Área de Chicago

Hermana Alma Rosa Huerta Reyes, premio Santa Teresa de Ávila

By Redacción Católico
November 1, 2017

La hermana Alma Huerta el 18 de junio de 2014. Foto: Karen Callaway/Católico.

Como miembro de las hermanas misioneras scalabrinianas, la hermana Alma Rosa Huerta Reyes ha sentido el llamado a estar con los que sufren. Como parte de este llamado hizo visitas regulares al Centro de Detención de Broadview para dar apoyo moral y espiritual a inmigrantes a punto de ser deportados.

Empezó visitando ese lugar con las hermanas scalabrinianas cuando participaban del rezo del Santo Rosario afuera del centro, luego fue voluntaria con el equipo de Pastoral Migratoria de la Arquidiócesis de Chicago. “Fue una experiencia bella y dura a la vez” dijo la hermana. “Bella porque como misionera scalabriniana es mi misión acompañar y servir al migrante, especialmente el más vulnerable, y me daba la oportunidad de compartir los sentimientos de Cristo en esos momentos de sufrimiento y soledad.”

La experiencia fue también dura. “Aunque trataba de ser fuerte para darles apoyo a través de ese vidrio transparente y por teléfono” dijo, “varias veces se me salieron las lágrimas al escuchar sus historias.” Había entre los detenidos gente de otras nacionalidades, pero la mayoría de sus entrevistados eran de México y Centroamérica. “Todos ellos ya tenían su vida establecida en Estados Unidos, con esposa e hijos. A todos ellos les dolía ser separados de sus seres queridos, de dejar el país en el que habían encontrado cierto alivio a sus necesidades, el dejar algo ya construido.”

La imagen de ver la separación de familias, el hecho de ser deportado a un lugar que a veces apenas se conoce, la hizo reafirmarse en su fe. “Me dolía mucho verles vulnerables, inseguros, con miedo a enfrentarse a otra realidad, especialmente aquellos que crecieron aquí” ha dicho. La hermana observó que algunos tenían semanas o meses detenidos y se iban sin ver a sus seres queridos.

Algunos le daban el número de teléfono de un pariente para avisarle que iban a ser deportados. “Era desgarrador ver la escena de los hijos despidiéndose de su padre” dijo. “Todo por un cristal porque no les dejan despedirse con un abrazo que quizás podría dar algo de alivio en el último momento de ser separados.”

Originaria de Durango, la hermana Alma Rosa emigró a la ciudad fronteriza de Tijuana a los 15 años. Allí trabajó en un negocio de renta de videos, una paletería y una farmacia. Trabajaba por las mañanas en la farmacia y por las tardes asistía a la preparatoria.

En Chicago, la hermana comenzó una campaña de financiación para el albergue Madre Assunta, creado en Tijuana años atrás por las hermanas misioneras scalabrinianas, un espacio para niños y mujeres provenientes de Centroamérica que llegan la frontera con Estados Unidos. Quiso poner “su granito de arena” para apoyar este lugar donde dicho grupo de migrantes vulnerables encuentra hospedaje durante tan peligroso viaje.

Su inquietud por la vida religiosa nació por el ejemplo de Santa Teresa de Calcuta. “Cuando la veía en la TV me inspiraba su espíritu de servicio a los más pobres” ha dicho la hermana. También ha recibido inspiración del Beato Juan Bautista Scalabrini, fundador de su congregación, conocido como “el padre de los migrantes”.

En Chicago, sirvió en la Arquidiócesis de Chicago en varias parroquias. Trabajó en la oficina de Pastoral Migratoria. Entre otras cosas, la hermana fue coordinadora en la iglesia de St. Stephen Protomartyr, en Des Plaines para educación religiosa de los hispanos. Allí impartió retiros a los maestros de catecismo, así como a padres de familia e hijos. Ha dado una serie de temas bíblicos en torno al Éxodo en St. Charles Borromeo a la comunidad hispana.

La hermana fue transferida el 30 de agosto de este año a Tonalá Jalisco, donde se desempeña como formadora de las postulantes, “jóvenes que se están formando para consagrarse a Dios en los migrantes en esta Congregación” dice. También desarrolla labores de apoyo en otros ministerios en esa comunidad.

Sobre el reconocimiento de la Noche de Gala dijo sentirse bendecida y halagada. “Me siento emocionada porque mi servicio como mujer consagrada es reconocido y apreciado por la gente y por la arquidiócesis a la cual dediqué mis talentos, mi tiempo, mi sacrificio y servicio” dice.

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