- Un proyecto que une a Chicago y Nsukka Enlace con las escuelas católicas de Nigeria
“Somos un pueblo pobre, pero somos un pueblo feliz”. Esto fue lo que escuchamos de dos sacerdotes en un viaje reciente que hicimos a Nsukka, Nigeria, para ver de primera mano la sociedad que formó nuestra Oficina de Escuelas Católicas con la Diócesis de Nsukka.
A finales del mes de junio atravesé las 6,000 millas que nos separan de Nigeria en compañía de cuatro educadores de la Arquidiócesis de Chicago. Su tarea era ofrecer desarrollo profesional a maestros y directores de la Diócesis de Nsukka.
La gente en Nsukka vive sin muchas de las cosas que los estadounidenses damos por sentado, como el agua potable y un flujo regular de energía eléctrica. El gobierno proporciona sólo una fracción de la electricidad necesaria para el uso diario y lo hace de manera intermitente. La mayoría de las personas dependen de generadores para producir su energía eléctrica. Sin embargo, el costo del combustible es alto, por lo que muy pocos pueden permitirse el lujo de tener encendidos sus generadores durante mucho tiempo todos los días. Los casos de malaria y de fiebre tifoidea son comunes y el desempleo es rampante.
Nigeria es el país más poblado de África con 170 millones de personas. También es el mayor productor africano de petróleo. Desgraciadamente la mayor parte de las ganancias de las compañías petroleras son desviadas por funcionarios corruptos y muy poco se destina a infraestructura o a la construcción de un país más fuerte.
Ocupa el segundo lugar en el mundo en número de personas que viven con VIH / SIDA.
Iglesia en Nsukka
La Diócesis de Nsukka es joven, tan sólo cuenta con 21 años de edad. Comprende 100 parroquias y cada año agrega más.
En las escuelas primarias, la calidad de la educación y el medio ambiente varía, pero todas ellas serían consideras inadecuadas y pobres para los estándares estadounidenses. Los maestros tienen pocos materiales con los que enseñar, de manera que su instrucción se basa en tener a los niños memorizando lo que necesitan aprender. Las escuelas secundarias son un poco mejor.
En los primeros niveles, no es raro que los maestros carezcan ellos mismos de capacitación formal, especialmente en las zonas rurales. Y el salario es bajo. A los maestros de escuelas católicas se les paga $1 al día y a los maestros de escuelas de gobierno se les paga $2 por día. Y las clases mismas se dan en condiciones muy sencillas, a veces improvisadas.
Tendiendo la mano
El panorama sombrío de su país condujo al Padre Willy Odo a tocar las puertas de la arquidiócesis en busca de ayuda en el año 2006, cuando vino a Chicago a recibir capacitación en el tribunal arquidiocesano. Durante el tiempo que vivió en la residencia en St. Aloysius, Odo conoció a Esther Hicks, directora de identidad y misión católica de la Oficina de Escuelas Católicas, quien lo presentó con el entonces superintendente Nick Wolsonovich, para discutir cómo podría ayudar la arquidiócesis a las escuelas en Nsukka. De ese encuentro nació una sociedad entre las dos entidades.
“A nuestra oficina se le piden muchos, muchos favores de todas partes y no podemos responder, básicamente porque no tenemos el suficiente contacto o la suficiente información acerca de una situación en la que nos piden ayudar. Esta era una situación especial”, dijo Hicks.
Odo, quien funge como vicario judicial para la Diócesis de Nsukka, dijo que estaba impresionado con las escuelas católicas de Chicago y vio en ellas una esperanza para su pueblo. A pesar de que su formación es en derecho canónico, entiende la importancia de la educación.
“También creo que si nuestro pueblo desea crecer —para convertirse en lo que debería ser— sus integrantes podrán hacerlo únicamente cuando estén educados”, dijo. Así, en 2006, el Cardenal George y el Obispo Francis Okobo, de Nsukka, acordaron una alianza formal entre la iglesia de Chicago y Nsukka para construir un mejor futuro para Nigeria a través de la educación católica. Hicks fue nombrada directora del lado estadounidense para este proyecto mientras que Odo fue designado para dirigir la parte nigeriana.
En sólo unos años que lleva esta sociedad, se han forjado lazos, se les ha dado voz a maestros y directores y se les ha capacitado en métodos modernos de enseñanza; también se han diseñado planes para la edificación de una escuela modelo cuya construcción comenzará este otoño con la sección infantil.
Una vez que la escuela de $5 millones en Nsukka esté terminada, ofrecerá sus servicios a alumnos desde los 3 años de edad hasta formación universitaria, e incorporará una universidad de maestros para formar a los futuros educadores de la diócesis. El grupo sigue recaudando dinero para financiar la totalidad de la construcción.
Comienza el proyecto
Hicks hizo su primera visita a Nsukka durante la Semana Santa de 2007. “Fue una experiencia reveladora”, dijo.
A su regreso a Chicago formó un “comité de intereses”, compuesto por personas de las áreas de educación, salud y construcción que estaban interesados en el proyecto y tenía las destrezas para ayudar.
El grupo también mantuvo reuniones y talleres con los dirigentes diocesanos y con el personal de la escuela para preparar un informe que evaluara el estado de la educación en la diócesis. “Obtuvimos los aspectos positivos y los negativos”, dijo Hicks.
Estado de la educación
Durante muchos años no hubo escuelas católicas en esta zona de Nigeria, después que el gobierno se apoderó de todas las instituciones católicas al término de la guerra civil en la década de 1970. En aquel tiempo se expulsó a todos los misioneros —incluyendo los obispos misioneros que operaban las diócesis.
Después de la guerra, el Beato Papa Juan Pablo II reorganizó las diócesis, nombró obispos nativos y les dio la tarea de reconstruir la iglesia. Comenzaron a construir parroquias y nuevas escuelas.
El nivel de educación en las escuelas públicas es inferior al estándar, dijo el Padre Fidelis Ikpe, director de educación en la diócesis de Nsukka, y al igual que en Estados Unidos, los padres hacen un esfuerzo por reunir el dinero para pagar la colegiatura de una escuela católica “para que sus hijos sean educados en una manera apropiada”.
A los padres se les cobra una colegiatura que ayuda a la manutención de las escuelas (por lo general cerca de $30 al año, más uniforme y cuotas para materiales), pero esta aportación es insuficiente para cubrir todos los costos. El costo de educar a un estudiante durante un año en el nivel primario ronda los $350.
Además de los problemas de falta de agua potable y electricidad y de una infraestructura deficiente, hay otros desafíos educativos en Nsukka, dijo Ikpe. En primer lugar, muchos profesores carecen de la educación adecuada.
El desarrollo profesional es una de las áreas en las que está ayudando la sociedad formada con Chicago. Además, las escuelas carecen de los medios económicos para ofrecer buenos materiales para la educación.
En el interior del país o en las zonas rurales, hay otros desafíos; el principal es que los padres no valoran la educación. “Ellos quieren que sus hijos se casen sin educación básica y que vayan a trabajar en las granjas”, dijo Ikpe.
Un nuevo método
El acceso limitado a materiales de enseñanza fue una de las razones por las que los miembros de la alianza decidieron capacitar a los maestros de las guarderías y a los de educación preescolar en el método de enseñanza Montessori.
Este viaje sirvió para que la hermana Barbara Jean Ciszek, de la Congregación de San José y directora del Centro para la Primera Infancia Cardenal Bernardin, en colaboración con Jeanne Henry, maestra de primer grado de la Sagrada Familia en Inverness, capacitaran a un grupo de 50 maestras y directores de guardería en el método Montessori. El grupo provenía de 15 escuelas de toda la diócesis, las cuales serán centros piloto para la educación Montessori.
Fue un momento especial para la delegación de Chicago debido a que la reunión tuvo lugar en un salón recién construido, financiado por un donante de la Arquidiócesis de Chicago.
Hicks y Carol Fendt, co-directora del Prairie Group, un grupo de investigación de la educación en la Universidad de Illinois en Chicago, llevaron a cabo un congreso de liderazgo de dos días para 100 maestros y directores.
Durante la segunda semana de su estancia, Ciszek y Fendt visitaron las escuelas piloto, mientras que Hicks hizo un recorrido a los hospitales católicos con el fin de atender el aspecto del cuidado de la salud que contempla el proyecto.
Todavía queda mucho por hacer, pero Ikpe afirma que ya se puede ver la diferencia que está haciendo esta sociedad en las escuelas. Cada vez que los maestros y directores vienen a recibir un taller se genera un cambio en el método de enseñanza, dijo.
Capacitaciones como la del método Montessori produce beneficios inmediatos.
“Cuando vuelvan a la escuela tendrán nuevas ideas sobre lo que pueden dar a los niños. Antes del taller no tenían ese conocimiento”, dijo.
“Es decir, no será sino hasta que ellos mismos estén educados que podrán ir a educar a otros”.
Para más información o para ayudar a esta sociedad, póngase en contacto con Esther Hicks al (312) 534-5305 o ehicks@archchicago.org.



