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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

-El grupo recibe apoyo de CCHD Mujeres Unidas, un proyecto de aprendizaje y solidaridad

Texto: Redacción Chicago Católico

Maywood, al oeste de la ciudad, es un ejemplo de lo que ocurre en algunos suburbios. La comunidad hispana llega al vecindario y crece, pero los servicios que requieren son escasos o inexistentes.

En el centro cultural Quinn, en las instalaciones de la parroquia de Santa Eulalalia, en Maywood, un interesante proyecto comunitario se está llevando a cabo. Se trata del colectivo Mujeres Unidas, que ha recibido el apoyo financiero de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD por sus siglas en inglés).

El grupo lo conforman amas de casa que se han unido para obtener capacitación y apoyo para formar un negocio de venta de comida, mientras sus hijos disfrutan talleres de arte, entrenamiento de basquetbol y aprendizaje de danza, entre otras cosas.

Para saber bien en qué consiste y cómo empezó el proyecto, fuimos una tarde a la parroquia de Santa Eulalia; lo que encontramos fue un mar de entusiasmo, y muchas ganas de aprender.

Surge el grupo

Conversamos en uno de los salones con Gabriel Lara, director del centro Quinn. Lara nos cuenta que en Santa Eulalia, uno de los ministerios consistía en ofrecer comida de dos formas: como soup kitchen y como despensa. “El equipo de Santa Eulalia empezó a ver que no conocíamos muy bien a las familias que venían” dice. “Solamente escribían su nombre, pero no sabíamos bien quiénes eran.”

La parroquia hizo un cuestionario sobre la familia de los asistentes. Al final preguntaban: “¿cuáles son tus talentos? ¿Estarías dispuesto a compartirlos en el centro? ¿Qué te gustaría hacer?”

Se dieron cuenta de que las parroquianas traían de sus pueblos talentos como saber bailar, cocinar, hacer manualidades. “Entonces comenzamos a hablar con dos de las señoras, que decían ‘yo hago tamales y los vendo en mi casa’” dice Lara. “Les preguntamos si estarían dispuestas a formar un grupo de mujeres que quisieran cocinar juntas y ayudar en el centro. Pero ya ellas empezaron a ver la posibilidad de hacer una especie de cooperativa y vender tamales, o ayudar en las bodas cuando hay celebraciones aquí’.

Las mujeres se reunieron casi por un año todos los miércoles y llamaron a su grupo Mujeres Unidas. En una fiesta del 5 de Mayo decidieron hacer una cena en la parroquia para recaudar fondos. Ese fue su primer evento, decoraron el salón, e hicieron la comida.

El grupo tiene ya año y medio, y ya hacen planes de traer expertos en cocina de otros países a enseñarles. “Este año ya están pensando en certificarse en lo de sanidad y manipulación de alimentos” explica Lara.

Enviaron una propuesta a CCHD y fue aprobada. Lara nos comenta que el grupo tiene cinco componentes principales en su proyecto. “Uno se llama ‘nuestra cocina’ donde las mujeres que saben un poquito más sobre cocina enseñan a otras” explica Lara.

“El segundo componente se trata de tecnología” continúa, “que ellas sepan hacer su propio marketing: si les piden una orden, cómo mandar una factura, cómo hacer su página web. Para eso, empiezan con un nivel básico de computación.”

El tercer componente es el idioma. Las mujeres se comprometieron a aprender inglés, aunque sea nivel básico.

El cuarto es aprender la cuestión legal de manejar un negocio. “Ellas están viendo cómo conectarse con organizaciones que puedan enseñar el asunto legal” prosigue Lara.

El quinto componente tiene que ver con los niños. “Decían ‘Yo no puedo ir si mis niños no vienen’ Entonces todas traen a sus niños”. Lara explica que pensaron en una forma de day care donde ellas mismas se turnaran: cuidar a los hijos mientras la madre va a clases de computación o de inglés.

Talleres para los niños

La necesidad de ofrecer alternativas a sus hijos llevó al grupo de Mujeres Unidas a buscar entre grupos y personas del vecindario para que vinieran al centro Quinn a enseñar danza, arte y deportes. Cuando los visitamos, encontramos en uno de los amplios salones a un grupo de niños preparándose para tomar clase de danza folclórica. El grupo cuenta con unos quince niños.

Las maestras, María Martínez y Verónica Figueroa, son madres de familia voluntarias. “Queremos enseñarles las tradiciones que traemos de México” dice la señora Martínez. Originaria de Cuernavaca, Morelos, donde aprendió danza.

“Maywood ha progresado mucho” dice la señora Figueroa, quien es originaria de Guerrero y tiene once años viviendo en el vecindario.

Los programas han ido creciendo, al grado que no sólo los hijos de Mujeres Unidas los disfrutan, sino que atraen a otros chicos de la comunidad. Dos de los muchachos del centro ganaron una beca de mil dólares cada uno, al enviar sus proyectos al programa Summer of Service, que recibe fondos de varias corporaciones.

Un proyecto era traer maestros de arte. El chico que lo propuso, Kevin Gómez, se quejaba de que no había arte, ni siquiera museos, en su comunidad. Hoy, dos organizaciones de artistas están desarrollando un plan de talleres para los niños.

El otro proyecto aprobado fue el de ofrecer entrenamiento de basquetbol. Al centro comunitario vienen estudiantes de la Universidad Loyola y un adulto de la comunidad a prepararlos. La idea es atraer a muchachos involucrados en pandillas a practicar deporte.

Además, existen las tutorías que ayudan a los niños a estudiar y hacer sus tareas escolares.

Queremos misa en español

Con el dinero, explica Gabriel Lara, “lo que ellas han decidido hacer es comprar material que necesitaban, como cuchillos, tablas de cortar, ya compraron carritos para las charolas de comida. Ahora en lo que quieren invertir es en su certificación para manipulación de alimentos y sanidad. Ese es el siguiente paso.”

“Ahora estamos por establecer una relación con un chef de Ecuador que trabaja en Guadalajara” dice Lara. “Tiene su escuela para chefs. Él es el que va a traer chefs para capacitar a las señoras en sanidad, pero él va a venir durante el año para dar por ejemplo un curso de siete clases donde ellas van a aprender a hacer platillos principales. Luego, aprenderán a hacer postres, y appetizers.”

Evangelina Liborio es presidenta y fundadora de Mujeres Unidas. Era tal su deseo de aprender manualidades y otras destrezas que tenía que viajar desde Maywood hasta el sur de Chicago, en la avenida 63, para tomar clases. Hablando con Gabriel Lara se preguntaron, ¿por qué ir tan lejos? ¿Por qué no traer las clases acá?

La señora Liborio tiene 16 años en Chicago, pero es originaria de Oaxaca, y cocina tamales oaxaqueños. Ella tenía ya un negocio de venta de tamales antes de ser parte del grupo.

Cuando uno platica con ellas se siente la unidad del grupo. “Entre nosotras nos pasamos las recetas y entre todas las hacemos” explica Sonia Martínez, quien agrega: “Nuestra meta ahora es arreglar la cocina del Centro” explica Sonia Martínez, “porque no está en condiciones, por tanto tiempo que estuvo el edificio cerrado, se dañó mucho y no hay mucho con lo que podamos trabajar. Es lo primero que tenemos que hacer, surtir bien la cocina, conseguir una buena estufa”.

Todas las integrantes del grupo cocinan. “Cada quien agrega sus recetas, su sazón, sus ideas” dice la señora Martínez. Incluyen a sus hijos. “Ellos nos vienen a ayudar” agrega, “Los días en que tenemos eventos grandes nos ayudan como meseros. Con eso los estamos enseñando que tienen que trabajar para ganarse la vida y van teniendo experiencia en el trato con las personas.”

Cuando les preguntamos por los problemas que enfrentan en su comunidad coinciden en señalar que no hay suficientes servicios en español, que en las escuelas muy pocas personas hablan español y que no todas las madres del grupo hablan inglés, lo cual es un problema para comunicarse con los maestros.

“Y otra” añade Evangelina Liborio, “queremos misa en español aquí (en Sta. Eulalia).” Inmediatamente se suman las demás: “No tenemos misa en español”

“Lo necesitamos urgente” agrega la Sra. Liborio “porque todas las personas se están yendo a otros lugares por lo mismo. Si tuviéramos misa en español tendríamos más presencia hispana. Yo vengo a misa aquí, pero muchas se van a Cícero, se van a Melrose Park, porque allá sí hay en español”.

Carla Martín asiste a misa en Sta Eulaia “porque es nuestro hogar” dice, “pero a mí el idioma no me ayuda. Escucho con devoción pero no entiendo. Yo tengo a mi hijo en una escuela católica (en Melrose Park) y es el mismo problema, allí solo una persona me habla español.”

El Quinn Community Center es nombrado en honor a Monseñor William Quinn, que vivió y fue párroco en Santa Eulalia por 19 años. “En la parroquia conocen a Monseñor Quinn como una persona dedicada a la justicia social” explica Gabriel Lara. “Por cierto que César Chávez fue uno de los lectores en la celebración de sus 25 años como sacerdote.”

Por ahora hay 17 mujeres en el proyecto, que comienza su segundo año, esta vez con ayuda de la beca de CCHD.