Todo Chicago en la persona de nuestro Cardenal, a los pies de la Morenita del Tepeyac
San Juan Bosco solía decir a los jóvenes: “el tiempo pasa lento para los tristes y muy de prisa para los que viven con alegría”. Estas palabras tan repetidas por San Juan Bosco, hacen eco de la experiencia vivida por nuestro Cardenal Francis George, y el grupo que lo acompañamos: el Obispo Gustavo García- Siller, el P. Daniel Flens, secretario personal del Cardenal y el P. Marco A. Mercado, Director del Ministerio Hispano en la Arquidiócesis.
Durante siete días el Sr. Cardenal pudo experimentar el amor y la hospitalidad de la Iglesia y del pueblo de México. Del 1 al 7 de julio del presente año, el Sr. Cardenal realizó una visita pastoral a los estados de Michoacán, Guanajuato y a la Ciudad de México, lugares de origen para miles y miles de feligreses en nuestra Arquidiócesis de Chicago. Lo que hubiera podido parecer un viaje más de los muchos que realiza el Cardenal, éste se convirtió en una verdadera peregrinación y en un encuentro a nivel del corazón, de la fe y el amor de la nación mexicana plasmada en la tilma de San Juan Diego y que todos conocemos como la Morenita del Tepeyac.
Esta visita estuvo enmarcada por el interés, amor y atenciones del pueblo, de los sacerdotes y obispos, así como de algunos líderes cívicos del país, quienes a nuestro paso nos llenaron de atenciones y nos enriquecieron con su ejemplo, sus valores e historias.
Nuestro viaje comenzó en la Ciudad de Morelia, capital del estado de Michoacán, lugar bello e histórico donde, a pesar de llegar a las 2 de la mañana, nos esperaba con mucha hermandad y cariño el Sr. Obispo Auxiliar de Morelia Carlos Suárez, Monseñor Diego Monroy, Rector de la Basílica de Guadalupe (Ciudad de México), con un pequeño grupo de laicos.
Luego de descansar en el centro de la ciudad, el toque de las campanas de la Catedral Moreliana nos despertaron y dieron una calurosa bienvenida. El Sr. Arzobispo Don Alberto Suárez Inda no perdió tiempo para encontrarnos en el hotel y juntos peregrinar a la Catedral para celebrar con cientos de fieles, sacerdotes y obispos de la Región Don Basco (Zona Michoacán) la Santa Misa en honor del Señor de la Sacristía, crucifijo de caña de azúcar, de gran devoción en la ciudad. En su homilía el Sr. Arzobispo dio la bienvenida al Sr. Cardenal y con él, dijo, recibo y bendigo a los miles de hermanos y hermanas que han tenido que emigrar, a quienes recordamos con cariño, y agradecemos a la Iglesia de Chicago por acogerlos y acompañarlos.
Luego de una fraternal comida subimos al Cerro de Santa María y fue ahí donde se llevó a cabo nuestro primer encuentro, con todos los obispos de la región de Michoacán, así como sacerdotes y hermanos laicos con quienes mantuvimos un diálogo muy rico sobre las realidades de las familias tocadas por la emigración y sus efectos sobre la sociedad y la Iglesia en ambos lados de la frontera.
Al día siguiente, muy de mañana nos dirigimos a la ciudad de Pátzcuaro, ciudad bella y pintoresca, sede de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, patrona de la Arquidiócesis de Morelia. Al mediodía celebramos, la Santa Misa y pudimos hacer oración ante los restos del gran Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán y gran promotor y defensor de los indígenas, mismos que le dieron el título de Tata Vasco, es decir “Papá Vasco”.
A pocos minutos de Pátzcuaro se encuentra Tzintzuntzán, capital del imperio Purépecha. Allí el Cardenal pudo admirar la utopía o el sueño de la sociedad perfecta realizada por Tata Vasco, la Misión y el convento Franciscano en donde no sólo se celebraban los sacramentos sino que se recibía educación, se aprendían oficios, y donde los indígenas eran tratados con respeto, honrando así su dignidad de seres humanos e hijos de Dios. Todos quedamos gratamente impresionados por tan grande obra misionera, misma que nos recuerda el pasaje de los Hechos de los Apóstoles “Y vivían todos como hermanos, poniéndolo todo en común”. Nuestros hermanos indígenas nos dieron una alegre y sentida bienvenida.
Este gran encuentro con una obra tan importante fue la antesala de nuestro encuentro al día siguiente con Nuestra Señora del Refugio, en Acámbaro, ciudad ubicada a casi dos horas de la ciudad de Morelia,ya en el bello estado de Guanajuato. Junto con cientos de fieles pudimos celebrar la víspera de la fiesta patronal, rodeados de la banda del pueblo y acompañados de los obispos de Morelia, Irapuato y Celaya, luego de la Santa Misa tuvimos un encuentro muy cordial, en donde nuevamente tocamos las realidades, y necesidades de nuestros hermanos en ambos lados de nuestras fronteras. En dicho encuentro el Cardenal expreso la importancia de enseñar a nuestros hermanos inmigrantes, el “cómo ser” mexicanos en los Estados Unidos, y a las segundas y terceras generaciones, el “cómo ser” estadounidenses sin renunciar a toda la riqueza cultural, del idioma, así como la religión de sus padres y abuelos. Nuevamente, obispos, clero y pueblo quedamos comprometidos a seguir trabajando arduamente.
De la ciudad de Acámbaro y como buenos peregrinos nos dirigimos al centro de la vida de fe de todo un pueblo y de acuerdo con Su Santidad Juan Pablo II, de todo un Continente: el Cerrito del Tepeyac. Fue en este santo lugar en donde nos encontramos frente a frente con nuestra Morenita, la Santísima Virgen de Guadalupe, hasta ella el Cardenal pudo llegar llevando consigo todos los anhelos, preocupaciones y bendiciones de su Arquidiócesis y de una manera muy especial, de su pueblo hispano.
En la misa del 12 del mediodía, del domingo 4 de julio, el Cardenal presidió y predicó a los más de 12,000 fieles presentes y a muchos más que pudieron seguir la Misa por internet. Indiscutiblemente que fue aquí en donde la tilma de San Juan Diego cubrió en la persona del Sr. Cardenal a todo el pueblo de Chicago.
Nos tocó la oportunidad de visitar al Cardenal Norberto Rivera Carrera, quien nos recibió con una sabrosa comida. Ya avanzada la tarde pudimos saludar en su residencia al Nuncio Apostólico de México, Arzobispo Christophe Pierre, quien tuvo un diálogo fraterno con nuestro Cardenal en la lengua francesa.
El viaje pastoral del Sr. Cardenal continuó en la ciudad de México, dejándose empapar por la historia prehispánica en el Templo Mayor y un perfecto resumen de la fe y la cultura mexicana plasmada en la Catedral Metropolitana, lugar en donde la reliquia del protomártir mexicano, San Felipe de Jesús nos llevó de la mano para encontrarnos con uno de los grandes mártires que dieron su vida a final de la década de 1930 bajo el grito de “Viva Cristo Rey”: el Beato Miguel Agustín Pro, SJ, quien poco antes de morir no sólo perdonó a su verdugo, sino que le dio las gracias.
Tuvimos también un encuentro sustancioso con un grupo de empresarios del país que llevan años buscando caminos de aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia. Este diálogo iluminador nos permitió asomarnos a caminos de desarrollo para nuestros pueblos desde la perspectiva de la fe.
Finalmente, terminamos con la Santa Misa en la Casa Madre de las Oblatas de Jesús Sacerdote, seguida por una rica cena y sencilla chorchita (Fiesta familiar).Con la mirada tierna y amorosa de la Morenita plasmada en nuestros ojos y la sangre de los mártires reavivando nuestra fe, así como el testimonio de amor y cariño de la Iglesia y el pueblo mexicano, el 7 de Julio nuestro avión y nuestro Cardenal tocaron tierra en Chicago, trayendo en él grandes bendiciones para nuestra Arquidiócesis, misma que con mucha confianza el Cardenal depositó a los pies de la Morenita del Tepeyac.





