San Francisco de Asís: una pastoral que cruza fronteras El programa de catequesis de este ícono parroquial de la Arquidiócesis de Chicago celebra 10 años de evangelización, catequesis y cuidado pastoral.
Ha sido la parroquia emblemática de los hispanos en la Arquidiócesis de Chicago. Ahí, en 1925 comenzó el ministerio a los hispanos en lo que fue un barrio alemán, italiano, hispano y al momento, multicultural. Rodeado por una comunidad universitaria vibrante y una comunidad parroquial que aún sigue recorriendo una distancia de hasta 45 millas para participar no sólo en la misa, sino también en una experiencia catequética que los marca de una forma muy particular.
Para la feligrés Nancy Delgado, su participación en la parroquia le parecía que era simplemente para “aprender algo” y al final, “tuve la necesidad de estar en contacto con la gente de la parroquia”, dijo.
Este programa ha sido una experiencia catequética de comunidad, que bien puede resumirse en las palabras de San Ireneo: “La gloria de Dios es un ser humano plenamente vivo”. Al final de este proceso, los adultos y con ellos, sus hijos e hijas, experimentan la vida de una forma más plena, tanto por la gracia del sacramento, como por el acompañamiento pastoral en su propia vida.
En los inicios
Para Álvaro Dávila, natural de Guatemala, trabajar en la parroquia de San Francisco de Asís, más que un reto, se le presentaba como un mar de posibilidades.
Llegó con un currículo notable: más de 10 años de experiencia pastoral en la parroquia multicultural de Nuestra Señora de la Merced (donde se llegaron a hablar hasta 42 idiomas), estudios formales en violencia doméstica (National Asociation of Forensic Counselors), una maestría en estudios pastorales (Catholic Theological Union) y, posteriormente, consejería pastoral (Loyola University), aunado a una experiencia pastoral en el área de Centroamérica.
Todo lo anterior le brindaban las herramientas necesarias para crear un proceso de catequesis que llevara no sólo a un encuentro con el Cristo vivo, sino con la humanidad plena en cada persona que participara en este programa.
La experiencia profesional y pastoral de Álvaro Dávila y el equipo catequético al que acompañó explican el hecho de que durante 30 semanas haya existido una participación constante y activa de casi 700 adultos, hombres y mujeres, además de los 513 niños y niñas? ¿Estaban obligados a hacerlo? De ninguna manera. Desde el principio se confió en que se les ofrecería una experiencia de calidad que no sólo les hiciera estar ahí por tres horas y media, sino que les invitara a volver semana a semana junto con sus hijas e hijos.
Es obvio que la experiencia de libertad y participación comunitaria en la eucaristía dominical funcionó. “Vine a esta parroquia porque cobraban poquito… con el tiempo me quedé porque las pláticas que daban me ayudaban mucho. Gracias a las pláticas que nos dan, mi esposo y yo estamos más unidos”, dijo Yadira Saínez, madre de familia que se ha incorporado a esta comunidad parroquial.
Entonces, ¿de qué se trata?
La catequesis es sacramental – curricular. Los padres y madres cuyos hijos se preparan para celebrar el sacramento de la Confirmación, participan en el primer turno. A lo largo del proceso se les concientiza respecto al hecho de que son ellos los responsables de la catequesis de sus hijos; no obstante, en este proceso catequético de los jóvenes participan cinco grupos de personas: el joven; padres madres; padrinos – madrinas; catequistas y la comunidad.
Siguiendo el programa catequético Confirmados en el Espíritu (Loyola Press), los jóvenes aprenden a leer la Biblia y los padres el Catecismo de la Iglesia Católica. A lo largo de la semana hay encuentros entre padres e hijos respecto al tema en discusión, los jóvenes presentan lo que dice la Biblia y los padres lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica. Por lo menos una vez al mes se reúnen con los padrinos y desarrollan actividades y diálogos con ellos. La comunidad los acompaña no sólo en la celebración litúrgica y la oración, sino también en la participación en el proceso catequético orientado a la reconciliación y la comunión.
El segundo grupo de padres de familia corresponde a aquellos cuyos hijos e hijas se preparan para celebrar la Reconciliación y la Primera Comunión. En este proceso participan papás, mamás, padrinos, madrinas en las reuniones que comienzan con la celebración eucarística, convivencia, diálogo en grupos pequeños, plenario y cerrar el día a las 12:30 pm.
A los padres se les enseña lo que la Iglesia pide que se enseñe a sus hijos en torno a la Reconciliación y la Eucaristía. Además, se implementa el cuidado pastoral relacionado a la experiencia de violencia en la vida humana y de cómo esta destruye la humanidad que Dios dio a cada persona al momento de la creación. Se siembra y cultiva la posibilidad de una vida sin violencia, desarticulando las estructuras internas que tenemos, mientras que se busca una vida más plena e integrada a la familia y la comunidad.
El origen de la temática está en el pensamiento teológico de Robert Schreiter, C.PP.S., profesor de teología sistemática en Catholic Theological Union (www.ctu.edu) y experto internacional en temas de reconciliación. Su aporte a la teología no tiene como punto de partida un escritorio, sino una amplísima experiencia en reconciliación tanto a nivel social como personal, dígase con conflictos de posguerra, abuso, traición e inclusive, genocidio.
En su pensamiento teológico, la reconciliación sigue la dinámica divina, comenzando la obra de reconciliación, como don y tarea, por parte de la víctima. Desde esta perspectiva se comienza un acompañamiento pastoral que ayuda a los participantes a desentrañar el origen de la violencia, a cambiar la idea de que la violencia es una condición para vivir y a dar el paso a la reconciliación, reconociendo el mal que se les ha hecho y también, la posibilidad de ser ellos mismos, como víctimas, los agentes de la reconciliación, ofreciendo la experiencia del perdón a quienes los hayan violentado.
La pieza central en el proceso de reconciliación es la víctima quien, al recobrar su humanidad perdida a causa de la violencia, busca a su agresor para ofrecerle el perdón y la reconciliación, restaurando así la humanidad que a su vez fue dañada en el agresor, rompiendo así el círculo de la violencia y emprendiendo la tarea y vocación de la reconciliación.
Compartiendo los dones
Luego de haber implementado este proceso pastoral con papás, mamás, madrinas y padrinos de la parroquia de San Francisco de Asís, la comunidad envía a Álvaro Dávila a su natal Guatemala a compartir el trabajo de catequesis familiar integral que trabajará pastoral y psicológicamente con papás y mamás para que participen activamente en la formación académica de sus hijos e hijas; la segunda dimensión de este trabajo se orienta en el área de la salud mental, que incluye el área de concientización, prevención e intervención de violencia doméstica, desarrollando un trabajo específico con hombres que demuestran tener comportamientos violentos.
Este mismo trabajo se ofrecerá en escuelas públicas y privadas que operan en el barrio, asesorado por instituciones como Catholic Theologial Union y una universidad de Guatemala que será invitada a participar en este proyecto, involucrando a los estudiantes y facultad de ambas instituciones en este proceso de pastoral integral que se ocupará del espíritu humano, de las condiciones de vida y de la posibilidad de un mundo sin violencia.
Álvaro lleva con él no sólo su experiencia profesional y pastoral, sino el apoyo del Obispo John Manz, de la comunidad, de la Oficina de Misiones, de la Profesora Barbara Reid, O.P, Decana de Catholic Tehological Union y de aquellas personas que, desde su pobreza, compartirán sus dones para sostener el proyecto. En Chicago quedará un equipo llevando adelante el proyecto que ha comenzado: Obispo John Manz, Karla Martínez, Teresita Pérez, José Castillo, Jeff Bartow, Miguel Arias, David Carbajal y Miguel Rodríguez.
Al final de todo, Álvaro comparte que su mayor satisfacción ha sido ver el cambio notable en hombres que han reconocido el efecto de la violencia en su vida, “y han decidido vivir sin ella, mejorando su vida familiar y por ende, la calidad de vida en su propia comunidad”.
Este proceso ha sido enriquecedor para todos, especialmente para Ricardo Delgado, de 17 años, quien francamente dice: “Al principio no me gustaba, pero ahora leo la Biblia y ya estoy acostumbrado a venir aquí cada domingo”.
Por su parte, Miguel Rodríguez, afirma que “A veces me aburría. La iglesia o la misa. Veníamos sin espíritu. Así me pasaba al principio, mi esposa y yo alternábamos los domingos, pero ahora, no faltamos ni un solo domingo, se nos ha hecho una necesidad”, afirmó.
¿Quiere ser parte de este proyecto?
Usted puede ser parte de este proyecto como voluntario o voluntaria; también puede contribuir económicamente comprometiéndose a dar un dólar por día durante cinco ańos o el tiempo que usted lo desee, o bien, una cantidad fija según sus posibilidades, que podrá deducir de sus impuestos. Para más información acerca de este proyecto u otras de posibilidades de participación y apoyo, llame al (773)517-2195 o envíe un correo electrónico a alvarodavila@hotmail.com, también puede escribir y enviar sus donativos a Pastoral Familiar Integral, 1837 South Michigan Ave., Chicago, IL 60616.





