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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Junio 2008

Ordenan 13 hombres para la Arquidiócesis

El Cardenal Francis George, O.M.I.ofreció este mes, en dos ceremonias separadas, el sacramento de la ordenación sacerdotal a 13 hombres que servirán como sacerdotes en la Arquidiócesis de Chicago. El sábado 17 de mayo el Cardenal ordenó a 11 hombres del Seminario de Mundelein, en la Parroquia Santa Juliana, ubicada en el 7201 N. Oketo Ave., en Chicago. Esta es la primera generación desde 1984 que no fue ordenada en la Catedral del Santo Nombre, la cual se encuentra cerrada por reparaciones estructurales.

Los hombres forman un grupo diverso: cinco son originarios de Polonia, dos de Tanzania, dos de México, uno de Colombia y otro de Ecuador.

Su grupo es más joven que otros ordenados en años recientes, con un promedio de edad de 29.6 años.

En otra ceremonia realizada el 29 de mayo en la parroquia de San Juan Cantius, ubicada en el 825 N. Carpenter, en Chicago, el Cardenal George ordenó a dos miembros profesos de los Cánones Regulares de San Juan Cantius, una comunidad religiosa católica romana de sacerdotes y hermanos fundada en la Arquidiócesis de Chicago en 1998. Sus miembros se dedican en el ministerio parroquial a la restauración de lo sagrado en la liturgia, el arte, la música y la historia eclesial.

Yepes: Más que pastor, un amigo

Al fin llegó el día tan largamente esperado. Walter Yepes ya es el sacerdote de una parroquia. Y no en su Medellín, Colombia, como quizás una vez pensó que sería, sino en Chicago.

Siete años después de ser ordenado, el colombiano Yepes hizo el juramento de fidelidad y servicio a la iglesia ante el obispo John Manz y una comunidad de feligreses de mexicanos que lo estima.

La Resurrección de María Reina del Cielo

Las imágenes que el padre Esequiel Sánchez conserva en su computadora de lo que eran las instalaciones de la parroquia cuando llegó allí hace unos tres años, hablan por sí solas del desafío que el joven pastor tenía por delante.

Eran huecos gigantes en el techo, paredes amarillas o con rajaduras, pisos mugrientos, “cuevas” de ratones y, entre otras muchas cosas, un pobre altar con una irreverente mesa negra en el centro.