Área de Chicago

Reflexión sobre la trayectoria del ministerio hispano dentro de la diversidad eclesial arquidiocesana (Segunda y última parte)

By Hna. Dominga M. Zapata, S.H.
January 3, 2018

Un salón de clases lleno de personas escucha a la Hermana Dominga Zapata presentar un taller sobre "Descubriendo a Cristo en la espiritualidad familiar". Los participantes tomaron parte en una serie de talleres sobre asuntos relacionados con la vida parroquial durante el Día de Liderazgo Parroquial de la Arquidiócesis en Guerin College Prep, 8001 West Belmont Ave. en River Grove el 22 de febrero de 2014. Foto: Karen Callaway/Católico

2. Desafíos ante la realidad eclesial arquidiocesana hoy

Dentro del contexto eclesial que hemos visitado ligeramente, trataremos de articular los desafíos claves que hoy día confronta nuestra trayectoria ministerial hispana. Lo primero a considerar es que no partimos de la nada.  Los vacíos que hemos vivido en la Arquidiócesis de Chicago han de fortalecer nuestra confianza en la presencia y acción del Espíritu Santo y la iluminación de los documentos de Papa Francisco y Cardenal Cupich.

Los desafíos no han de ser solamente del ministerio hispano sino también de cada uno/a de nosotros/as como líderes de dicho pueblo.  Moisés no se quedó paralizado ante la problemática de su pueblo.  Como él, nosotros también necesitamos tomar tiempo para discernir de donde nos vendrá la luz iluminadora antes de querer llegar a acciones ligeras como respuesta a los desafíos de hoy.

Los Encuentros Pastorales Nacionales Hispanos desarrollaron, mediante su proceso, la necesidad de asegurar la coherencia entre la teología pastoral que ilumina y la aplicación a la situación concreta existente de cada época.  Ante un cambio de época, esto puede ser aún más urgente. Dicha coherencia ha de ser la tarea principal de los ministros de evangelización y catequesis.  La teología pastoral del proceso de dichos Encuentros Nacionales enfocó en evangelización y catequesis ya que se trata de descubrir y profundizar un Jesús encarnado en la realidad que vivimos hoy para transformar su Iglesia.

El Papa Francisco ha invitado a todo el pueblo a responder al llamado bautismal como discípulos misioneros.  La responsabilidad del liderazgo es acompañar a la comunidad a hacer suya la teología pastoral del proceso de los tres primeros Encuentros Nacionales Hispanos, es decir: ser una Iglesia que nace del pueblo que se ha liberado de la dependencia, y ser un pueblo que nace de una Iglesia que se renueva.  Esta es la renovación a la que quizás nos ha invitado nuestro cardenal. 

Los desafíos continuarán manifestándose e invitando a poner siempre los pies firmes en una espiritualidad que tiene todo que ver con la vida.  La presencia liberadora del Señor ha de convertir nuestro liderazgo en una fuerza transformadora arraigada en la oración. Se trata de la construcción del Reino de paz y justicia ante los desafíos reales aquí y ahora. Nada podremos transformar y renovar sin un estilo renovado de evangelización y catequesis; este puede ser nuestro mayor desafío hoy día. Será necesario hacer un profundo discernimiento, ante este desafío clave, de cómo responder a los desafíos ante la familia, la juventud y la situación migratoria en la vida del pueblo hispano. 

3. Visión acompañante

Hemos de ver con mayor claridad el llamado y el envío que el Señor nos hace a cada uno de nosotros/as para responder hoy a la realidad de la trayectoria del ministerio hispano y los desafíos que han de concretizar nuestra contribución a este nuevo cambio de época. Esta llamada y envío ha de depender de nuestra cercanía al pueblo en general en la Arquidiócesis y al pueblo hispano en particular.  La visión que hemos de mantener en esta transformación ha de ser la de una Iglesia comunitaria, evangelizadora, misionera, encarnada, y promotora y ejemplo de justicia que se renueva a través del compromiso de verdaderos discípulos y discípulas misioneros y misioneras. Hay que dar frutos de nueva visión eclesial y pastoral; una Iglesia de sandalias y no de bancas calientes (III Encuentro Pastoral Hispano Nacional, 1985).

Es urgente estar convencidos junto al pueblo, de nuestra contribución a la renovación de nuestra Iglesia, desde la Iglesia doméstica, la parroquia y la Arquidiócesis para así transformar la sociedad y el mundo en que vivimos hoy.  Hemos de ser verdadera Iglesia en salida, discípulos y discípulas comprometidos dando frutos de este “momento oportuno” y el nuevo cambio de época. Este es el envío concreto de Renueva Mi Iglesia y el Proceso del V Encuentro. Sintámonos, pues, unidos en oración y misión y salgamos como Iglesia, renovados por el Espíritu Santo como salieron los apóstoles del Cenáculo después del primer envío antes de Jesús regresar a la derecha del Padre. Que así sea.   

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