Área de Chicago

Conozca a los nuevos sacerdotes hispanos

By Ariane Moya
May 30, 2018

Conozca a los nuevos sacerdotes hispanos

El 19 de mayo, la Arquidiócesis de Chicago dio la bienvenida a ocho nuevos sacerdotes. Cinco de los sacerdotes son hispanos, y comenzarán a servir el 1 de julio en sus parroquias.
Los ocho nuevos sacerdotes arquidiocesanos oran sobre el cardenal Blase Cupich después de la ordenación el 19 de mayo en la Catedral del Santo Nombre. Foto: Karen Callaway/Católico
Agustín Garza, asignado a San Gall. Foto: Karen Callaway/Católico
Emmanuel Torres-Fuentes, asignado a St. Juliana. Foto: Karen Callaway/Católico
Jesús Romero Galán, asignado a St. Mary Star of the Sea. Foto: Denise Duriga/Católico
Misabet García Gil, asignado a St. Paul, en Chicago Heights. Foto: Karen Callaway/Católico
Robinson Ortiz, asignado a St. Joseph, en Libertyville. Foto: Karen Callaway/Católico

El 19 de mayo, la Arquidiócesis de Chicago dio la bienvenida a ocho nuevos sacerdotes. Ya en nuestra edición de mayo les presentamos sus biografías. Ahora, hablamos un poco más con los cinco sacerdotes hispanos, quienes comenzarán a servir el 1 de julio en sus parroquias.

 

Agustín Garza, asignado a San Gall

Cuéntenos un poco de su niñez y dónde nació

Nací en Monterrey, Nuevo León. Allí viví 36 años y me mudé a Chicago hace cinco años. También un par de años viví cerca de Rio Bravo, Tamaulipas. Somos seis hermanos. Mi papá falleció hace 9 años, aún vive mi mamá.

¿Estuvo involucrado en su parroquia de niño?

Tardamos en encontrar una parroquia donde hubiera vida parroquial. Después de ir a varias nos instalamos en Nuestra Señora de Lourdes (en Monterrey). Estuve participando como ministro extraordinario de la comunión, como comentador de misa, y en el coro. En esa parroquia oficiaré la misa de Acción de Gracias después de la ordenación.

¿Cómo encontró usted su vocación?

Lo atribuyo a tres factores: viví en una familia católica, estudié en una escuela marista, y soy hermano de un sacerdote.

¿Cómo ha cambiado su vida desde que decidió entrar al seminario?

Ha sido un proceso de 23 años para mí. Entré al seminario en Monterrey, donde estudié filosofía, en 1995. Estuve fuera por cerca de 12 años y en 2012 decidí reiniciar el llamado vocacional.

¿Tiene algún pasatiempo preferido?

Mi pasatiempo preferido eran los perros, pero todos los perros se quedaron en casa. Me gustaba dedicarles tiempo y los disfrutaba mucho. Aquí en el seminario no puedes tener perros y en esta parroquia tampoco. Me gusta mucho ver el futbol y sigo la liga mexicana. Soy rayado de corazón.

 

Emmanuel Torres-Fuentes, asignado a St. Juliana

Cuéntenos un poco de su niñez y dónde nació

Soy originario de Xalapa, Veracruz. Mis papás son de Coatzintla, un pueblito donde fui criado. Puedo decir que ese pueblito vio nacer mi vocación. Mi abuelita me invitaba a ver a los enfermos, a la oración con los carismáticos, a ir a los retiros, e ir a los pueblitos cercanos. Después me fui a Xalapa a estudiar secundaria, prepa, y universidad. Mis papás tuvieron cuatro hijos.

¿Estuvo involucrado en su parroquia de niño?

Estuve en la parroquia de Santiago Apóstol como monaguillo desde los ocho años. Iba con el padre Margarito Flores, al comenzar el sábado por los pueblitos, celebrando misa.

¿Cómo encontró usted su vocación?

En mi último año de la universidad me invitaron a un retiro. Me involucré en el grupo de carismáticos, con los jóvenes, dando temas a parejas, y encargado de la misa en la catedral de Xalapa. En la consagración escuche una voz que me decía, “Sé sacerdote.” Yo contesté, “Si, yo quiero ser sacerdote.” Empecé a buscar información y entré al seminario de Rafael Guízar Valencia a estudiar filosofía. Creo que mi abuelita y el padre fueron un factor muy importante para decir sí. No es una pregunta a la que se le pueda decir si tan fácilmente.

¿Que lo llevo a elegir el sacerdocio?

Siempre tenía una imagen muy presente de cuando el padre visitaba los pueblitos. Se reunían en una sola parroquia y veía el gozo de la gente al recibir a un padre. El servir al pueblo con alegría y ver que ellos ponen la confianza en uno me ha hecho tomar la decisión de que mi vida tiene sentido a través de servir al pueblo de Dios.

¿Qué le gusta hacer en sus días de descanso?

Hacer ejercicio, escuchar música, leer, salir al cine, ir a cenar, y visitar alguna familia. Pasar el tiempo con gente y disfrutar de una buena compañía haciendo algo productivo.

 

Jesús Romero Galán, asignado a St. Mary Star of the Sea

Cuéntenos un poco de su niñez y dónde nació

Nací en Xalapa, Veracruz y a los cinco años comencé a vender periódicos en las calles. Por razones económicas dejé la escuela a los 12 años y me puse a trabajar de tiempo completo. Uno de mis amigos me ayudó a terminar mis estudios de secundaria.

Cuéntenos un poco de su familia

Soy el quinto de siete hermanos de una familia muy humilde. Me hice algo independiente porque si quería comprar zapatos o ropa no les pedía a mis papás. Yo ahorraba el dinero para que ellos pudieran proveer para mis hermanos.

¿Estuvo involucrado en su parroquia de niño?

Fui acompañante espiritual de un grupo juvenil y el párroco me invitó a un retiro. Llevaba casi dos años con mi última novia y hablábamos de tener hijos y ahorrar para comprar una casita. Fui al retiro y mi novia me dijo, “Jesús, yo te amo y quiero que seas feliz. Si Dios te llama al sacerdocio no te preocupes, te apoyaré porque te amo.” La abracé, le di un beso, y le dije que la amaba más a ella. En Semana Santa el párroco me invitó otra vez y salí queriendo cambiar el mundo yo solito. Le dije a mi novia que había conocido al amor de Cristo y me dijo que me apoyaría. Mi papá es pastor pentecostal y él no me apoyaba. En mi trabajo no me daban permiso, tenía mi novia, y mi deseo de tener hijos.

¿Cómo encontró usted su vocación?

Fui al tercer retiro. El padre me mandó al santísimo para que escuchara qué quería Dios de mí. Dije que sí, porque había algo en mi corazón que latía por amor a Jesús. Mi papá me dijo que para sacerdote no me apoyaba, pero mi mamá sí. Después fui con mi novia y le dije que la amaba con todo el corazón, pero había un vacío. Ella se puso a llorar y me preguntó qué pasaría con nuestros planes, nuestros sueños. Yo le preguntaba qué pasaba con el amor que ella me decía tener y aceptó. Me dijo que si en algún momento de mi camino yo decidía dejar el sacerdocio ella me estaría esperando.

 

Misabet García Gil, asignado a St. Paul, en Chicago Heights

Cuéntenos un poco de su niñez y dónde nació

Nací en Cuernavaca, Morelos el 13 de junio de 1967. Mi niñez fue muy alegre porque conviví mucho con mi abuela y ella fue la que me ayudó a conocer a Dios llevándome a misa y al rosario.

Cuéntenos un poco de su familia

Fui feliz con mis seis hermanas y tres hermanos. Mis padres siempre fueron muy unidos y ese es un recuerdo de ellos. Siempre los vi contentos a pesar de muchos problemas y siempre nos daban el ejemplo de que la vida sigue. Lo más bonito fue que vi celebrar sus 50 años de casados.

¿Cómo encontró usted su vocación?

Cuando tenía 17 años decidí entrar al seminario y ser sacerdote.  Antes de terminar high school tenía miedo de hablar con mi papá. Cuando tenía 9 años mi abuela le dijo, “Tu hijo va a ser sacerdote. Yo veo que tiene cualidades.” Mi papá dijo, “Estás mal porque va a estudiar, será ingeniero, y me dará nietos.” Al darle la noticia decidió no apoyarme, pero si escogía una carrera sí me apoyaría. Tuve miedo y estudié ingeniería industrial. Quería graduarme, ayudar a mis papás, e integrarme al seminario. No lo logré en ese tiempo, pero estaba consciente de que Dios estaba conmigo.

¿Que lo llevó a elegir el sacerdocio?

Una vez un vecino se estaba muriendo y vi que su familia trataba de conseguir un sacerdote. Todos decían que no tenían tiempo, “estamos muy ocupados”, o “iremos mañana”. Yo me decía que cómo era posible que un hombre se estuviera muriendo y nadie lo confesaba.

¿Cómo ha cambiado su vida desde que decidió entrar al seminario?

Antes de entrar al seminario era profesionista y afortunadamente tuve un buen trabajo con buen salario. Tenía mucho dinero y podía ayudar a mi familia. No era feliz, pero al entrar al seminario descubrí la verdadera felicidad. Aunque tenga poco dinero en mi bolsa no estoy arrepentido y que venga lo que venga, porque no tengo miedo.

¿Tiene algún pasatiempo preferido?

Me gusta hacer ejercicio en la máquina de correr, me ayuda mucho a sacar el estrés.

 

Robinson Ortiz, asignado a St. Joseph, en Libertyville

Cuéntenos un poco de su niñez y dónde nació

Yo nací en Colombia en 1991, e hice toda mi educación en las escuelas de Colombia. Mis papás viven y tengo un hermano.

¿Cómo encontró usted su vocación?

Cuando tenía siete años veía lo que hacían los sacerdotes cuando iban a mi casa y en la iglesia. Empecé a rezar con los vecinos y luego me hice monaguillo en mi parroquia.

¿Que lo llevo a elegir el sacerdocio?

De pequeño veía la vida del sacerdote, la forma en dar la misa, la forma en atraer a las personas hacia Cristo. Veía las necesidades que tienen las personas en la parte material, pero sobre todo en la parte espiritual. Las heridas que tiene la gente en sus vidas son difíciles y más ahora que hay tanto individualismo. Solo Cristo puede sanar esas heridas, me siento llamado al sacerdocio para mostrar que Jesucristo es el único que puede llenar ese vacío que tenemos en el corazón.

¿Qué le gusta hacer en sus días de descanso?

Me gusta ver películas en Netflix, me gusta ir al lago aquí en el seminario, hacer kayaking, andar en bicicleta alrededor del lago, hablar con mi familia, convivir con mis amigos aquí en el seminario.

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