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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

“Estoy aquí para hacer lo que Dios quiera”

Padre Marco A. Mercado

Director Oficina para Católicos Hispanos

Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría me dirijo a ustedes por este medio tan importante en nuestra vida de fe. Como ya se han enterado hace algunos meses, el Sr. Cardenal Francis E. George me pidió que tomara la Oficina del Ministerio Hispano. Tengo que confesar que no fue fácil pues mi corazón, como el de cualquier sacerdote, está en la parroquia.

Sin embargo, igual que cualquier otro sacerdote, no estoy aquí para hacer lo que yo quiera, sino lo que Dios quiera; así que aquí estamos con muchos deseos de servir a nuestra querida Iglesia de Chicago y, de una manera muy especial, a la comunidad hispana.

Deseo usar este primer artículo para responder a dos preguntas básicas: ¿Quién soy yo? Y otra que seguramente muchos de ustedes se hacen ¿Qué es y qué hace la Oficina del Ministerio Hispano?

Mi nombre completo es Marco Antonio Mercado López, nací en la ciudad de Morelia Michoacán, México, el 14 de diciembre de 1967. Soy el menor de 11 hermanos, cuatro mujeres y siete hombres. Mis padres Humberto Mercado y Rosaura López de Mercado, a Dios gracias viven todavía, y en el próximo noviembre celebrarán 63 años de matrimonio. Viví y crecí en la ciudad de Morelia en donde asistí desde el preescolar a la escuela católica atendida por los Padres Salesianos, fundados por Don Bosco. Posteriormente ingresé a la preparatoria Miguel Hidalgo, en Morelia; y luego de un año de universidad en la facultad de Derecho, decidí entrar al seminario con los salesianos, cuyo ministerio está centrado en la atención a los jóvenes. Luego de ocho años de feliz vida religiosa y de terminar los estudios de filosofía y de educación en el área de sociología, decidí abrazar la vida diocesana, y fue allí donde apareció Chicago y donde recibí un calendario con información sobre la necesidad de sacerdotes hispanos. Después de consultarlo con mis superiores y mi familia, apliqué para el ingreso a Casa Jesús, la casa que tenemos en Chicago para jóvenes (en ese tiempo era joven) que desean pensar acerca del el sacerdocio.

Debo puntualizar que Casa Jesús fue una gran bendición y estoy profundamente agradecido con ella y con la amistad y acompañamiento del P. Mike Herman, quien en ese tiempo era el Director. Luego de sufrir con el inglés y con el frío de Chicago, pasé la prueba e ingresé al seminario de Mundelein en donde terminé mis estudios de teología y en dónde recibí una magní- fica formación que me permitió ser ordenado como sacerdote el 23 de mayo de 1998 y ser asignado a la parroquia de San Antonio de Padua en Cícero, lugar que se convirtió en mi primer amor y donde pasé cuatro magníficos años sirviendo a la comunidad y aprendiendo a ser un padre, maestro y amigo para la gente. Luego de esos magníficos años fui enviado por ocho meses a la parroquia de San Silvestre, donde a fuerza de amor, de arroz con gandules y tamales puertorriqueños, aprendí grandemente de la comunidad puertorriqueña a la que llevo en el corazón.

Finalmente, Dios me dio el mejor regalo que podía pedir: ser párroco de una magnífica parroquia como todas las que tenemos en Chicago, la del Buen Pastor. Aquí pude disfrutar increíblemente sirviendo y aprendiendo el arte de ser pastor, esta comunidad me ha entregado su corazón e indudablemente ellos tienen el mío, un corazón del pueblo.

La segunda pregunta es ¿Qué es y qué hace la Oficina del Ministerio Hispano? Esta Oficina es el esfuerzo y compromiso más claro y organizado de parte de la Arquidiócesis de Chicago para atender las necesidades de la creciente comunidad hispana en Chicago.

Esta oficina o esta posición ha ido desarrollándose o ganando un espacio gracias al pueblo mismo y al trabajo de muchos laicos, religiosos, religiosas y sacerdotes a lo largo de la historia de Chicago. Es muy interesante que en el censo de 1850 se dice que hay 50 Mexicanos viviendo en Illinois, en total un promedio de 160 hispanoparlantes, es decir lo que ahora conocemos como Hispanos, había en el estado.

Durante los inicios del 1900, y más significativamente durante la Segunda Guerra Mundial, comienza una gran inmigración de personas provenientes de América Latina a los Estados Unidos, entre ellos Chicago, pero a diferencia de los primeros grupos de emigrantes como los italianos, irlandeses y alemanes que llegaron con sus sacerdotes y formaron sus iglesias y escuelas, nosotros llegamos sin ningún tipo de acompañamiento. Como decimos nosotros: “llegamos a la buena de Dios”. Por mucho tiempo se pensó que, al igual que los demás grupos, pronto nos asimilaríamos a la cultura americana, aprenderíamos inglés y asunto resuelto. Sin embargo, por nuestra gran religiosidad, cercanía con México y posteriormente por los medios de comunicación, sí, efectivamente, aprendimos inglés, pero no perdimos la identidad hispana o, simplemente, no nos asimilamos al estilo de los otros grupos. Es por esa razón que ya para 1918 el Cardenal Mundelein se reúne con el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez para ver cómo atender a la creciente comunidad mexicana en Chicago.

En 1924 el Cardenal Mundelein encarga a los padres claretianos la atención de la Iglesia de Guadalupe, en el sur de Chicago. En 1925 se comienza a atender a los mexicanos en la parroquia de San Francisco de Asís en el oeste de la ciudad, y con el tiempo, esta parroquia se consolidaría como el centro espiritual de la comunidad. Por mucho tiempo los padres claretianos mantuvieron lo que podríamos llamar un primer ministerio hispano en la Diócesis, pero sin que existiera una estructura bien clara, y sobre todo, que se viera este ministerio como prioritario en la Arquidiócesis.

A lo largo de los años, muchos y muy santos sacerdotes han atendido y luchado por la atención a los hispanos de la Arquidiócesis. Grandes sacerdotes como el P. Leo Mahon trajeron muchas veces a la mesa la necesidad de un plan, pero sobre todo de un compromiso diocesano serio para atender a los hispanos. El Cardenal Mayer fue un gran impulsor de este ministerio, sin embargo, era a nivel sólo de padres, laicos, religiosos y religiosas trabajando a nivel parroquial por ser parte de la Iglesia Católica en Chicago, de aportar su riqueza y recibir la atención que merecían y necesitaban.

Podemos decir que el P. Mahon y, posteriormente, el P. Headley fueron los pioneros en darle un lugar al Ministerio Hispano en la estructura arquidiocesana. Después de ellos grandes líderes han tomado la estafeta y hoy más del 40 por ciento de los católicos en Chicago son hispanos y es el grupo minoritario con mayor crecimiento en Chicago. De ahí la importancia de que a nivel de las parroquias y a nivel de una oficina arquidiocesana, se reconozca lo que desde hace más de 150 años ha venido pasando. En otras palabras, puedo decir que la Oficina del Ministerio Hispano es el fruto de una historia y de una gran riqueza que la Iglesia en Chicago reconoce oficialmente en la comunidad Hispana.

Sin embargo, ¿para qué sirve ahora esta Oficina? Indiscutiblemente que su misión sigue siendo el educar a la estructura arquidiocesana respecto a la riqueza e importancia de la comunidad hispana en la Iglesia, y asegurarse de que sean atendidos de manera conveniente.

En los últimos años la Hermana Dominga Zapata, el padre Ezequiel Sánchez y el P. Claudio Díaz han sido los encargados de recibir esa gran herencia y esa gran responsabilidad de ser ese puente entre el pueblo de Dios y aquellos encargados de asegurarse que todos seamos una misma Iglesia, cada uno atendido con todas las riquezas y limitaciones producto de nuestra cultura e historia, pero que se unen en una sola fe católica.

Cada uno de ellos ha realizado esta misión de acuerdo a su momento histórico y con gran amor a la Iglesia y a nuestra comunidad. Ahora les pido que me tengan en sus oraciones al ser yo quien recibe esta gran responsabilidad de servirlos.

Soy muy consciente de mis muchas limitaciones, pero más conciente soy del gran amor y capacidad de cada uno de ustedes, por ello con la ayuda primera de Dios, la bendición de Santa María de Guadalupe, patrona de América, y el trabajo y oración de mis hermanos sacerdotes, laicos, religiosos y religiosas tengo mucha con- fianza de que mi experiencia como párroco en la iglesia del Buen Pastor se repita ahora como Director del Ministerio Hispano y que pueda ser simplemente un padre, maestro y amigo al servicio de ustedes y poder honrar, reconocer y continuar el trabajo de tantos que han dado su vida en el servicio de esta gran comunidad hispana en Chicago.