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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Renovar nuestra espiritualidad desde la Palabra de Dios

Juan Carlos Farias

Oficina para la Catequesis

“Es necesario que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra por la Sagrada Escritura y se rija por ella… es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás que como los diáconos y catequistas, se dedican legítimamente al ministerio de la Palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte “predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior… ” (Dei Verbum,21 y 25)

Este año se cumplen 8 años de que comenzamos a ofrecer cursos bíblicos mediante la Escuela Bíblica Católica, un programa auspiciado por la Oficina para la Catequesis y el Ministerio Juvenil. Durante ese tiempo han pasado un buen número de candidatos, varios de ellos han terminado los cuatro años que componen la propuesta de estudios bíblicos. Muchos otros han terminado solamente los dos años básicos que componen las dos introducciones tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento.

Ha sido muy satisfactorio ver que algunos de los graduados han comenzado a servir a sus comunidades abriendo círculos bíblicos, programas de estudio para adultos o llevar la enseñanza de manera más efectiva en los grupos en los grupos a los cuales ya servían, san grupos de oración, catequesis con niños o jóvenes, y por supuesto, movimientos eclesiales.. También se ha visto la participación de algunos diáconos que han pasado por el programa y los cuales han manifestado que al predicar en sus comunidades han visto que el mensaje que transmiten tiene más profundidad para los hombres y mujeres de hoy. Sin lugar a dudas que la preparación en la Escuela Bíblica ha hecho una diferencia para nuestra Iglesia de Chicago. Sin embargo, la labor es todavía gigantesca pues el Sínodo de los Obispos de Octubre del 2008 tuvo el objetivo de reforzar la práctica del encuentro con la Palabra de Dios como fuente de vida en todos los ámbitos: personal, familiar y social.

Tanto el Sínodo de los Obispos como el Concilio Vaticano II en su Constitución Dogmatica sobre la Divina Revelación Dei Verbum, que citamos al principio, urgen a la necesidad de nutrirnos y de buscar en las Sagradas Escrituras la fuente de vida mediante la lectura y el estudio diligente. Una de las propuestas que se ha escuchado desde el término de este Sínodo del 2008 es el regreso a la práctica de la lectio divina.

La Lectio Divina es un itinerario de lectura orante de las Sagradas Escrituras. El Cardenal Carlo María Martini ha escrito un artículo en el Comentario Bíblico Latinoamericano publicado en la editorial Verbo Divino que me parece extraordinario al señalar las siguientes ideas: “La lectio divina es la lectura continua de todas las Escrituras, en la cual cada libro y cada sección se leen consecutivamente, se estudian, se meditan, se comprenden y se gustan dentro del contexto de toda la revelación bíblica, AT y NT…. por lo que la lectio divina, como lo dirá mas adelante en su artículo, no es la elección de texto adecuados o temas ya elegidos a gusto del individuo o la comunidad pues “la lectio divina es una práctica de obediencia total e incondicionada a Dios que habla y en la que el hombre y la mujer se convierten en atentos oyentes de la Palabra…” La lectio divina se compone de cuatro pasos graduales: la lectura (lectio), la meditación ( meditatio), la oración (oratio) y la contemplación (contempatio).

Esto significa que la lectura de las Sagradas Escrituras siguen un método y que en este método encuentro cuatro pasos. En un primer momento identifico y leo el pasaje y voy haciendo pausas en el contenido y cómo éste habla a mi fe. En un segundo momento integro uno de las prácticas más antiguas de la espiritualidad monástica: el rumiar, esto significa masticar por segunda vez un alimento. Se dice que algunos de los animales que hacen este proceso son las vacas. Ellas tiene esta habilidad de rumiar los alimentos, es decir, si una persona les lleva a las vacas un costal de pastura, uno puede observar que estas se tragan la pastura en un dos por tres, pero si uno regresa una o dos horas después de que ellas se han comido la pastura encontrara que continúan masticando y masticando. Uno se pregunta y qué es lo que está pasando y es que las vacas están rumiando su alimento, es decir, tragan y almacenan su alimento que un primer momento no lo pudieron disfrutar pero que minutos u horas mas tarde tienen la capacidad de regresarlo del estomago para machacarlo o triturarlo mejor. En este segundo momento me dejo interpelar por el pasaje, dejo que me hable. Quizás es una oración prolongada del pasaje durante varios momentos del día en que recuerdo lo leído y le trato de sacar más jugo. El tercer paso es la oración y me dirijo a Dios quien me ha hablado por medio de su Palabra. A Dios le hablo por medio de mi alabanza, de mi súplica, de mi intercesión, de mi alegría y de mi tristeza. Por último nos encontramos ante el último paso: la contemplación, en este paso no necesitamos más que estar y escuchar en el silencio. Dejar a Dios hablar y este es el paso más difícil de todos porque no estamos a acostumbrados al silencio. Porque nos distraemos muy fácilmente y nos resulta difícil tomar esa posición de escucha.

En el próximo artículo hablaremos con más detalle desde la práctica de este método de oración. Por lo pronto me queda decir que en la cita que puse en un principio de la Dei Verbum se indica que también tenemos que hacer un estudio diligente de las Sagradas Escrituras y para ello le hago la siguiente invitación al estudio que ofrecemos sobre las Sagradas Escrituras mediante la Escuela Biblica.