Cardenal Blase J. Cupich

La reunión en febrero en el Vaticano: su naturaleza y alcance

January 28, 2019

El 23 de noviembre de 2018, el Vaticano anunció que el papa Francisco pidió al cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay y miembro del Consejo de Cardenales; al arzobispo Charles Scicluna de Malta, secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la fe; al padre jesuita Hans Zollner, fundador y presidente del Centro para la Protección de los Niños en la Pontificia Universidad Gregoriana y miembro de la Comisión pontificia para la protección de los menores; y al cardenal Cupich servir en un comité organizador para planear una reunión global histórica en el Vaticano programada para el 21-24 de febrero de 2019 sobre el tema de “La Protección de Menores en la Iglesia”. Víctimas-sobrevivientes de abuso por el clero y miembros de la Comisión pontificia para la protección de los menores, incluyendo mujeres laicas, hombres laicos y clero, están involucrados en la planificación.

 

El papa Francisco ha dejado claro que esta reunión será una asamblea de pastores, no una conferencia académica. El objetivo es proveer una dirección clara y pasos concretos, de tal manera que cuando regresen los obispos a sus países de origen, sepan exactamente lo que la iglesia espera de ellos en lo relativo a la prevención del abuso, la necesidad de proveer cuidado a las víctimas-sobrevivientes y la obligación de garantizar que el abuso no sea encubierto.

Los participantes han recibido un cuestionario para recolectar información que establezca un punto de partida común, y se les ha pedido que se reúnan con víctimas-sobrevivientes en sus respectivos países. El Santo Padre nos ha garantizado su presencia durante la reunión, que incluirá sesiones plenarias, grupos de trabajo, oración, escuchar testimonios de víctimas, una liturgia penitencial y una misa de cierre.

El abuso de menores es un problema global que requiere una respuesta global de la iglesia. Aquellos que participan en la reunión serán llamados a asumir responsabilidad no solo por su iglesia en particular y el clero y religiosos bajo su cuidado y supervisión, sino por la iglesia como un todo.

Como el padre jesuita Federico Lombardi, que servirá como moderador de la reunión, observó en un artículo el 19 de diciembre de 2018 en La Civilta Cattolica:

“La iglesia entera debe escoger vivir en solidaridad, por encima de todo con las víctimas, con sus familias y con las comunidades eclesiales heridas por los escándalos. Como ha escrito el papa, ‘si un miembro sufre, todos los miembros sufren juntos’ (1 Cor 12:26), y el compromiso de proteger a los menores debe ser asumido clara y efectivamente por la comunidad entera, comenzando con aquellos en las posiciones de responsabilidad más altas”.

Mientras el comité organizador desarrolla la agenda, nos enfocaremos en los siguientes elementos, como Lombardi los describe: “oración penitencial, para establecer en una conversión sincera, como punto de referencia ineludible, conciencia verdadera del sufrimiento y daño sufrido por las víctimas; reflexión sobre la situación real, vista directamente y sin ambigüedades y con suficiente información acerca de lo que se ha hecho y lo que todavía no se ha hecho para enfrentarlo; intercambio en grupos de trabajo y en momentos de reflexión compartida sobre las tareas reales que necesitan ser adoptadas y en las maneras de verificar que han sido establecidas y son eficaces; compartir las mejores prácticas ya puestas en acción para la reforma de las relaciones dentro de la iglesia y para la propagación de una verdadera cultura de protección de menores en la iglesia y en la sociedad”.

Esta reunión es una etapa a lo largo de la dolorosa travesía que la iglesia ha tomado durante décadas y necesitamos mantener ante nosotros las lecciones que hemos aprendido, especialmente en los Estados Unidos, incluyendo:

  • La necesidad de hacer a las víctimas-sobrevivientes la prioridad por encima de la defensa de la institución. La manera en que las autoridades eclesiásticas en el pasado con mucha frecuencia respondieron a este escándalo es indefendible. Las víctimas fueron desatendidas, se escondió la verdad para evitar el escándalo, los culpables fueron reasignados siguiendo el consejo de clínicos profesionales bajo la ilusión de que el problema podía ser resuelto al moverlos a un lugar nuevo o después de recibir terapia. Su valor al presentarse nunca debe ser olvidado;

  • La importancia de reformas rigurosas en la selección y formación de candidatos al sacerdocio y la formación continua del clero. Todos los candidatos para estudios de seminario en los Estados Unidos ahora reciben revisiones de antecedentes, se someten a evaluaciones psicológicas y reciben formación en desarrollo psico-sexual humano;

  • El importante rol de los medios de comunicación para forzar a la iglesia a responder a las demandas a la transparencia previamente subestimadas y escondidas en gran parte;
  • El abuso sexual es un crimen y por lo tanto requiere justicia para las víctimas-sobrevivientes.

Aquí, en la Arquidiócesis de Chicago, reportamos todas las alegaciones de abuso sexual de menores del clero a las autoridades civiles, ofrecemos apoyo a todos los que hacen alegaciones a través de nuestro Ministerio de Asistencia a las Víctimas, removemos al clero arquidiocesano del ministerio permanentemente si una alegación de abuso de menores es fundamentada y publicamos los nombres de aquellos con alegaciones fundamentadas en su contra.

En la medida que los obispos de Estados Unidos hayan implementado las medidas que adoptaron en el Estatuto para la protección de niños y jóvenes de 2002, el abuso se redujo dramáticamente. Pero queda mucho por hacer. Se necesita una respuesta global, y esta es la razón por la cual el Santo Padre ha llamado a todos los presidentes de las conferencias de obispos a Roma en febrero.

Cada uno de estos líderes y los obispos que ellos representan deben asumir la responsabilidad y ser responsabilizados. Como lo dijo el papa Francisco en un discurso en 2015 a las víctimas-sobrevivientes: “Me comprometo a seguir el camino de la verdad, dondequiera que nos pueda llevar. El clero y los obispos tendrán que rendir cuentas de sus acciones cuando abusen o no protejan a los menores”.

Nadie debe vivir bajo la ilusión de que su país o diócesis está exenta de este gran mal, como si este es solo un problema “occidental” o “americano” o “anglófono”. Como observó Lombardi: “Con increíble ingenuidad la gente cree que este solamente es un problema marginal en su propio país…Hay una necesidad de mirar a la realidad en la cara”.

Esa realidad incluye atender a la selección de candidatos para el sacerdocio y la capacitación correcta. Incluye un rechazo a la tendencia a proteger la institución de la iglesia al esconder la verdad. Incluye actuar de una manera que reconstruye la verdad y credibilidad con los laicos, organismos de seguridad y la sociedad en su conjunto.

Una reunión global como esta ofrece una oportunidad para comprender las diferentes culturas, leyes y autoridades políticas que afectan a la iglesia en diferentes países. Al mismo tiempo, los líderes de la iglesia deben adoptar este momento para comprometerse a vivir nuestro deber sagrado a proteger los menores y las personas vulnerables del abuso sexual del clero.

Con frecuencia regreso al artículo en La Civilta Cattolica de Lombardi para ayudar a mantener el enfoque mientras nos preparamos para la reunión en febrero: “Si el problema no es enfrentado completamente en todos sus aspectos, la iglesia continuará enfrentando una crisis tras otra, su credibilidad y la de todos los sacerdotes permanecerá gravemente herida, pero por encima de todo, lo que sufrirá será la sustancia de su misión de proclamar el Evangelio y su trabajo educativo por los niños y jóvenes, que durante siglos ha sido uno de los aspectos más bellos y valiosos de su servicio a la humanidad”.

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