Cardenal Blase J. Cupich

El retiro de los obispos y una nueva temporada eclesial

January 14, 2019

Escribo esto mientras concluye el retiro llevado a cabo por los obispos católicos de Estados Unidos en nuestro seminario en Mundelein. El retiro de una semana de duración fue idea del papa Francisco.  

Él reconoció que la crisis de abuso sexual del clero ha creado una gran cantidad de ira y confusión en nuestra iglesia y entre los obispos. Es en dichos momentos, él observó en su carta a nosotros antes del retiro, que “debemos estar atentos y discernir, para liberar nuestros corazones de compromisos y falsas certezas, para escuchar lo que el Señor pide de nosotros en la misión que nos ha dado”.

El Santo Padre nos envió a su predicador personal, el padre capuchino Raniero Cantalamessa. El sacerdote de 84 años nos dijo que ha recibido muchas cartas diciéndole lo que debe decir a los obispos. A pesar de que respeta la sabiduría de la voz del pueblo, él estuvo de acuerdo con el papa: en momentos como este necesitamos discernir lo que Dios nos está diciendo.

Las charlas de Cantalamessa fueron tanto inspiradoras como enciclopédicas. Su comprensión de las Escrituras y la rica tradición de la iglesia permitió a los obispos escuchar verdades que hemos sostenido por mucho tiempo, pero de una manera fresca. Me complace que tenemos los textos para revisar en los próximos días y meses, pero también llevo conmigo una serie de imágenes que ofreció, sobre las cuales quiero reflexionar.

Una fue la diferencia entre moverse sobre el agua en un bote de remos y en un velero. El bote de remos requiere nuestro esfuerzo, a medida que empujamos contra la inercia del agua, contando con nuestro propio poder y dispositivos para encaminarnos hacia adelante. Pero los creyentes son llamados a confiar en el Espíritu Santo para que nos mueva hacia adelante, de la manera en que el viento es necesario para mover el velero hacia adelante.

Con esa imagen nuestro director del retiro nos pidió reflexionar sobre nuestro enfoque a los desafíos, no solamente este, sino en todos los casos. ¿Nos vemos en un bote de remos que hace que todo dependa de nosotros o estamos atentos a las indicaciones del Espíritu para trazar un camino hacia adelante? Honestamente, puedo decir que algunos días no estoy satisfecho sobre mi respuesta a esa pregunta.

Tendré presente lo que Cantalamessa dijo: “El viento es capturado por la vela de la oración”.

Luego compartió otra imagen para desarrollar más este punto. Un profesor que daba conferencias sobre la gestión del tiempo realizó un pequeño experimento para sus estudiantes. Tomó una jarra de vidrio grande, colocó rocas del tamaño de una pelota de tenis hasta que no hubo espacio en el recipiente. ¿Está lleno?, preguntó. “Sí”, respondieron los estudiantes.

Pero después comenzó a verter pequeñas piedritas sacudiendo el frasco hasta que se asentaron en los espacios vacíos entre las rocas. “¿Ahora está lleno?, preguntó de nuevo. “No”, respondieron. Estando de acuerdo con ellos entonces vertió arena, llenando los espacios entre las rocas y las piedritas. Otra vez el profesor preguntó, “¿Está lleno el recipiente? Sin dudar, los estudiantes respondieron al unísono, “NO”. “Correcto”, respondió el profesor.

Así que él vertió agua dentro del frasco hasta que estuvo absolutamente lleno. Luego el profesor explicó, “lo que aprendemos de este experimento es que, si no ponemos las piedras más grandes en el frasco primero, nunca podremos acomodar todas ellas después”.

El punto de Cantalamessa era sencillo. Nuestra vida de oración, nuestra vuelta hacia Dios para discernir a dónde nos lleva, tiene que ser la prioridad. Porque si no damos prioridad al discernimiento de la voluntad de Dios, otras preocupaciones y voces absorberán nuestra atención y harán que tomemos una decisión empobrecida y parcial, especialmente en un momento de crisis.

Sus reflexiones también subrayan nuestro compromiso a la protección de los niños y la sanación de las víctimas, que fundamentan todas nuestras respuestas a la crisis. Debemos asegurarnos de que nunca nada desplace esa prioridad.

Está claro, sin embargo, que las intenciones del Santo Padre al llamarnos a hacer este retiro se expanden más allá de este momento en particular o desafío que enfrentamos nosotros los obispos. El papa Francisco quiere que veamos que estamos en “una nueva temporada eclesial”, como él lo llama, que requerirá un nuevo enfoque a nuestro ministerio.

No podemos ser “meros administradores”, sino que debemos asumir la tarea de enseñar a aquellos que servimos “sobre cómo discernir la presencia de Dios en la historia de su pueblo”. Como lo señaló en su carta a nosotros: “En medio del disgusto y la confusión que experimentan nuestras comunidades, nuestra principal responsabilidad es promover un espíritu de discernimiento compartido, en vez de buscar la calma relativa que resulta del compromiso o de un voto democrático donde algunos emergen como ‘ganadores’ y otros no”.

La tarea ante nosotros es trabajar juntos para encontrar una manera de acoger “la presente situación, una que, lo más importante, pueda proteger aquellos a nuestro cuidado de perder la esperanza y sentirse espiritualmente abandonados. Esto nos permitirá estar completamente inmersos en la realidad, buscando apreciarla y escucharla desde adentro, sin ser rehén de ella”.

No nos vamos de este retiro con todas las respuestas a las preguntas importantes que enfrenta la iglesia en estos días, pero nos vamos con una sensación renovada de que es el momento de entregar nuestros botes de remos por veleros y tomar nuestra señal de la guía del espíritu de Cristo en vez de nuestros propios esfuerzos.

También nos vamos recordando que necesitaremos mantener nuestras prioridades en orden. Otra bendición de nuestros días juntos es que nos acercó más los unos a los otros y al Santo Padre. Un obispo me dijo, “el papa Francisco tenía razón en llamarnos a hacer un retiro y muestra que le importa profundamente nuestro ministerio y la iglesia en este país”.

No tengo duda que al igual que la iglesia primitiva confiaba en el ministerio único de Pedro para afrontar los desafíos del día, así obtendremos fuerza y visión de nuestra unidad con su sucesor.

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