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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Una autoridad sin amor es una tiranía

Padre Marco A. Mercado

Delegado del Arzobispo para el Ministerio Hispano

Estimados hermanos y hermanas, con gusto les escribo al inicio de la primavera y luego de la gran fiesta de Pentecostés.

Precisamente de la fiesta de Pentecostés es lo que deseo compartir con todos ustedes. Por desgracia, el Espíritu Santo pareciera ser el gran desconocido del cristianismo. Todos aprendimos en el catecismo que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que al igual que el Padre y el Hijo es Dios, pero ¿cómo entender realmente al Espíritu Santo? Obviamente, al tratarse de un misterio no pretendo poder explicarlo, pero si ilustrar el papel que juega en algunos aspectos de nuestra vida diaria y en nuestra fe.

Como todos sabemos, para que una construcción sea sólida se necesita algo que una a los materiales para darles fuerza y consistencia. Varios ladrillos sobrepuestos son fáciles de tumbar a menos que estén unidos con cemento, las maderas de una casa deben estar fuertemente unidas con clavos o tornillos, el profesionalismo de un buen constructor permite que la construcción sea sólida sin que se noten los materiales que la unen. En nuestra vida cristina hay dos elementos fundamentales que han sido columna vertebral de la religión por todos los siglos.

La ley y la autoridad. Dios ha creado una armonía perfecta en todo lo creado y al crear al hombre le ha dado dominio sobre lo creado, este dominio sobre la creación se puede entender como autoridad, la autoridad crea leyes que ayudan a mantener el orden y el equilibrio. La ley y la autoridad son fundamentales. En todo el Antiguo Testamento vemos cómo la ley es algo que rige la vida del pueblo de Israel y cómo los sacerdotes deben hacer que se respete la ley. Cuando Jesús viene es acusado de no cumplir y respetar la ley, sin embargo él asegura que no ha venido a abolir o desconocer la ley, sino a darle pleno cumplimiento. Este pleno cumplimiento es aquello que hace que la ley y la autoridad se apliquen de una nueva manera, algo que une ambos elementos fundamentales y sin abolirlos les da una nueva dimensión, esto el amor, la caridad, o el espíritu santo, el Espíritu Santo es el amor de Dios que da un perfecto equilibrio a la ley y a la autoridad que Jesús manifiesta con su vida misma y con su máximo sacrificio en la cruz. Todos aquellos que son padres de familia saben lo difícil que es mantener la ley, es decir las normas, y ser autoridad y al mismo tiempo hacerlo con amor. Una autoridad sin amor es una tiranía, una ley sin caridad es un precepto que mata y endurece los corazones. No es casualidad que el deseo de una reforma migratoria se le llame integral, es decir completa y compasiva, es decir que vea la necesidad del ser humano. La misión del cristiano es vivir una vida marcada siempre por el amor que es el Espíritu Santo y que nos lleva a mantener un equilibrio en todo lo hacemos para buscar el orden que Dios nos ha dado en la creación.

Los invito a hacer oración para que con el trabajo de cada uno de nosotros podamos impregnar y cambia nuestra vida y sociedad con la fuerza mas poderosa que existe que es el Amor.

Con mi oración quedo de ustedes y me encomiendo a sus oraciones