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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

¡Hasta siempre!

Padre Claudio Díaz Jr.

Director Oficina para Católicos Hispanos

Para entender las maravillas de Señor y la grandeza de su plan para con su creación, tenemos que ver la historia humana. En las Sagradas Escrituras, concretamente en el libro del Génesis, vemos el deseo de Dios; “Hagamos al hombre según nuestra imagen...”. A imagen y semejanza de Dios, a imagen de su hijo Jesucristo, Dios nos creó. Esto no quiere decir literalmente en su aspecto físico. No nos asemejamos a Dios por ser de un color o de una raza particular, no por ser ricos o pobres o por ser hombre o mujer. Nos asemejamos a Dios por ser humanos. Dios nos creó con cualidades que Él posee y quiso compartir. Dios nos hizo inteligentes, como Él. Dios nos hizo libres como Él. Dios nos hizo amor como Él.

Y son precisamente esas cualidades, entre muchas otras, las que he descubierto durante mis travesías como Director del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Chicago durante los últimos seis años. Porque en realidad no fue una mera asignación, sino un viaje, una aventura al corazón del pueblo Hispano Católico y hacia mi propio corazón.

El visitar las comunidades de fe con presencia hispana, abrió una ventana a realidades diversas que forman nuestro mosaico de naciones, muchas de ellas representadas en sus devociones marianas. Imágenes como nuestra Señora de la Providencia, sentada en toda su amorosa maternidad en su trono o como nuestra Señora de Guadalupe, emperatriz cubierta de sol, protegiendo a sus hijos; o a los pescadores en la imagen de La Caridad del Cobre, representando el amor de Dios y la protección de su madre para con todos, reforzaron en mí la noción de que nuestro pueblo, propiamente mariano, entiende que mediante los consuelos de la madre nos acercamos más a su hijo, con la esperanza de la salvación.

Percibí durante estos años un fuerte sentido de libertad por parte de muchos líderes del ministerio Hispano. Libertad para optar por lo correcto, con información y sentido de unidad. Vi una preocupación por hacer las cosas de forma transparente y en comunión con la Arquidiócesis. De manera profética, en su liderazgo, se despertaba más el deseo, la responsabilidad y el privilegio de formación continua. Las acciones de las diversas iniciativas de formación, catequéticas y evangelizadoras, se hacían presentes en entidades y eventos dirigidos por la oficina de Evangelización y Catequesis, el Instituto de Liderazgo Pastoral, la Escuela de Formación del Movimiento de Cursillos, la Escuela de Formación de la Renovación Carismática Hispana Católica, los esfuerzos del programa ESFOR en la Universidad de De Paul, los de la Escuela San Andrés, del grupo Semilla, encuentro y formación matrimonial en Alfa y Omega, Camino y Esperanza, entre otros. Hubo un diálogo muy productivo entre todas estas realidades donde se conocieron y reconocieron con una sola visión: “Un solo pueblo, una sola Iglesia, un solo Pastor”.

A pesar de que mi ministerio tenía una dimensión de oficina, durante todos estos años hice un esfuerzo por mantenerme en contacto con la base. Para mí siguió siendo importante el continuar la comunicación con ustedes mediante mis artículos en el periódico “Chicago Católico” y ciertamente mediante el programa de radio "Una comunidad Católica de fe". También continué recibiendo personas para dirección espiritual, confesión, asesoramiento a grupos y diversas entidades relacionadas al ministerio Hispano, la creación de puentes y programas que promovieran la formación y contacto con realidades directamente ligadas al pueblo de Dios. De ahí nació la idea del programa Bienvenidos, dedicado exclusivamente a recibir los sacerdotes internacionales y extranjeros de origen hispano para orientarles sobre ese gran privilegio de hacer ministerio en los Estados Unidos, y específicamente en la Arquidiócesis de Chicago. En mi visión, un sacerdote informado es garantía de un pueblo informado.

Ustedes son la sal de la tierra. Como tal me dieron varios momentos de profundo gozo y enriquecimiento. Al presidir la eucaristía recuerdo sus devotos rostros contemplando a un Cristo sacramentado, inspirándome con el deseo de ser un sacerdote que los pudiera acercar aun más a Él. Sus costumbres, tradiciones y humor enriquecieron mi vivencia sacerdotal. En varias ocasiones logré ver el rostro de Dios en su pueblo, todo luz y sal de la tierra.

Ahora al caminar hacia otra nueva aventura. Me voy con las manos llenas de bendiciones y les envío una plétora de las mismas. Nos ha unido un solo amor... El amor de un Dios que entregó su vida al mundo para que todo aquel que crea en Él tenga vida eterna y vida en abundancia... “Y que de aquí pa’l cielo”.