Área de Chicago

Programa 'Un llamado a la oración' ofrece el don de la escucha a quien lo necesite

Por Ely Segura
jueves, junio 18, 2020

Estatua de María frente a la escuela católica St. Ursula, en Fountain Hill, Pa. Foto: Chaz Muth/CNS

Quienes acompañan vía telefónica no son psicólogos ni consejeros profesionales; son personas de fe (laicos comprometidos) que se sienten llamadas a ofrecer el valioso don de la escucha y la oración para quien lo requiera, independientemente de su confesión religiosa.

Esta iniciativa de la Arquidiócesis de Chicago surge en abril del presente año como respuesta a la solicitud del cardenal Blase Cupich, de procurar alternativas para que las personas sientan la cercanía de la Iglesia tras los estragos de la pandemia, en los que muchos experimentan angustia y aislamiento.

En Un llamado a la oración participan más de cien feligreses de toda la Arquidiócesis de Chicago; cincuenta de ellos ofrecen atención en español diariamente, de 9am a 9pm, a través del número (312) 741-3388 y del correo rezaconmigo@calledtoprayer.org.

Fernando Rayas, coordinador de la Pastoral de Acompañamiento de la iniciativa Renueva mi Iglesia, fue el encargado de reclutar al equipo de voluntarios hispanoparlantes para Un llamado a la oración. Pondera que si bien ha sido un proyecto para acompañar durante la emergencia sanitaria del Covid-19 y pensado para culminarse a finales de julio, el mismo podría ser un recurso de apoyo para los sacerdotes que se ven impedidos de atender telefónicamente a tantos feligreses por la falta de tiempo o por el sinnúmero de compromisos.

Comenta Rayas que las personas elegidas para fungir como voluntarios en este proyecto fueron entrenadas por medio de videoconferencias, recibieron pautas concretas de cómo escuchar a la gente y de cómo orar con ella. Aunque se estima que las llamadas duren de 30 a 40 minutos, Rayas es consciente de que en algunos casos las personas necesitan mayor atención. Los voluntarios saben incluso a dónde remitir los solicitantes en situaciones específicas, por ejemplo en caso de que se comuniquen para obtener asistencia psicológica o legal especializada; o asistencia económica o alimentaria.

Todas las llamadas son confidenciales. “En general, se puede decir que las motivaciones son varias y muy relacionadas a los efectos de este momento que vivimos. Hemos tenido casos muy difíciles de personas que no han podido ver a sus familiares enfermos por Covid, matrimonios en dificultad por el aislamiento, personas con crisis emocionales por la pérdida de su empleo, personas que se sienten solas y buscan a alguien quien los acompañe a orar”, señala Rayas, quien confiesa que a grandes rasgos han recibido pocas llamadas en español (menos de 50 desde que iniciaron) por la falta de difusión en nuestra comunidad hispana.

Elvira Lagunas es feligresa de la parroquia José Sánchez del Río. Allí colabora en la pastoral litúrgica y catequética junto a su esposo. Cuando la contactaron para pertenecer al equipo de voluntarios no lo dudó ni un instante. “Tengo muchas personas que me ayudan, como mi madrina de bodas. He tenido la bendición de ser acompañada y quiero que otros tengan la misma bendición que yo he tenido”, dice.

Por el momento, Lagunas ha recibido la llamada de seis personas solicitando un momento de oración. “Una vez me llamaron justo después de terminar una lectura bíblica. Compartí el mensaje con la persona que llamó y oramos”. Lagunas cuenta que en su experiencia cada llamada ha tenido una duración de unos 15 a 20 minutos de escucha, rezo y oración de invocación al Espíritu Santo.

“Sé cómo se sienten las personas cuando otras oran con ellas; sienten mucha paz, se sienten reconfortadas”, dice Leonel Segura, diácono de la parroquia Santa Genoveva y voluntario de este proyecto.

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