El crecimiento en la pareja
Unos días antes de su boda, una pareja me decía: “siempre que él esté dispuesto a compartir su amor y felicidad conmigo, y yo con él, nuestra felicidad matrimonial estará asegurada”. Para esa pareja, esa parecía ser la receta para un matrimonio feliz. Lejos estaban de hacer conciencia de que su amor les exigiría cambios personales y les retaría al crecimiento individual, como condición para concretar su felicidad.
Podría decirse que las situaciones que se presentan en una relación matrimonial, vienen con mensajes de crecimiento y cambio muy claros y concretos. Y por lo general estos mensajes aparecen en forma de molestias, sinsabores, angustias, resentimientos y situaciones por resolver. Todo eso no es más que un llamado individual al crecimiento y al cambio, a morir a aquello que impide la armonía y la felicidad en la pareja. Como la semilla, que muere para dar vida a la plantita, las personas en la pareja deben morir a muchas actitudes, hábitos y comportamientos para dar vida a la plantita del amor y felicidad matrimonial.
Los conflictos pueden llegar no porque el matrimonio ya no sirve o porque ya no pueden vivir juntos. Llegan porque las dos personas que forman el matrimonio son limitadas, diferentes, han sido formadas en ambientes diferentes y hay necesidad de ajustes, de crecimientos y acoplamientos entre ellas. Además, perciben las cosas, las situaciones y el mundo, de una manera diferente y necesitan alcanzar un entendimiento, aceptación y muchos, acuerdos y comprensiones que les faciliten la convivencia..
Cuando hay conciencia plena de que las situaciones presentes en el matrimonio son oportunidades de crecimiento personal, la armonía y la felicidad continuarán reinando. Lo importante aquí es analizar esas molestias a manera de entender qué es lo que se debe cambiar y qué es lo que requiere aceptación. En ese punto se debe evitar todo tipo de proyecciones que intentan justificar conductas personales y eviten tomar responsabilidad de actos y comportamientos propios.
Por ejemplo, si alguien siente dolor, necesita buscar la medicina o hacer algo para que el dolor se vaya. Lo mismo aplica en la relación matrimonial. Quien siente el disgusto o la molestia, es la persona que debe buscar entender de dónde viene ese disgusto o molestia y qué debe hacer para poderlo eliminar de su ser. Si alguien siente que su pareja es la que tiene que cambiar, debería analizar muy bien ese deseo antes de proyectarlo sobre su pareja. Esa persona podrá notar que el llamado que el amor le está haciendo es el que acepte a su pareja así como es. Sin embargo, se proyecta como un deseo a que el otro o la otra cambien.
En algunos casos, las situaciones por resolver en las relaciones de pareja pueden agravarse, debido a que quien siente las molestias, hace culpable al otro o a la otra de su propia molestia. De ahí se derivan los insultos y las agresiones que tanto daño hacen a las familias.
Dicen que Dios en su infinita sabiduría, nos hace ver en los demás lo que nosotros debemos cambiar o aceptar. Eso es una realidad en el matrimonio. Tu cónyuge es un espejo donde puedes ver claramente, aquellos hábitos, conductas y comportamientos que deberías de cambiar o aceptar, para que el amor crezca en ti, en tu relación matrimonial y la felicidad sea la reina permanente de tu hogar.
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