Disciplina espiritual en el matrimonio
Mi papá y yo nos sentamos en el corredor de su casa a platicar de mil cosas diferentes. Teníamos mucho tiempo sin vernos y la tarde de aquel día de verano era perfecta para ello. Al cabo de un rato, mi madre se acercó por detrás de su silla mecedora, lo abrazó y le dio un beso en su cabeza.
Después de 56 años de matrimonio parecían tan felices, tan realizados, que no pude desaprovechar el momento del abrazo y el beso, para preguntarles lo que me había interesado saber desde hacía mucho tiempo.
¿Cuál es el secreto para que después de 56 años de matrimonio se encuentren tan felices y contentos?
La mirada de mi padre se perdió en el infinito, mientras su mente buscaba una respuesta adecuada y concreta. Mi madre, más espontánea y dotada de una habilidad increíble para comunicarse verbalmente, auxilió a mi padre casi al instante, cosa que mi padre debió agradecerle infinitamente. “El día de nuestra boda, tu papá me propuso algo que yo acepté con agrado. Me pidió que prometiéramos que nunca iba a faltar el alimento espiritual en nuestro hogar. Ese día decidimos que pasara lo que pasara, íbamos a rezar juntos el santo rosario, cada día antes de acostarnos. La primera vez que lo intentamos rezar, me di cuenta que tu papá no sabía rezarlo. Yo tuve que enseñarle”.
Mi padre, entre risas, trató de defenderse, diciéndole: “Claro que lo sabía. Más sin embargo, tú tenías más gracia y te veías más linda que nunca al hacerlo”. Mi madre, sintiéndose profundamente halagada, bromeó diciendo: “Tú hiciste la promesa (manda) y yo he tenido que cumplirla”. “Lo importante es, continuó mi padre, que desde ese día nunca nos hemos ido a la cama sin rezar. Creo que eso es lo que nos ha mantenido juntos por tanto tiempo”.
En ese momento me hice consciente de lo que mi esposa y yo habíamos decidido, casi de manera inconsciente, 13 años atrás. El deseo de que nuestro matrimonio fuera exitoso, nos llevó a implementar una disciplina espiritual en nuestro hogar que hasta la fecha hemos mantenido. Personalmente considero que la oración, el contacto con nuestro Padre Santísimo, con nuestro maestro y salvador, Jesús o con María, la madre santísima de Dios, ha tenido un papel muy importante en nuestro matrimonio.
Nuestra disciplina espiritual consiste en orar en pareja. Cada noche, antes de acostarnos a descansar, tomamos unos minutos para agradecer a Dios por todo lo que nos ha dado ese día que termina. De paso, tanto yo como ella, da gracias a Dios por el amor que compartimos, por el hecho de seguir juntos, por nuestros hijos y por la presencia, mía y de ella, en nuestra vida y en nuestra familia. En muchas oportunidades concluimos con el rezo del Santo Rosario. En otras, con oraciones espontáneas a nuestra Madre María o a Jesucristo. Ha habido momentos en que para ninguno de los dos ha sido fácil hacerlo, sobre todo cuando las situaciones de la convivencia matrimonial, no eran muy gratas. Más sin embargo, y a pesar de eso, hemos conservado la tradición.
Hay varias estadísticas que aseguran que la oración en pareja reduce considerablemente el divorcio, además de que hace que las parejas se sientan más satisfechas y realizadas en su matrimonio.
La alianza matrimonial es un convenio muy serio entre Dios y la pareja. Por tal motivo, tiene que ser alimentada y fortalecida con disciplinas espirituales saludables para ambos. Recordemos que el matrimonio no es de dos, sino de tres: Tú, Dios y tu cónyuge.
A mí y a mi esposa nos ha funcionado. ¿Y a ustedes? Y si todavía no tienen una disciplina espiritual en su matrimonio, ¿Qué podría pasar si la intentan? Lo peor que podría pasar es que no pase nada. ¿Y lo mejor...?





