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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Y las campanas sonaron de nuevo Sometida a una reparación de envergadura, la parroquia Nuestra Señora de Lourdes es rescatada con donativos de sus propios feligreses, respeto a la diversidad, muchísima fe y música de concierto

Texto: Clemente Nicado

Cuando las campanas de la parroquia Nuestra Señora de Lourdes dejaron de sonar, la tristeza se adueñó de todos sus feligreses.

Mexicanos, hondureños, filipinos, cubanos, puertorriqueños y personas de varios países latinoamericanos que asisten a la parroquia, recibieron con pena el silencio de las campanas como un hecho inevitable y necesario.

En realidad, todos sabían que el templo necesitaba reparación con urgencia, pero la alarma se disparó cuando un pedazo de techo cayó a un metro de uno de los fieles en plena misa.

Entonces el padre Michael Shanahan, pastor de la parroquia ubicada en el 4640 N. Ashland Ave, habló a su comunidad del problema y les explicó la necesidad de recaudar fondos lo antes posible para reparar el inmueble construido en 1892.

Frente al desafío de salvar su casa espiritual, la comunidad católica se propuso reunir los primeros $100,000 de un proyecto cuyo monto total aún estaba en la incertidumbre apenas hace dos años, cuando iniciaron los trabajos.

Para el padre Shanahan, pastor y administrador de la parroquia, sería también uno de sus grandes retos en su vida sacerdotal.

“El proyecto es grande. El templo es precioso. Pero el techo tenía muchas filtraciones, y representaba un peligro para todos… un día se cayó un pedazo en medio de la misa”, comentó.

Los primeros estimados para reparar las dos torres y la cúpula del templo eran de unos $600 mil dólares, pero una vez iniciados los trabajos de restauración, se encontraron más problemas. Meses después el estimado subió a $1.2 millones y hoy gira en torno a los $2 millones.

“En verdad, la gente estaba un poco frustrada, pues algunos querían repararla de una manera y los ingenieros civiles recomendaron otra, más segura. Lo hicimos como sugirieron los expertos y hemos podido reparar ya las dos torres”, afirmó.

Para asegurar que el trabajo quede con la calidad requerida, la Iglesia decidió contratar una empresa para la ejecución de las obras y otra para la supervisión. Las obras avanzaron y avanzaron y… ¡las campanas volvieron a sonar!.

La generosidad de sus fieles

La misión de conseguir el dinero necesario para la reparación, aún cuando los feligreses hacen gala de su generosidad, siempre es difícil. La meta parroquial era reunir $100 mil en un año. Lo lograron en sólo 9 meses.

Si bien sintió admiración por la forma en que reaccionaron los feligreses, el pastor era testigo a diario del alma caritativa de su pueblo, de cuya contribución se benefician las familias más necesitadas en torno a la iglesia donde cada miércoles se reparten alimentos como resultado de las donaciones.

Ya en la fase de terminación de las dos torres, los constructores trabajan en la remodelación de la hermosa cúpula, que reparan completamente, cuidando su diseño original, en su interior y por fuera.

La remodelación capital, sin embargo, no impide que se sigan celebrando las misas. Entre andamios y equipos de la construcción, los feligreses asisten cada domingo a sus servicios religiosos.

“La gente ha sido muy generosa. Quieren mucho este templo y han dado su cuota de sacrificio para mantenerlo en pie”, dijo Shanahan.

Según el párroco la Arquidiócesis de Chicago aportó una donación de $500 mil para rescatar la parroquia que sus feligreses consideran entre las más hermosas de la ciudad.

No obstante contar con todo lo anterior, todavía la suma no es suficiente, pues los estimados de la reparación exterior en general, incluyendo la cúpula, cuesta $750,000.

¿Por qué no hacemos un concierto?

Una de las iniciativas del párroco fue realizar un concierto en la propia parroquia para recaudar fondos. Así que llamó a todos los artistas que quisieron apoyar el proyecto, entre ellos un tenor, guitarristas, barítonos y todo el que pudiera aportar su talento. El se encargó de tocar el piano e impulsar la iniciativa.

El 20 de septiembre se celebró el concierto titulado: “Las campanas de Lourdes sonarán otra vez”, que fue un éxito en todos los sentidos.

Carlos Barahona, un guitarrista hondureño, que ha servido a esa iglesia por más de 20 años y que participó en el concierto, explica las razones

“La gente coopera porque se trata de su iglesia y si no cooperamos de una u otra forma, se nos cae encima”, afirmó

Y lo mejor que tenía Barahona para ayudar era su guitarra. “Esa es mi pasión, la música. Integré grupos musicales famosos en Colombia, como la Banda Blanca, cuando lanzó su número más famoso: ´Sopa de Caracol’, dijo.

“Ahora lo más importante para mí –y todos los que queremos esta iglesia-, es salvarla”, continúo. No fue el único concierto. El 2 de mayo pasado se celebró otro más que reunió a 24 artistas para darle un nuevo impulso a la recaudación en aras de la parroquia multicultural.

La diversidad que sí ayuda

Para el padre Shanahan una de las fuerza de la iglesia para lograr la reparación es su diversidad.

Las donaciones están llegando de feligreses guatemaltecos, mexicanos, filipinos, peruanos, chilenos, cubanos y de personas de otras nacionalidades que asisten a la iglesia. Alrededor del 75 por ciento son hispanos y el resto filipinos y nativos que reciben misas en inglés.

De modo que en Nuestra Señora de Lourdes se celebran devociones tan diversas como la del Divino Niño, Nuestra Señora de Los Angeles, Nuestra Señora de Suyapa, Nuestra Señora de Chiquinquirá (Colombia), La Virgen de Guadalupe, San Lorenzo, Hermano Pedro José de Betancourt, Santo Cristo de Esquipulas y la celebración navideña de origen filipino Simbang Gabi.

“Nosotros nunca hablaremos de que estamos en una parroquia hispana o de cualquier otra índole. Somos una parroquia diversa y vivimos orgullosos de ser así”, comentó.

Para el pastor, “es importante integrar las celebraciones tradicionales a la vida de la parroquia y nos gustaría que cada cultura sea conocida por el resto de los feligreses. Que haya respecto, comunicación y entendimiento entre todos”.

El padre lo dice con el aval de pertenecer al grupo de Sacerdotes por la Justicia de los Inmigrantes que en los últimos años ha desarrollado una serie de acciones en aras de una reforma migratoria para abrir el camino a la legalización a 12 millones de indocumentados que viven en el país.

Pasión y orgullo

Ordenado presbítero en 1992, fue arrestado este año frente a la prisión de Broadview, en Maywood, como parte de una resistencia civil que fue organizada por un grupo de líderes comunitarios, religiosos y laicos quienes realizaron una protesta pacífica para reclamar justicia a las autoridades que encierran en este Centro de Detención los indocumentados y los deportan a su país de origen.

El padre pone toda su pasión en salvar el templo porque sabe lo que significa esta acción para sus feligreses, en su mayoría inmigrantes.

La reparación va más allá del aspecto físico del templo. Rebasa las fronteras del idioma, las tradiciones y la idiosincrasia de cada grupo de feligreses, para convertirse en un proyecto de unidad en torno a una casa común.

Así lo concibe Celerina Pasco: “Como católica, yo creo que es una obligación contribuir a mi parroquia. Además de esto, estoy feliz de compartir lo que tengo como una gracia de todo las bendiciones que he recibido”, dijo.

Pasco, una feligrés de origen filipino, figura entre quienes fueron atrapados por la emoción cuando escucharon nuevamente las campanas de su iglesia.

“Me sentí tan emocionada, orgullosa de escuchar de nuevo la melodiosa música que sale de la parroquia a la que pertenezco. Y además, me recuerda que es hora de ir a la misa”, afirmó.