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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Católicos polacos lloran por las víctimas de accidente aéreo

Alicja Pozywio

Editora de contenido, Katolik

Los católicos polacos de toda la Arquidiócesis de Chicago llenaron la Catedral del Santo Nombre la tarde del pasado 18 de abril para llorar la pérdida del Presidente polaco, Lech Kaczynski, de su esposa María y de unos 90 funcionarios polacos, líderes cívicos y eclesiásticos que murieron en un accidente aéreo el pasado 10 de abril. Los dolientes llenaron la catedral hasta su máxima capacidad, ocupando además la escalinata catedralicia frente a la calle State para ser parte de la misa. Algunos llevaban vestimenta tradicional polaca, mientras que otros llegaron vestidos de negro. Muchos llevaban banderas de Polonia y fotos del Presidente.

El cardenal George presidió la misa celebrada por el Obispo Paprocki, concelebrada por otros dos obispos y más de 40 sacerdotes polacos y estadounidenses de la Arquidiócesis. Se esperaba una gran multitud porque Chicago es considerado el hogar del mayor número de personas de ascendencia polaca en una ciudad después de Varsovia. El Obispo Paprocki funge como delegado del cardenal ante la comunidad arquidiocesana polaca. La Misa del domingo fue la culminación de una semana de luto con servicios en las parroquias polacas de toda la Arquidiócesis. La misa se celebró el mismo día que el funeral de Estado oficial de los Kaczynski, en Polonia. El avión se estrelló la víspera del Domingo de la Divina Misericordia -una fiesta muy popular en Polonia- de camino a una ceremonia para conmemorar el 70 aniversario de la Masacre de Katyn, en Rusia, donde miles de oficiales polacos fueron asesinados por la policía secreta de Rusia.

La Misa conmemorativa comenzó aquí con una ceremonia en la que se leyeron los nombres de las 96 víctimas. “Estamos tratando de entender y de explicar la tragedia, pero mirándola desde un punto de vista humano, no podemos encontrar palabras para explicar lo ocurrido en el bosque cercano a Smolensk”, dijo Paprocki, en polaco, durante su homilía. Añadió que sólo a través de los ojos de la fe puede la gente tratar de esclarecer la tragedia que ha sacudido al mundo entero.

“Estamos afectados por la tristeza a causa de estas inesperadas muertes. Digo afectados por la tristeza, pero no llenos de tristeza, porque somos personas de fe. Las celebraciones durante el tiempo de la Resurrección nos impiden llenarnos de tristeza”, dijo Paprocki, hablando en inglés.

Al final de la misa, el cardenal George rindió honor a Sewerym Wojciech, un artista de Chicago que murió en el accidente y cuyo padre fue una de las 22,000 víctimas enterradas en Katyn. El propósito de la vida de Seweryn, como él mismo repitió en muchas ocasiones, era educar a la gente respecto a la Masacre de Katyn y la construcción de un monumento en Chicago a las víctimas. Gracias a su compromiso, el monumento fue dedicado el año pasado en el cementerio de San Adalberto, en Niles.

“Wojciech Seweryn luchó arduamente, en ocasiones con mi personal de oficina, para construir ese monumento”, compartió el cardenal George con la congregación.

Muchos de los que participaron en la misa llegaron a la catedral a pie, marchando más de tres kilómetros desde la Iglesia de San Estanislao de Kostka, en la calle Noble y la avenida Evergreen, la iglesia polaca más antigua en Chicago y de la cercana Misión Polaca de la Santísima Trinidad. Varias organizaciones locales polacas organizaron la marcha en homenaje y honor a las víctimas del accidente.

Un carruaje funerario negro tirado por caballos encabezó la manifestación; dentro de los ventanales del transporte podía verse un retrato del Presidente y de su esposa. Jóvenes scouts polacos que transportaban 96 cruces con los nombres de las víctimas siguieron el carruaje. Generaciones de estadounidensespolacos desfilaron en medio de una atmósfera solemne y devota con velas, retratos del Presidente, agitando banderas rojas y blancas de Polonia con listones negros, rezando el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia.

Los que asistieron a la misa del 18 de abril todavía estaban tratando de dar sentido a la tragedia.

El padre jesuita Miroslaw Bozek dijo que se había enterado de la tragedia en un confesionario. “Yo no escucho las noticias antes de mi primera misa del sábado a las 8 a.m., antes de lo cual ofrecemos confesión”, dijo. Leer sobre las personas que lloraban esa pérdida en su natal Polonia lo inspiró a participar en la marcha del domingo.

Cuando se le preguntó por qué era importante participar en esta celebración, el obispo Paprocki, dijo: “La muerte del presidente de Polonia, de su esposa y de los de su partido ha afectado a mucha gente que vino de Polonia y vive ahora en Chicago y que son parte de nuestra Iglesia”.