Área de Chicago

“Aleluya es nuestro grito alegre de triunfo”: Mensaje de Pascua del cardenal Cupich

Por Cardenal Blase J Cupich
Mar 30, 2026 4:37:00 PM

Escenificación del Viacrucis en Inmaculada Concepción en Sur Chicago en 2014. Foto: Karen Callaway/Católico

Antes de la proclamación del Evangelio en la liturgia de la Vigilia Pascual, hay un momento profundamente poderoso y conmovedor. Es el gozoso triple Aleluya. No solo señala el fin de nuestras observancias penitenciales sino que expresa nuestro paso con el Señor a través de su pasión, muerte y sepultura. Aleluya es nuestro grito alegre de triunfo porque así como Cristo resucita de entre los muertos, nosotros también lo hacemos.

Sin embargo, es posible que encontremos que nuestra alegría pascual ha sido empañada este año frente a los enormes desafíos de la guerra, las perturbaciones experimentadas por las familias migrantes, la gran turbulencia y polarización de nuestra vida política, y las innumerables incertidumbres sobre nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos. ¿Podemos cantar Aleluya y decirlo en serio?

Experimentando yo mismo esos sentimientos me siento atraído por las palabras de San Pablo a los tesalonicenses. En un momento de sufrimiento por pérdida, confusión y dolor, él escribió: “No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él”. (1Tesalonicenses 4:13-14)

Escuchen con cuidado las palabras de Pablo. Él dice a los tesalonicenses que pueden llorar y que pueden experimentar dificultades y pérdidas. Pero no deben llorar o sufrir como aquellos que no tienen esperanza, como aquellos que no creen que Jesús murió y resucitó y nos llevará consigo. Al igual que los tesalonicenses, no ignoramos ni negamos el sufrimiento y el dolor que estamos experimentando, pero no somos cautivos de este momento ni de este mundo. Nos aferramos a Cristo nuestra esperanza, quien nos atrae hacia un futuro definido y moldeado por su Resurrección.

Así que, hermanos y hermanas, no contengamos nuestros gritos de alegría. Cantemos con entusiasmo nuestro Aleluya pues da testimonio de nuestra esperanza perdurable en la Resurrección de Cristo. Nos inspira a hacer cuanto podamos para permitir que su vida resucitada se apodere y dé forma a nuestras vidas y nos dé el poder para acercarnos a nuestro mundo herido. Una bendecida Pascua para todos ustedes y sus seres queridos.

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