Área de Chicago

Joven de Chicago se dirige al sínodo en Roma

By Carol Glatz, CNS
November 1, 2018

Yadira Vieyra, delegada del sínodo que trabaja con familias migrantes en Chicago, en una sesión del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional en el Vaticano el 11 de octubre. Foto: Paul Haring/ CNS.

CIUDAD DEL VATICANO — Una observadora de Estados Unidos advirtió al papa Francisco y al Sínodo de los Obispos que el actual sistema de inmigración en los Estados Unidos “flagrantemente amenaza” e irrespeta las vidas y la dignidad de los migrantes.

La iglesia debe incrementar y expandir las maneras en que protege y atiende a los jóvenes y las familias migrantes, de lo contrario, los jóvenes migrantes llegarán a pensar que los grupos de activistas políticos y laicos son los únicos que los ayudan a hablar contra el racismo y a presionar por el cambio, dijo Yadira Vieyra.

La observadora, de 29 años, asistente al sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional es especialista en el desarrollo infantil y trabaja en Chicago, ayudando a familias migrantes.

Ella dijo a los participantes del sínodo el 11 de octubre que “el problema global de la migración es hoy una crisis humanitaria”.

Lo que ella ha presenciado en Estados Unidos es “la manera en que la retórica de odio y las políticas en mi país están forzando a las familias a experimentar una angustia sostenida que envuelve la vida cotidiana” de todos los migrantes, bien sea que estén sin autorización, legales o sean ciudadanos estadounidenses de familias con estatus migratorios mixtos.

Ella habló acerca de las acciones de la administración Trump al separar y detener adultos y niños indocumentados, incluso bebés, y el impacto que estaba teniendo en las familias.

“Nuestro régimen de inmigración actual ha comprobado ser una institución que flagrantemente amenaza e ignora la vida y dignidad de la persona migrante”, señaló.

La iglesia debe tomar un rol más activo al promover “políticas pro-inmigración que promuevan el respeto y fortalezcan la unidad familiar, especialmente cuando familias angustiadas están huyendo de la violencia, pobreza y, en algunos casos, terrorismo”, dijo.

Muchas de estas familias están recibiendo apoyo psicosocial de la iglesia, dijo, pero ellas tienen otros desafíos con los que la iglesia puede ayudar, como el estigma de la salud mental y la consejería, volverse más resistentes y desarrollar respuestas más saludables a la adversidad.

Para los jóvenes migrantes que “ya están sedientos de aceptación”, dijo, el “laicismo y el activismo político parecen las únicas vías que otorgan a nuestra juventud una voz en contra el racismo sistémico y un camino claro al cambio”, dijo.

“Como una iglesia que valora la vida en cada etapa, debemos escuchar atentamente y honestamente a las historias de dolor que nuestros jóvenes migrantes padecen”, mencionó, lo que significa que la iglesia también debe ir a centros de detención, fronteras estadounidenses y donde quiera que el “miedo envuelva” a los migrantes y donde su “seguridad y unidad familiar estén amenazadas”.

Los ministerios para jóvenes, en particular, deben volverse muy creativos y prácticos sobre cómo pueden ayudar a los jóvenes migrantes antes de que ellos se convenzan “que el laicismo político valora sus vidas más que nuestra iglesia”, mencionó Vieyra.

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