El Buen Pastor… Recordando al Padre José Luis Castillo
Jesús, en varios momentos de la escritura, buscaba espacios de solitud para reflexionar en su vida y en su misión. Constantemente el silencio de su meditación fue interrumpido por personas que necesitaban un sentido de dirección, sanación, que tenían sed de enseñanza y hambre del amor de Dios. Jesús nota su necesidad y, citando la escritura su corazón, se conmovió por que “parecían ovejas sin pastor”.
Pero su reacción no se queda en el nivel del mero sentimiento. Jesús inconforme de simplemente “sentir pena” decide hacer algo. Jesús se convierte en maestro y en pastor, amorosamente atendiendo a sus ovejas. No se propuso darles lo que querían, sino darles lo que necesitaban. Jesús no fue el Dios distante que simplemente contempla la creación, desde lo infinito, esperando que ella misma busque la solución, con el resultado que ella se sienta en ocasiones impotente e ignorada. No se convierte en un padre que lo permite todo, creyendo que el ser un padre efectivo implica el permitirle todo a sus hijos, echándolos a perder. El se convierte en nuestro guía, nuestra fuerza y nuestra paz. Él es el Buen Pastor de quien habla tanto la escritura.
Emulando las enseñazas de nuestro Señor Jesucristo, el padre José Luis Castillo también fue un buen pastor... Oriundo de México, el padre Castillo nació el 12 de Marzo de 1943. Fue ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966. Después de haber vivido una vida muy fructífera llena de logros pastorales, de responsabilidades académicas y con una preparación excelente, llega a Chicago para apoyar el ministerio Hispano en la Arquidiócesis. Su trabajo pastoral, aunque no llamase la atención porque esa no era su intención, era generoso, efectivo y servicial. Él cuidaba de sus ovejas en la comunidad. El padre Castillo tenía un gran sentido del humor y una gran “chispa” que le abría muchas puertas y muchos corazones. Su naturaleza gregaria se mezclaba con profunda escolaridad en varios asuntos, desplegando la perfecta combinación de mente y corazón. Esto no se limitaba a sus parroquianos sino también a su familia biológica. Vivía orgullo de sus hermanos, sobrinos y demás familiares tratando de mantener un contacto constante. Él cuidaba de sus ovejas en su familia. Siendo un hombre de una gran integridad e insondable capacidad de servicio, siempre nos exhortaba a los sacerdotes jóvenes a continuar la lucha, a seguir formándonos, a mantenernos conectados y a “echarles ganas”. Él cuidaba de sus ovejas en sus hermanos sacerdotes. Siempre estuvo presente en toda reunión del clero hispano, en asambleas arquidiocesanas, en marchas por los inmigrantes, en celebraciones devocionales y demás convirtiéndose en un embajador de la figura de Cristo... Siendo un buen pastor.
Jesús es el pastor que nunca se rinde. A pesar de las diversa maneras en que la humanidad le ha fallado, él siempre es el mismo con su rebaño. Jesús, todo misericordioso y compasivo, prepara para nosotros una mesa llena de bendiciones, nos unge la cabeza con él más puro aceite y ahuyenta nuestros temores. El siempre llena su promesa y nos invita a disfrutar de las bendiciones que solo él puede ofrecer; bonanza, seguridad, paz y vida eterna. Esperamos que a la llegada del padre Castillo al cielo, el Señor haya dicho “Buen trabajo hijo mío... Bienvenido buen pastor.”


