católica.
“La fe católica es rica y hermosa” dijo. “Hay muchas devociones y expresiones culturales pero, a fin de cuentas, todas se centran y nos acercan en una relación con Jesucristo.”
Él espera ayudar a la gente a entender la fe en su ministerio diaconal.
Robert Kolodziejski, de 66 años, y su esposa Stephanie, son parroquianos de St. Peter Damian, en Bartlett.
Tienen tres hijos adultos.
Kolodziejski, tasador jubilado, dijo que su vocación ha “cerrado el ciclo”.
“Comenzó cuendo era monaguillo en los sesenta” dijo. “Ahora me preparo para la ordenación como diácono en mis sesentas. Sí, Dios tiene sentido del humor. Muchas cosas han pasado mientras tanto, y mi fe y amor a Dios me han traído a este momento. Todo es posible con Dios cuando abres para él tu corazón”.
Jorge Moreno, de 57 años, y su esposa Genoveva, son parroquianos de Immaculate Conception/Five Holy Martyrs, en 2745 W. 44th St.
Tienen cuatro hijos adultos: Christian, Karen, Alan y Cynthia.
En su formación diaconal, aprendió que “el amor por servir comienza en casa”.
La mejor parte de su formación, dijo, fue ver que personas con perspectivas diferentes pero un objetivo común de servir al prójimo podrían mostrar hermandad y amor.
John B. Morris, de 66 años, y su esposa Janet son parroquianos de St. Patrick, en Lake Forest.
Tienen tres hijos adultos y seis nietos.
Él ha participado en el ministerio OCIA/RCIA, ministerio que se propone continuar como diácono, y sirvió como ministro extraordinario de comunión, catequista y sacristán. Es miembro en cuarto grado de los Caballeros de Colón y pasado gran caballero de su concilio.
Jeffrey Ptacek, de 42 años, y su esposa Sarah, son parroquianos de St. Norbert and Our Lady of the Brook, en Northbrook.
Tienen dos hijos: Benjamín, de 11 años, y John, de 10.
Ptacek, que enseña Teología en Carmel Catholic High School en Mundelein, dijo que la formación le enseñó a “ser humilde, a ralentizar y confiar en el proceso”.
Su intención es tener un papel más activo en el ministerio juvenil de su parroquia y asistir en el ministerio de duelo y en OCIA (Orden de Iniciación Cristiana para Adultos).
Abigail Ríos, de 60 años, y su esposa, Olga Gracia, son parroquianos de Sts. Genevieve and Stanislaus, Bishop and Martyr, en 4835 W. Altgeld St.
Tienen tres hijos adultos: Lizbeth, Belitza y Erick.
Ríos dijo que su preparación diaconal le enseñó a “estar preparado para aceptar el desafío y la bendición de servir a todos los hijos de Dios por medio de la Iglesia; y en este momento, de manera más especial, por medio del ministerio de diaconado permanente”.
Armando Salgado, de 65 años, y su esposa Beatriz, son parroquianos de St. John Vianney, en Northlake.
Tienen dos hijos adultos.
Salgado, que nació en México e inmigró a Estados Unidos de niño, es jubilado después de trabajar como guardia y conductor de autobús para un distrito escolar local.
La formación le enseñó sobre la riqueza de la fe católica, dijo, y espera servir “donde sea que el Señor me llame a servir”.
Ryszard Skrzeczyna, de 53 años, y su esposa Beata, son parroquianos de St. Francis Borgia, en 8033 W. Addison St.
Tienen dos hijos adultos.
Skrzeczyna, nacido en Polonia, se formó como catequista después de venir a Chicago con su esposa y enseñó educación religiosa por 12 años.
Dijo que la formación diaconal es “una escuela de paciencia, perseverancia y confianza en Dios. Me enseñó a salir de mi zona de confort y aceptar las cosas que no puedo cambiar”.
Entre los momentos destacados de su formación están dos viajes a Ucrania, como parte de un Jubileo de Esperanza, cuando los católicos fueron llamados a ser peregrinos de esperanza, “para encontrarse con personas impactadas por la tragedia de la guerra”, dijo. “Encontrar gente afectada por el sufrimiento y la pérdida de esperanza tuvo un impacto profundo en mi vida y en mi futuro ministerio. Mi deseo es ir donde la esperanza se está desvaneciendo, traer la presencia de Dios y ayudar a la gente a redescubrir en sentido y la fuerza de sus vidas”.
Dan Strutzel, de 58 años, y su esposa Elvia, son parroquianos de St. Brigid, en Wadsworth.
Tienen tres hijos adultos: Kyra, Jeremy y Camden.
Strutzel, agente de publicaciones y consultor, es presidente de Inspire Productions.
Lo más destacado de su formación, dijo, “la cercana amistad formada con mis compañeros y sus esposas. Aprender de cerca de tan abnegados sirvientes de Dios dejó una marca indeleble en mí y será una inspiración duradera que me llevaré a mi ministerio”.
Planea enfocarse en el Ministerio de Cuidado, así como en el ecumenismo y en el diálogo interreligioso.
Reyes González, de 63 años, y su esposa Irma, son parroquianos de St. Pius X, en Lombard.
Tienen tres hijos adultos.
González, quien trabaja como superintendente, dijo que durante la formación, aprendió de manera más profunda sobre su Iglesia, su historia, su situación actual y su jerarquía. Al mismo tiempo, dijo, aprendió que la sinodalidad es parte vital de su misión.