Su donativo a la Campaña Anual hace posible todo San Silvestre es un ejemplo de cómo la colecta ayuda a la comunidad de fe
En el otoño de 2007, el padre Paul Stein apenas llevaba dos meses como párroco de la parroquia de San Silvestre, en Logan Square, cuando se dio cuenta de que necesitaba ayuda.
Un viernes por la tarde una persona de limpieza dejó el grifo abierto de una de las piletas de limpieza ubicada en el segundo piso y para el lunes por la mañana, el agua había dañado cerca de la mitad del edificio.
Stein necesitaba ayuda con algo más que la escuela. Cuando vio a su alrededor, vio que se necesitaba trabajo en todo el campus de la parroquia, algunos de cuyos edificios tenían casi 100 años.
De manera que llamó a la Oficina de Instalaciones y Construcción de la Arquidiócesis de Chicago, uno de los muchos departamentos financiados con la ayuda de la Campaña Católica Anual. Greg Veith, gerente de la oficina, y Don Turlek, el gerente de la Oficina de Seguros y Gestión de Riesgos, ayudaron a Stein a realizar el proceso de presentación de reclamaciones a las compañías de seguros y a conseguir que la escuela fuera reparada.
Al mismo tiempo, la arquidiócesis pagó un estudio del estado de los edificios de la parroquia para averiguar lo que había que hacer y ayudó a financiar el desarrollo de un plan maestro, que fue creado por Newman Architects con la opinión de los feligreses.
Muy agradecida
Barbara Shea Collins, directora de los servicios de desarrollo de la arquidiócesis y de la Campaña Católica Anual, quiere que los donantes a la campaña sepan cuán agradecida está la arquidiócesis por su apoyo. Cada año, los feligreses dan millones de dólares para una multitud de apoyos: ayuda a escuelas y parroquias en zonas necesitadas, apoyo a la educación religiosa, apoyo al reclutamiento, capacitación y formación continua para sacerdotes, diáconos y ministros laicos eclesiales; apoyo a la promoción de la dignidad de la vida, al ofrecimiento de cuidados, atención y orientación a personas necesitadas y apoyo a los esfuerzos de desarrollo de Catholic Relief Services en todo el mundo.
Este año, los donantes prometieron contribuciones por una cifra récord de $20 millones. Gran parte se devolverá a sus propias parroquias. Collins también quiere que la gente sepa que su dinero está siendo utilizado con buenos resultados. “Esta es una historia de triunfo de la esperanza”, dijo.
Volviéndose una realidad
En estos días, casi cuatro años más tarde, el plan maestro de San Silvestre está comenzando a realizarse. Uno de los edificios —el antiguo salón de la parroquia— ha sido demolido, debido a que se encontraba en tal estado de abandono y con tantas carencias de acuerdo al código de construcción, que resultaba un peligro. Un nuevo estacionamiento, que la parroquia pagó, ocupa una parte de ese espacio.
Las oficinas se han trasladado de la antigua rectoría al antiguo convento —que fue recuperado después de haber sido arrendado a Caridades Católicas— y está programado que la antigua rectoría también se demuela tan pronto como la parroquia pueda obtener el permiso de la Ciudad de Chicago. La rectoría será reemplazada con espacio verde, incluyendo un jardín de oración. Con el tiempo, parte de ese espacio verde será ocupado por un edificio que unirá la iglesia y el gimnasio, con baños nuevos, una nueva cocina y algunas salas de reuniones, pero el jardín de oración se mantendrá.
“La gente sabe que hay un plan”, dijo Stein, “así que cuando digo que tenemos que hacer algo, es seguro que me pregunten si está en el plan. Cuando les digo que sí está, me dicen, 'OK, Padre. Vamos a hacerlo’”.
Mucho de ese trabajo es a largo plazo. Pero algo que iniciará mucho antes será una campaña capital dirigida a reunir fondos por más de un millón de dólares para sellar la parte exterior del edificio de la iglesia de 101 años de edad, la restauración del interior y el exterior de la torre-campanario de ladrillo, la preservación de los vitrales e instalar un nuevo sistema de sonido.
Aún cuando San Silvestre no es una parroquia rica, los consultores de recaudación de fondos que han hecho pre-entrevistas dicen que el nivel de entusiasmo entre los feligreses les da confianza en que la parroquia pueda cumplir con su objetivo, dijo Stein.
Para Collins, la historia de San Silvestre muestra el poder de la campaña. La arquidiócesis, con la ayuda de los donantes a la campaña, pudo proporcionar el capital inicial para los estudios que pusieron a San Silvestre en el camino correcto y dar un poco de ayuda para derribar un edificio peligroso.
Una vez que los feligreses supieron hacia dónde iban —y que tenían la confianza de que la parroquia puede alcanzar su objetivo— subieron a bordo y comenzaron a conducir el tren.
Una transformación similar está en marcha en la escuela San Silvestre, que estaba luchando con una baja matrícula y una población parroquial que no podían pagar el costo total de la educación católica.
En 2007, la escuela contaba con 196 estudiantes y necesitaba una subvención de 250,000 dólares de la arquidiócesis tan sólo para sobrevivir. Pero con una planificación inteligente —incluyendo la apertura de una segunda aula de preescolar para ampliar el flujo al jardín de niños y la adición de servicios deportivos, de música y otros programas para atraer a las familias— la matrícula ha aumentado y la subvención ha ido disminuyendo cada año. Ahora hay 40 por ciento más de estudiantes, quienes están recibiendo una educación católica de calidad, dijo, y la subvención que recibirá este año es menor a $200,000.
“Puedo afirmar que la escuela no estaría abierta hoy sino fuera por el apoyo recibido de la Campaña Católica Anual”, dijo.




