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Dominican University, premio San Juan Pablo II de la Noche de Gala 2017

By Redacción Católico
November 1, 2017

Semana Nacional de Migración en Dominican University en River Forest el 13 de enero de 2012. Foto: Karen Callaway/Católico

Cada año, decenas de miles de estudiantes indocumentados se gradúan de secundaria. Se trata de jóvenes talentosos que comparten con sus compañeros de escuela el sueño de ir a la universidad, lo que les permitiría el acceso a una vida mejor.

Dominican University tiene una historia profundamente arraigada en la comunidad inmigrante, lo que la ha llevado a proclamar sus campus como “santuario” para estudiantes indocumentados. La universidad ha expresado abiertamente su apoyo a los derechos de los estudiantes indocumentados por más de una década. De hecho, viene ya en sus raíces como institución católica, desde que las hermanas dominicas Sinsinawa mudaron su sede de Wisconsin a Illinois en 1922 y trajeron la oportunidad de una educación superior a muchos inmigrantes que eran los primeros de sus familias en asistir a la universidad.

“Las Dominicas Sinsinawa, son una fuerte comunidad activista de mujeres encaminadas hacia la justicia social” dice Donna Carroll, presidenta de Dominican.

Para Carroll, tomar una postura fuerte y clara en favor de los inmigrantes indocumentados era no solo importante, sino lo correcto. “No solo a nombre de los DREAMers y sus familias, sino también de otros estudiantes que se sienten marginados y amenazados”.

Alrededor de la mitad de los estudiantes universitarios en Dominican son latinos. Cuando se le pregunta a Donna Carroll de qué manera el clima político que vivimos ahora ha impactado la moral de los estudiantes, ella dice que: “Por una parte están ansiosos. Están frustrados de que esto continúe y emocionalmente es una montaña rusa. Pero por otra parte, ellos son resistentes, confían en el apoyo de la institución, y se concentran en su vida académica, en tratar de asegurarse de que esto no perturbe lo que ellos pueden controlar en su propia planeación.”

Desafío financiero

Uno de los desafíos más grandes, es el financiero: el que no haya acceso a préstamos o becas federales y estatales debido al estatus migratorio de los estudiantes, por lo que la Universidad trabaja con un grupo de donantes y con un número de organizaciones para tratar de compensar esa falta de fondos.

“El apoyo de los donantes ha sido muy bueno para nuestros estudiantes indocumentados” dice Carroll. Aunque por el desafío financiero que esto implica, las plazas para estudiantes sin documentos es limitada, la demanda por una educación superior de calidad no para. “Nuestras inscripciones se han incrementado” ha dicho Carroll. “Este último año nuestros estudiantes de recién ingreso eran sesenta por ciento latino. Estamos viendo nuestra posición pública como algo que atrae a los estudiantes.”

En 2011, el gobernador Pat Quinn firmó el Illinois DREAM Act, que hizo de Illinois el primer estado en el país con un fondo privado de becas para estudiantes indocumentados. En 2012 el presidente Obama emitió el memorándum de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) que ofrecía a los estudiantes indocumentados un alivio de la deportación y la posibilidad de trabajar, pero DACA no ofrecía acceso a la ayuda federal ni regulariza el estatus migratorio de los parientes del menor. Hoy el futuro de DACA es incierto, después que fuera rescindido por el presidente Trump y pese a que hay posibilidades de que siga en pie, pero sujeto a otras negociaciones políticas.

Donna Carroll asegura que hay tanta incertidumbre en la vida de sus estudiantes, que su mensaje hacia ellos, consiste en darles una seguridad, algo de lo que ellos puedan depender, la certeza de una  atención en un momento en que hay tanta incertidumbre en el ambiente.

“Estos son talentosas mujeres y hombres” dice Carroll. “Con DACA, ellos confiaron en nuestro gobierno al exponerse legalmente, a fin de tener algunas de las oportunidades que nosotros damos por sentadas: Licencia de conducir, un empleo, la oportunidad de vivir sin el miedo a ser deportado. Y de repente cambiamos de giro y terminamos el programa, dejándolos expuestos a un futuro incierto. Qué vergüenza debería darnos como país, por poner a estos estudiantes en peligro. Ya es hora de que nos movamos hacia adelante y resolvamos este lodazal de política migratoria que tenemos.”

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