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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Ser católico hispano en los Estados Unidos (parte I)

Padre Marco A. Mercado

Director Oficina para Católicos Hispanos

Queridos hermanos y hermanas,

Con gusto les saludo por tercera vez desde que asumí esta oficina del Ministerio Hispano. Hace un mes pudieron leer el artículo que el Obispo Gustavo García-Siller y un servidor escribimos respecto a nuestro pasado viaje pastoral a México con el Sr. Cardenal George y el P. Dan Flens, secretario particular del Sr. Cardenal. Dicho viaje de apenas cinco días estuvo lleno de ricas experiencias e intercambios. También me sirvió de mucho para delinear el rumbo que debo seguir en éste ministerio.

Hoy quiero reflexionar con ustedes una frase que el Sr. Cardenal usara en Acámbaro, Guanajuato, al referirse a los retos que la Iglesia Católica en los Estados Unidos enfrenta en relación con los hispanos que vivimos aquí. El Cardenal dijo que eran fundamentalmente dos; uno era como hacer que los hispanos recién llegados a los Estados Unidos aprendan a ser católicos en este país, y el segundo, cómo hacer que sus hijos y nietos ya nacidos aquí y, por lo tanto ciudadanos estadounidenses, aprendan a ser católicos estadounidenses sin perder toda la rica herencia y valores hispanos. A continuación deseo compartir con ustedes mis reflexiones sobre estas declaraciones que me parecen tan interesantes y que en mucho pueden iluminar nuestra vida en Estados Unidos y especialmente en Chicago.

1. ¿Cómo los hispanos que hemos llegado a los Estados Unidos aprendemos a ser católicos en esta Arquidiócesis de Chicago?

Primeramente debemos clarificar que el ser católico, que como sabemos significa universal, por su propia definición nos hace miembros de esta gran familia automáticamente, para ello no necesitamos papeles, ni visas, ni nada. Por el bautismo somos ciudadanos de esta gran familia católica sin importar el país o el idioma, con esta gran convicción la Iglesia en Chicago nos recibe y nos quiere, somos tan católicos como cualquier otro. Sin embargo, esta gran familia, nuestra familia, por su propia historia, como cualquiera de nuestras familias tiene muchas cosas muy bonitas y positivas, que son el reflejo de este país que la hacen un poco diferente a la iglesia o familia de nuestros países de origen y que tenemos que aprender para sentirnos totalmente parte de ella, enriquecerla y sentirnos como en casa. Ahora comparto algunas de estas cosas para tomarlas en cuenta.

Organización. Como ya nos dimos cuenta desde que llegamos los Estados Unidos es un país muy organizado y de leyes muy claras, lo notamos en el tráfico, en las tiendas, aquí no podemos andar con rodeos con la policía, nos pasamos un alto y aquí no existe la mordida o el darle un poco de dinero al policía para que nos deje ir. La puntualidad es fundamental, si llegamos tarde al trabajo nos pueden descontar la hora y si es repetido nos “corren”. Todo ello, aunque duro, ayuda a vivir mejor. Pues bien, la Iglesia es un reflejo de esta situación. De ahí, la importancia para los católicos estadounidenses de la organización y el orden en las celebraciones. Muchos de ustedes me han comentado que les gusta ese orden, silencio, limpieza en las celebraciones de los estadounidenses y que, desgraciadamente, contrasta con la manera en que en algunos lugares de nuestros países celebramos la misa, en donde el padre hace todo y todo es al último momento; en donde hay niños llorando y corriendo por todo el templo. Por ellos la importancia de involucrarnos en la parroquia para lograr ese mismo orden que nos ayuda a vivir mejor la Santa Misa, el darnos cuenta que no es malo que los niños lloren, eso es muy normal, pero que debemos salirnos un momento de la misa para dejar que los demás escuchen bien. Y ello no nos debe dar pena, recordemos que es una familia. Lo que nosotros aportamos a estas celebraciones es nuestra música, nuestra participación como familia en donde venimos todos juntos a la iglesia, el venir bien vestidos a la Iglesia y que contrasta con la forma informal conque en los Estados Unidos se ha tomado la vestimenta en el templo.

Otro aspecto muy importante en la Iglesia es el sentido de ofrenda. Los estadounidenses apoyan más económicamente a la Iglesia, no porque tengan más dinero, sino por el sentido de ofrenda que contrasta radicalmente con el sentido de limosna que tenemos en la mayoría de nuestros países. El sentido de la ofrenda es presentar ante Dios parte de lo mucho que Él nos ha dado y con un sentido de agradecimiento y santificación del trabajo, es decir, de toda mi semana yo escojo y santifico una hora de trabajo que es la que traigo al altar el día domingo, desde mi casa junto con mi familia lo pongo en mi sobre que significa mi pertenencia a mi parroquia, y lo llevamos como familia a la Iglesia para presentarlo como una ofrenda y con ella mi sudor y trabajo, lo normal aquí, en Estados Unidos, es el equivalente a una hora de salario; y en Pascua y Navidad el equivalente a un día de trabajo, si no se está trabajando en su lugar se escribe un compromiso o petición, pero igual se presenta como ofrenda.

Por desgracia esto contrasta enormemente con nuestro sentido de limosna, que en la mayoría de los casos significa dar lo que me sobra, dar algo sin ningún sentido de reflexión de ofrenda, sino solo para salir del paso. En este país las parroquias tienen grandes gastos para pagar muchas de las cosas que pagamos en la casa: las cuentas del gas, luz, teléfono, seguro para los edificios, salarios, mantenimiento y mucho más, por ello la importancia de ayudar con una ofrenda bien pensada y no sólo una limosna, el sentido de limosna ha llevado a que la mayoría de nuestras parroquias estén en muy mala condición económica y que no puedan ofrecer todos los servicios que se necesitan para nuestras familias.

Este último punto se vincula directamente con el punto de la registración. En este país es muy importante registrarse en una parroquia, para saber cuantas personas asisten a ella y así poder planear bien cómo atenderlas. Esto nuevamente nos lleva al sentido de organización y plantación. También junto con la registración recibimos los sobres que nos ayudan a planear de antemano nuestro domingo y no llegar a la iglesia tarde y a la carrera y sobre todo sin ningún sentido de ofrenda, sino sólo por cumplir.

Hermanos y hermanas, se me terminó el espacio de mi columna y aún me falta el segundo y muy importante punto de reflexión, así que como en las novelas, continuará en el próximo artículo. Me sigo encomendando a sus oraciones y por favor háganme saber sus opiniones y comentarios a: mmercado@archchicago.org