Área de Chicago

Las puertas siguen abiertas en Casa Catalina

Por Redacción Católico
enero 29, 2019

Las puertas siguen abiertas en Casa Catalina

Casa Catalina, en 4537 S. Ashland, juega un papel importante en el sur de Chicago desde hace tres décadas. Los servicios que ofrecen son variados: tienen una despensa de comida y un closet de ropa para donación. Además de ayudar a los usuarios a llenar sus solicitudes de SNAP, tienen un programa especial para madres y bebés donde se ofrecen pañales, fórmula, ropa y otras necesidades del bebé.
Los voluntarios José Serrano y Luciano Blanco llenan bolsas con comida. Foto: Karen Callaway/ Católico
María Peregina y Ximena Covarrubias, estudiantes de México, ordenan productos en Casa Catalina, el 23 de enero. Foto: Karen Callaway/ Católico
La hermana de las Siervas Pobres Joellen Tumas trabaja con Laura Diaz en la computadora en Casa Catalina. Foto: Karen Callaway/ Católico
Los voluntarios José Serrano y Luciano Blanco descargan cajas llenas de alimentos. Foto: Karen Callaway/ Católico
Ron Wagenhofer es a menudo la primera cara que los clientes ven al entrar a Casa Catalina. Foto: Karen Callaway/ Católico

Aunque el tramo de la avenida Ashland en Las Empacadoras se ve casi vacío una fría mañana de enero, al entrar a Casa Catalina, en 4537 S. Ashland nos recibe un hervidero de actividad. Es miércoles y los voluntarios ayudan a llenar bolsas con comida para cuando abra la despensa. Hay latas de alimento por todas partes, la gente viene y va, algunos voluntarios salen por la puerta trasera donde se descargan las donaciones.

En medio de este mar de actividad, la hermana Joellen Tumas se levanta de su pequeño escritorio y nos viene a recibir.

Visitamos Casa Catalina 25 días después de que comenzara el cierre de la administración federal y, según nos dijo la hermana Joellen, aunque los usuarios de Casa Catalina no son generalmente empleados de gobierno, muchos tienen miedo de que con el shutdown se corte el acceso a las estampillas de comida y llegan un poco alarmados, pues uno de los servicios que se ofrecen aquí es ayudar a las personas a llenar su solicitud de SNAP para estampillas de comida.

“Una mujer perdió su empleo el 31 de diciembre” dice la hermana Joellen, “y le habían cortado sus estampillas de comida porque durante su trabajo había ganado suficiente dinero y ya no era elegible. Ahora no tiene ingresos y no pudo obtener su compensación porque la oficina no estaba trabajando debido al shutdown. Su solicitud de estampillas se retrasó debido al cierre de la administración”.

La hermana agrega que en el vecindario apenas se están viendo los primeros efectos del cierre de oficinas y servicios a nivel federal.

Casa Catalina juega un papel importante en este vecindario al sur de Chicago desde hace tres décadas. Los servicios que ofrecen son variados: tienen una despensa de comida y un closet de ropa para donación. Además de ayudar a los usuarios a llenar sus solicitudes de SNAP tienen un programa especial para madres y bebés donde se ofrecen pañales, fórmula, ropa y otras necesidades del bebé.

Ayudan también en asuntos de salud, pues cuentan con un programa especial para los vecinos que padecen diabetes. Ellos asisten cada dos semanas para obtener raciones extra de frutas y verduras, además de lácteos, y una vez al mes tienen clases de nutrición para ayudarles a manejar su enfermedad.

Pero Casa Catalina es más que eso. Sus servicios comunitarios se extienden hacia asuntos de solidaridad. “El otro día tuvimos una mujer que acababa de llegar de México” dice la hermana. “Ella y su familia están buscando asilo porque en su pueblo de origen hay mucha violencia y asesinatos relacionados con el narcotráfico. También ayudamos a los padres de familia cuando el esposo o la esposa son deportados y necesitan ayuda para que la familia se vuelva a poner de pie”.

Oriunda de Las Empacadoras

Aunque Casa Catalina atiende un promedio de 200 personas por semana, la hermana Joellen dice que algunas dejaron de venir, bien porque se mudaron del vecindario a causa de la violencia, o porque, a veces, cuando hay rumor de deportaciones tienen miedo a salir a la calle.

La hermana dice que hace diez años, cuando el país se encontraba en una recesión económica, Casa Catalina servía a un promedio de 300 a 400 a la semana. “Pero la gente todavía se le ve muy necesitada” dice la hermana, quien agrega que los efectos del cierre parcial todavía se dejarán sentir en los usuarios de Casa Catalina.

La despensa de alimentos original comenzó en 1983 como un esfuerzo conjunto entre las parroquias de la Santa Cruz y el Inmaculado Corazón de María (HC/ICM, por sus siglas en ingles), que se fusionaron en 1981. Caridades Católicas asumió oficialmente la operación de la despensa de alimentos en 2005.

Por su parte, la hermana Joellen nació en el barrio de las Empacadoras. De hecho, a cuatro cuadras de Casa Catalina. “Teníamos una gran población de inmigrantes de Lituania” dice al recordar el barrio de su infancia. Ella misma es nieta de inmigrantes lituanos, y recuerda que ellos solo hablaban en lituano, por lo que al entrar a la escuela se le dificultó aprender inglés. “Por eso puedo entender el problema que las personas tienen cuando hablan otra lengua y quieren aprender inglés” dice.

La familia de Casa Catalina

Alrededor de 25 voluntarios ayudan en Casa Catalina. Atareados, llenan bolsas de despensas, hacen preguntas a la hermana Joellen, cargan paquetes. Entre los voluntarios está María Peregrina, una joven estudiante de la Universidad Iberoamericana en la ciudad de México que se encuentra haciendo trabajo voluntario.

“En México el servicio social es obligatorio” dice la joven de 23 años, “es dar una parte de tu tiempo a la sociedad y creo que aquí en Casa Catalina puedo retribuirle algo a la sociedad y hacer más por la gente”.

Ella es estudiante de Relaciones Internacionales y le interesa estudiar el fenómeno de la inmigración. “En la escuela lo vemos desde la perspectiva teórica” dice. “Pero como sabemos, una cosa es la teoría, y la práctica, la realidad puede ser completamente diferente”.

Mientras recorremos las instalaciones de Casa Catalina, la hermana Joellen nos presenta a Lizeth Flores, quien es la única empleada de planta. “Esta es mi mano derecha, mi mano izquierda y mis pies” dice la hermana. Flores trabaja aquí desde 2009, creció y estudió en este barrio. “Me gusta ayudar a la gente y Caridades Católicas tiene programas que dan a la comunidad”.

Muchos de los voluntarios en Casa Catalina tienen tantos años ayudando que ya son parte de una familia.

Maria Comenski tiene ya 14 años como voluntaria. Solía trabajar en la escuela frente a la parroquia Santa Cruz, y así fue como conoció a la hermana. “Cuando me jubilé la hermana me pidió que viniera y desde entonces he estado aquí” dice Comenski.

Curiosamente, Ernesto Rosas es un veterano joven, porque a sus 29 años, tiene ya 16 años viniendo a Casa Catalina. Empezó a ayudar desde que estaba en octavo grado, comenzó haciendo nueve horas por confirmación y siguió hasta la secundaria y la universidad. “Me mantiene ocupado” dice. “Tengo que andar moviéndome. Me gusta mucho trabajar con las manos y mantener el cuerpo ocupado, la mente ocupada”.

Actualmente, Rosas toma su día libre en el trabajo los miércoles para venir a ayudar, así que se le encuentra desde la mañana hasta las seis de la tarde. “Él ha entregado miles de horas de trabajo a Casa Catalina” dice la hermana.

Ron Wagonaffer recién cumplió 12 años como voluntario. “Crecí en el vecindario” dice, “y cuando me jubilé, venir aquí fue como volver a casa”. 

Wagonaffer dice que actualmente es parte de un programa especial. “Este programa permite dar a nuestros ancianos más alimentos para ayudarlos a estirar el presupuesto” dice.

Vemos a la hermana Darlene Mayo, hermana retirada de la congregación de Notre Dame y Hermanas de María, que pasados sus noventa años todavía visita el centro de detención en Kankakee, y no ha dejado de visitar Casa Catalina.

“Vengo los miércoles” dice la hermana Darlene, “he estado viniendo por unos 12 años”.

Algo hay en este proyecto que inspira a sus voluntarios a ser parte de la familia por muchos años. Casa Catalina es uno de los muchos proyectos que reciben apoyo de CRS. La colecta de CRS tendrá lugar en los cuarenta días de Cuaresma, por medio de la llamada Operación Plato de Arroz. Esté pendiente, coopere generosamente y hágase parte de la familia. Informes en: https://www.crsricebowl.org/about/ricebowl-faq

Para ser voluntario en Casa Catalina llame al (773) 376-9425.

 

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