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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Ministerio de duelo: un hombro para llorar Luego de la apertura en dos parroquias, la Arquidiócesis de Chicago se prepara para extender el Grupo de Acompañamiento en el Sufrimiento a otras parroquias hispanas.

Texto: Clemente Nicado

Pudiera pensarse que el dolor por la pérdida de un ser querido desaparece poco después del entierro y que el propio tiempo se encargaría de aliviarlo.

Pero no siempre ocurre así. Al menos esa es la experiencia de Dorothy Spencer, una feligrés de la parroquia St. Kevin, en el sur de la ciudad.

A Spencer se le murió su esposo y al ir a su parroquia para la celebración de la misa, se encontró con una sorpresa.

“Le preguntaron qué lectura quería para la misa, quien iba a ser la comunión y otras cosas relacionadas con la misa y no sabía responder. Estaba como perdida”, dijo Rosalinda Ramírez, feligrés de St. Kevin.

Fue entonces que Dorothy propuso al párroco de St. Kevin crear un Grupo de Consolación que sirviera como un bálsamo a los feligreses que han perdido algún ser querido.

De esta iniciativa surgió el Grupo de Consolación de la parroquia St. Kevin, que tiene 15 años sirviendo la comunidad.

“Estamos acompañando a las personas que están sufriendo para que se sientan apoyados, nuestra misión es que nadie sufra solo”, afirmó Ramírez.

La acción de los voluntarios

Sin embargo, la ayuda a los dolientes no se realiza por obra de la improvisación, sino que se entrenan a feligreses voluntarios para así poder apoyarlos de forma efectiva.

De acuerdo con Eva Bustamante, Coordinadora del Ministerio de Duelo de los Cementerios Católicos de la Arquidiócesis de Chicago, los voluntarios se escogen de la propia parroquia entre los feligreses que están dispuestos a acompañar a otros feligreses que acaban de perder a un familiar o ser querido.

“Todos trabajan bajo la guía del párroco que, tras hablar con los dolientes, es quien decide la forma en que pueden extenderle la mano a ese feligrés que ha sufrido una pérdida”, afirmó Bustamante.

El entrenamiento, aprobado por el Concilio de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, consiste en una preparación de 12 horas que puede ser dos sábados consecutivos o seis semanas.

“Al terminar estos seminarios hacemos énfasis en que esta capacitación no quiere decir que sea un consejero profesional, sino un oyente de compasión dispuesto a acompañar al doliente en la forma concebida por la parroquia”, dijo Bustamante.

“No necesariamente tiene que ser un sacerdote o diácono las personas que ayuden a los dolientes, sino toda la comunidad”, agregó.

Además de St. Kevin, la parroquia San Leonardo, de Berwyn, es la otra comunidad católica hispana que entrenó recientemente un grupo de voluntarios para tener un ministerio de duelo.

“La Arquidiócesis trabaja para extender este ministerio a todas las parroquias. Creemos que tiene una gran importancia, porque no solo es una forma de comunicación entre los feligreses, sino también de evangelización, no solo entre los feligreses que van a la iglesia, sino entre aquellos que se han alejado de ella por alguna razón”, indicó.

A juicio de Bustamante la meta de tener un ministerio en todas las parroquias que sean posibles sería de una gran ayuda para los párrocos sobre quienes recae la responsabilidad de atender a los dolientes y organizar las misas cuando hay una pérdida.

En ese sentido, Bustamante dijo que en el Vicariato I se llevará a cabo un entrenamiento en el que estarán invitadas las parroquias hispanas del mismo Vicariato en el mes de marzo del 2012 en aras de impulsar este ministerio tan importante para la vida parroquial.

“Se enseña que este ministerio no está para reparar el dolor que sufre una persona por perder a ser querido, sino para acompañarla”, afirmó.

¿Por qué un ministerio de duelo formado por hispanos?

Hay dos razones por la cuales es importante impulsar la creación de un ministerio de duelo en la comunidad católica hispana: el idioma y las tradiciones.

Bustamante cuenta que una madre hispana buscaba ayuda desesperadamente espiritual por la pérdida de un hijo y al ir a su parroquia encontró un grupo de apoyo, pero en inglés.

“Ella no solo quería que le hablaran en su idioma, sino también que tuvieran en cuenta sus tradiciones. Como todos sabemos, las tradiciones y los ritos de la comunidad hispana son diferentes a la anglosajona. La consolación por el ser querido es más efectiva si la persona que quiere apoyar, entiende al doliente en su idioma.

En la comunidad hispana, por ejemplo, se tiene la tradición de celebrar una novena, si en lugar de explicar a un grupo de apoyo “esta es mi tradición” quizás no lo entienda. Es importante que sepan de qué se trata, explicó.

El Grupo de Consolación de San Kevin, que empezó sesiones en español hace tres años, se llama “Acompañando en el Sufrimiento.” Siendo la pionera en abrir sesiones en español en el Arquidiócesis de Chicago. De acuerdo con Rosalinda Ramírez, parte de la ayuda que se brinda a los dolientes es justamente con los rituales y explicando el dolor y el sufrimiento a través de la Biblia, “para ayudarlos a ver la esperanza de la Resurrección de Jesús, proporcionarles un lugar de confianza para que encuentre consuelo entre amigos y que reciban apoyo sabiendo que no están solos en su sufrimiento”, explicó.

El ritual de las dos piedras

“Hay muchas maneras de honrar y recordar a nuestros seres queridos. Nosotros hacemos un ritual de las velas, con fotografías del difunto, también hacemos lecturas de poemas acerca del sufrimiento. Otra manera es hacer una cobija con ropa y fotos del ser querido. Siempre hay algo que podemos hacer para mantenerlos en la memoria y lo podemos hacer de muchas maneras, estos sólo son algunos ejemplos”, señaló Ramírez.

Ramírez asegura que el ritual de “las dos piedras, una blanca y otra negra” es algo que ha funcionado entre los feligreses que sufren dolor por una pérdida.

“Es un ejercicio que sirve para desahogarse, abrir la comunicación y entender los sentimientos. Esto se hace entre dos o más personas. Quien tome la piedra negra, habla sobre su pesar, su sufrimiento, el dolor muy fuerte que siente, remordimientos y quien tiene la piedra blanca, habla de una memoria agradable de su ser querido, de sus mejores recuerdos. Luego intercambian los colores. Hubo una pareja de doliente que al término de este ritual, el esposo me dijo: Rosy, salvaste mi matrimonio”, explicó.

“En general, queremos que después de una pérdida de una persona querida, los feligreses vean la vida desde una óptica positiva, que cambie el dolor que es negativo a una obra o labor positiva en memoria de su ser querido”, expresó Rosalinda.

En San Kevin cuando un feligrés o familiar muere la casa funeraria llama a la rectoría y Dorothy se pone en contacto con los dolientes y los ayuda a escoger las lecturas, canciones, los ministerios de comunión, las personas que van a llevar los regalos, y otros detalles de la misa.

El Grupo también regala a los familiares una canasta con té de canela, veladoras, rosarios y un álbum para colocar las fotos del fallecido, música calmante y una nota de pésame de parte del grupo.

Al cabo de un mes de la muerte del ser querido, un miembro del Grupo habla a la casa del doliente para ver si necesitan más apoyo. También mandan folletos y cartas de inspiración.

En 15 años se tienen bastantes ejemplos de lo que ha representado este grupo para muchos feligreses que se han encontrado atrapados en el dolor de haber perdido a un pariente o un ser conocido.

“Queremos que tengan aquí un hombre donde llorar, que se sientan apoyados y sepan que no están solos”, expresó Rosalinda.

Si hay alguien que necesita consuelo y habla español, la próxima sesión tomará lugar en el mes de marzo por favor de llamar a la rectoría al 773-721-2563 para asegurar su lugar. Para más información contactar a Eva Bustamante: ebustamante@cathcemchgo.org Tel: (708) 236-5442