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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Tomen y coman todos ...(Parte I)

Juan Carlos Farias

Oficina para la Catequesis

Parte II
Parte III

Este pasado mes de julio, la Arquidiócesis de Chicago inició una serie de iniciativas encaminadas a animar la participación frecuente de todos los católicos en la Eucaristía o la Santa Misa. Como lo enfatizan el catecismo y otros documentos de la Iglesia, la Eucaristía es el culmen y la cima de toda la vida sacramental de la Iglesia. Así mismo, la Eucaristía tiene una riqueza espiritual incalculable si se participará en ella conscientemente. Como lo dice San Anselmo: “Una sola misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil misas celebradas por la misma intención, después de la muerte.”

Para comprender el verdadero significado de la celebración de la Misa debemos entender cada una de sus partes, para ello ofreceré aquí una breve descripción básica.

La Misa se compone de dos grandes partes: La liturgia de la Palabra y la liturgia de la Eucaristía.

Ritos introductorios

Antes de iniciar la liturgia de la Palabra, el celebrante que preside nuestra ceremonia nos inicia con el rito introductorio. Con este rito se nos da la bienvenida y se nos da algunas pequeñas notas del motivo de nuestra celebración. Inmediatamente después nos introduce en el rito penitencial, en el cual se nos invita a reconocer los momentos en que hemos transgredido la voluntad de Dios con nuestros hechos, pensamientos, palabras u omisiones. Al final de la oración penitencial el sacerdote nos otorga una breve absolución de los pecados no graves, para que nosotros nos encontremos en la mejor disposición de escuchar la Palabra de Dios. Después de este rito se canta el Gloria si el tiempo litúrgico lo permite. Es muy importante que durante la transición de un rito a otro se conserven varios espacios breves de silencio sobre todo cuando se entra en las oraciones colectas como es el momento que preside a la liturgia de la Palabra. En la oración colecta el celebrante invita a la comunidad a recoger todas las intenciones de la Iglesia y de la comunidad y en las palabras que pronuncia nos indica el tono de la celebración.

Liturgia de la palabra

Durante la liturgia de la Palabra, por lo general en las misas dominicales, se leen dos lecturas y un salmo y después se proclama la lectura del Evangelio. Por lo general, las dos primeras lecturas están distribuidas de manera que se lea la primera lectura del Antiguo Testamento y la segunda del Nuevo. Sin embargo, a veces estas disposiciones pueden cambiar debido al tiempo litúrgico. Estas liturgias dominicales han sido ordenadas en tres ciclos en los que se ha distribuido una gran parte de los textos evangélicos. Ciertamente sería oportuno hablar aquí del Calendario Litúrgico para entender un poco más esta riqueza litúrgica sin embargo por motivos de tiempo no lo haremos en esta ocasión, pero lo reconsideraremos para un futuro artículo. Lo que podemos decir de manera rápida es que en el ciclo “A” dominical se proclama el Evangelio de San Mateo, en el ciclo “B” es San Marcos y partes del evangelio de San Juan y en el ciclo “C” el evangelio que se proclama es San Lucas. Este año 2012 estamos proclamando el evangelio de San Marcos.

La escucha atenta de la Palabra de Dios es una de las actitudes requerida. Nuestras posturas requeridas para esta escucha son bien importantes por lo que para las dos primeras lecturas se pide a la asamblea a que escuche la Palabra de Dios sentados y para la escucha del Evangelio sea de Pie.

Después de la escucha de la Palabra de Dios, el celebrante nos vuelve a invitar a que nos sentemos para escuchar la reflexión o lo que llamamos la homilía. Durante este momento, el celebrante nos hace énfasis en algunas palabras de las lecturas escuchadas. Es muy conveniente que en estos momentos de reflexión se eviten en la medida de lo posible las distracciones pues son momentos en los que recogemos algunas ideas espirituales que son de mucha importancia.

Para encontrar una riqueza mayor en la homilía en muchas parroquias de nuestra arquidiócesis de Chicago se tienen misales para que volvamos a releer y visualizar los puntos que el celebrante está enfatizando sobre la Palabra de Dios. Aquí anexo una oración breve que se atribuye a San Anselmo y que puede servir para tu reflexión.

Señor y Dios nuestro,
concédenos la gracia de desearte
con todo nuestro corazón,
para que, deseándote,

podamos buscarte y encontrarte;

encontrándote podamos amarte y,
amándote, podamos aborrecer
aquello de lo que nos has redimido.
Amen” (San Anselmo)