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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Unión Latina recibe apoyo de CCHD Una alternativa para los jornaleros

Texto: Julio A. Rangel

Lo primero que percibimos al entrar en las oficinas de la Unión Latina es el olor a café. Los miembros de la cooperativa Café Chicago tienen una reunión para discutir estrategias de mercadeo. Quieren introducir su producto – un café producido por una cooperativa de mujeres en Nicaragua– en más tiendas y centros comerciales de Chicago.

El café que venden es de primera calidad, orgánico –es decir, no modificado genéticamente, y cultivado sin pesticidas ni otros ingredientes dañinos a la planta y a la tierra– y comercializado por el mecanismo del “fair trade”, que garantiza a los campesinos un pago justo por su trabajo.

Eso precisamente, un pago justo a los trabajadores, es lo que la Unión Latina tiene entre sus objetivos. Café Chicago es uno de los proyectos que permiten a la Unión Latina financiar sus actividades.

La Unión Latina se fundó en el año 2000 como una iniciativa de mujeres trabajadoras que vieron la forma en que los jornaleros recibían abusos de sus empleadores o de las agencias de trabajo temporal y en ocasiones, robos de salario.

“Los abogados no los ayudaban” dice Eric Rodríguez, director de la Unión Latina. “En esa época la organización no era apoyada por las fundaciones y vendíamos chocolate, aguas, lo que fuera, todos éramos voluntarios.”

Conectar a empleadores y jornaleros

La Unión Latina dio un paso muy importante en 2004, cuando abrió su local, ubicado en 3416 W. Bryn Mawr, en el vecindario de Albany Park.

“Este espacio se abrió por los compañeros que se paraban en las esquinas en este vecindario” dice Rodríguez. “Ellos lo abrieron como una alternativa para los jornaleros de Albany Park, y sirve también como un proyecto piloto para que la Ciudad entienda que es posible organizar a los jornaleros. Esto es una muestra.”

Desde este local, la Unión Latina cumple la labor de conectar a empleadores y jornaleros.

Patricio Ordoñez se encarga de coordinar a los trabajadores. “Si alguien llama queriendo contratar a los compañeros, le tengo que hacer unas preguntas al empleador” dice. “Por ejemplo, qué clase de trabajo necesita, cuántos compañeros, por cuántas horas o días. Y algo muy importante, cuánto va a pagar. Y el arreglo es entre el trabajador y el empleador.”

Una vez que se llega a un acuerdo, la Unión Latina brinda un contrato escrito. “Esto es muy importante para evitar robo de salario” dice Ordoñez.

El trabajador le presenta al empleador el contrato para que lo firme. Al final de la jornada, el trabajador cobra su dinero en efectivo, y todo el dinero es para él. “No hay un porcentaje para Unión Latina” añade Ordoñez. No somos una agencia de trabajo, somos una organización que ayuda a los inmigrantes de bajos recursos.”

Ordoñez nos comenta que también se imparten clases de inglés tres veces a la semana, además de tener talleres. “Como a veces llegan nuevos compañeros que no saben de construcción” dice, “queremos darles las herramientas necesarias para que pueda aprender. Y los que ya saben, que aprendan nuevas habilidades. También tenemos talleres de salud y seguridad.”

Apoyo de la Campaña Católica

Otra fuente de apoyo para la Unión Latina ha sido el estímulo de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD por sus siglas en inglés).

La Unión Latina ha recibido este año un apoyo de $70,000 de CCHD. “El dinero de la Campaña Católica se usa en los programas de los jornaleros” dice Eric Rodríguez, “también en los programas de las trabajadoras domésticas y en el departamento de Desarrollo Laboral.”

“Esto significa desarrollar las habilidades del negocio” explica Rodríguez. “Así que muchos de los fondos van a eso. Eso les da las habilidades para que los compañeros puedan tener éxito al manejar el negocio. Primero tienes que prepararlos, darles la experiencia, traer los talleres.”

Precisamente el día que visitamos las instalaciones de Unión Latina, los miembros de Café Chicago se encontraban en una junta de negocios con Denis Kelleher, director de Workplace Democracy Group, para hablar de diferentes planes de mercadotecnia (marketing). “Hemos estado trabajando con Unión Latina desde abril de este año” nos dijo Kelleher al final de la reunión, “dando información sobre la forma en que trabaja una cooperativa. Básicamente lo que vamos a hacer es cubrir un plan de negocios para Café Chicago, para que pueda ser un negocio sostenible.”

Café Chicago inició en la primavera de 2011, y según nos informa Eric Rodríguez, ha generado un poco más de 50 mil dólares de ventas.

Un elemento importante en el éxito de Café Chicago es la tarea de Tony Sánchez, quien ha ido aprendiendo a llegar a las tiendas y formar acuerdos con comerciantes. “Me encargo de buscar nuevos clientes para nuestro café” dice Sánchez. “Nada es fácil al principio, hay que trabajar continuamente y cada día mejorar nuestra forma de introducir nuestro producto.”

Sánchez nos dice que cada cliente es diferente, por lo que se requieren diferentes estrategias para colocar el producto. “Tratamos con clientes de tiendas regulares y con carnicerías, incluso licorerías y farmacias. A veces vienen (al local) y compran una libra, media libra.”

En ocasiones, José Luis Escutia les lleva café caliente a los trabajadores de la esquina de Pulaski y Foster y de Belmont y Milwaukee. Los jornaleros de estas esquinas, en su mayoría de Europa del Este, veían con agradecimiento en las frías mañanas del invierno pasado, que José Luis se acercaba con el café. Y en el verano, se acerca con refrescos.

Escutia es encargado también de buscar tiendas para vender café. Durante el verano trabaja en construcción. En el invierno se dedica más a Café Chicago. “Yo en México me dedicaba a vender, así que esto no es nuevo para mí” agrega.

Los más desprotegidos

Los fondos de CCHD ayudan a mantener las diferentes actividades de la Unión Latina, pero no sólo las del centro de trabajo de Albany Park, sino también un programa de trabajadoras del hogar. “Trabajamos además con una coalición que se llama Pago Justo para Todos” dice Elisa Ringholm. Ella es directora de Desarrollo Organizativo. Esto incluye recaudar fondos, manejar finanzas y comunicación.

“Trabajamos para parar el robo de salarios” explica Ringholm, “por la educación comunitaria y el cambio de las leyes estatales para que trabajadores y trabajadoras tengan más derechos y más recursos para recuperar salarios robados o prevenir el robo.”

Ringholm nos comenta que la Unión tiene una membresía para sus integrantes. “Un miembro está comprometido a la misión de la organización” dice. “Está activo en sus actividades y hace una donación de diez dólares anualmente. Estamos ahora revisando esta estructura y explorando una nueva. Básicamente, todos los trabajadores aquí son miembros.”

Le preguntamos de cuántos miembros estamos hablando. “Ahora estamos creciendo” responde, “es por eso que queremos revaluar nuestra estructura de membresía”. Esto, debido a que la estructura anterior se creó antes de que tuvieran una base de trabajadores del hogar. “En el pasado hemos tenido un núcleo de 200 trabajadores, 900 han estado involucrados de una manera u otra y hay dos mil jornaleros con quienes tenemos alcance en las esquinas o a quienes ayudamos contra el robo de salario anualmente, así que hay varios niveles en los que un miembro está involucrado” dice.

La situación de los jornaleros inmigrantes es delicada y la tarea de Unión Latina cobra hoy una especial importancia. “Tristemente, las trabajadoras del hogar y los campesinos son excluidos de las leyes básicas laborales” dice Ringholm.

Uno de los grupos más desprotegidos es el de las trabajadoras domésticas. Ringholm hizo alusión a la ley Wagner, de 1935: “Dio derechos laborales básicos a todos los tipos de trabajadores en los Estados Unidos, pero los senadores del sur dijeron que sólo firmarían el documento si las trabajadoras del hogar y campesinos fueran excluidos, porque en ese tiempo éstos eran afroamericanos.”

Actualmente, la Unión Latina se ha unido a otras organizaciones para promover una propuesta de ley por los derechos de las trabajadoras domésticas en Illinois. Esto, para Eric Rodríguez, es “una legislación histórica en este país. Sería la primera vez en la historia de Illinois y del Medio Oeste del país, que reconocemos esa fuerza laboral que nunca fue incluida en las leyes básicas de protección al trabajador.”

“El único estado que había pasado fue Nueva York en 2010” continuó. “Tristemente esta semana el gobernador Brown de California rechazó esa ley, es un triste momento, pero lo bonito es que esas trabajadoras que tenían ya dos años en California, iniciaron esa idea alrededor de todo el país y eso inspiró a las trabajadoras de Illinois para hacer lo mismo.”