Los reconocimientos de la 14 Noche de Gala Franco Foti: Mostrar el verdadero rostro de la diversidad
La tarde es silenciosa en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, al suroeste de la ciudad. Los niños de la escuela han salido de vacaciones y el diácono Franco Foti, quien recibirá el reconocimiento St. Stephen de la 14 Noche de Gala, hace sus labores cotidianas en la oficina de la parroquia, donde trabaja de tiempo completo. El silencio es interrumpido por el timbre de la calle: Una señora
ha venido a recoger una despensa de alimentos. “Es un trabajo interesante –dice Foti–, porque cuando alguien toca el timbre no sé qué es lo que me espera. A veces tengo que salir corriendo al hospital a visitar a alguien.”
Nacido en Argentina hace 49 años, Franco Foti llegó a este vecindario en 1994. De inmediato empezó a participar en las actividades de la parroquia. “A medida que iba pasando el tiempo, me di cuenta de que había hispanos en la comunidad –dice–, que por alguna razón no se les estaba, digamos, dando el lugar que se merecían en la comunidad para que pudieran enriquecerse de la liturgia y catequizarse.”
La resistencia de la gente
Foti comenzó a ver las posibilidades de crear un ministerio hispano y tener una misa semanal en español, la cual comenzó trece años después, en octubre de 2007. “Durante todo ese tiempo estuve siempre participando en el concilio pastoral –dice– . Tratando de abrir la puerta a los hispanos. Me encontré con muchos bloques, muchas rocas en el camino. Eso fue lo que hizo que tomara tanto tiempo.”
Le preguntamos al diácono cuál era la resistencia que oponía la gente. “Yo pienso que la gran mayoría se resistía por la idea de que estamos en Estados Unidos y se debe hablar en inglés” responde.
Uno de los principales temores de la comunidad entonces era que con la misa en español se abrirían las puertas del barrio a la comunidad hispana, y por consecuencia “se transformaría el barrio”. Esto es, los valores de la casa bajarían y con ello el nivel de vida.
“Yo le puedo decir que en los últimos diez años ha habido un incremento bastante considerable de gente hispana que se ha mudado a este barrio –dice Foti–, y que eso de ninguna manera afectó los valores de la vivienda, más allá de la realidad económica que está pasando el país.”
Por el contrario, la comunidad hispana se integró al vecindario de una manera enriquecedora. “Inclusive he visto que hay muchos señores hispanos que se ofrecen a los vecinos a cortar el césped –comenta Foti–. En la calle donde yo vivo hay una señora de descendencia polaca con un marido, veterano de la Segunda Guerra Mundial y un vecino mexicano que se mudó al lado de la señora le ayuda con las cosas del jardín. La señora está feliz de la vida.”
Foti asegura que el trabajo fue mostrarle a la gente el verdadero rostro de la diversidad. “Que la diversidad no es algo negativo, es algo que puede contribuir, puede agregar a la parroquia”, afirma.
Por una parroquia integrada
¿Qué llevó a Franco Foti a dedicar sus esfuerzos por una misa en español? Hubo
en particular una anécdota, que él nos platica: “Yo tengo un amigo íntimo en Argentina que es sacerdote. En el 98 lo invité a que viniera a celebrar el bautismo de mi hijo. Él se estaba quedando en mi casa, y varias personas hispanas de la comunidad lo vinieron a buscar. Le pidieron si por favor podría celebrar una misa en español el domingo siguiente, porque él había venido para quedarse por dos semanas. Él aceptó con mucho gusto. Yo vine y lo acompañé, teníamos la iglesia llena de gente. Allí fue cuando empecé a contemplar realmente la posibilidad de hacer algo más concreto respecto al ministerio hispano, porque si esta era una misa anunciada con pocos días de anticipación, ¿cómo era que se había llenado la iglesia?”
A partir de allí, la idea de ordenarse como diácono permanente empezó a tomar forma. Después de hablarlo con su esposa (con quien tiene 25 años de casado), Foti, entonces técnico en computación, decidió que quería dedicar sus esfuerzos a la iglesia, y finalmente fue ordenado en 2009. “Antes de dedicarme por completo a la parroquia trabajaba en un laboratorio clínico como analista de sistemas –explica–. He ido a la universidad para aprender sobre ciencias de la computación y me fue bastante bien. Pero, en definitiva, cuando fui ordenado diácono ya sabía en mi interior que lo que yo quería era dedicarme a una vida total, entregada a lo que es el ministerio, el apostolado.”
En todo este tiempo, los esfuerzos por crear una red comunitaria alrededor de la iglesia han dado diversos frutos, no sólo entre los hispanos, pues este mes de junio comenzaron con una misa en polaco los domingos. “Con el párroco que tenemos ahora, estamos trabajando muy bien –dice Foti–. Su nombre es Stan Rataj. Él es de familia polaca, y habla polaco, lo suficiente para celebrar misa. Él también habla español así que celebra misas en español.” El diácono nos explicó que ahora la parroquia cuenta con una sociedad guadalupana, lo que ayuda a organizar a los hispanos en un tipo de movimiento que lleva el Evangelio a sus casas, a sus lugares de trabajo. De este grupo, dijo, han salido todos los ministros de eucaristía, todos los lectores, incluso los monaguillos. “Hace poco también la sociedad guadalupana recaudó fondos vendiendo tamales – explica–, y con el dinero pudieron pagar a dos profesores para enseñar inglés. Entonces ahora tenemos esas clases de ESL en la comunidad, que son programas de doce semanas.”
Tras los incansables esfuerzos por una parroquia integrada, Franco Foti recibirá el reconocimiento de la Noche de Gala. “Es un halago muy grande para mí –expresa–, me tomó por sorpresa. Porque realmente yo puedo pensar en uno o dos diáconos que podrían merecer tal reconocimiento. Pero por sobre todas las cosas para mí es una ocasión para reflexionar, para pulir tal vez algunas asperezas y salir adelante con la misión del Evangelio.”
Al centro de sus esfuerzos está el servicio a la comunidad. Esto se ve particularmente en el proceso de integración entre anglos, polacos e hispanos. Respecto a los hispanos, dice: “El resto de la comunidad los ha aceptado muy bien. Y pienso que aún mejor los aceptaron nuestros hermanos polacos porque para ellos es como si los hispanos hubieran abierto el camino, pavimentaron la ruta para que ellos pudieran entrar y tener también su misa.”



