El Santo Padre que yo conozco Un obispo de Bridgeport, Connecticut, ofrece claridad sobre los ataques contra el Papa.
Es la Semana Santa, ese periodo intemporal en el que recordamos los acontecimientos más importantes de todos los tiempos: el sufrimiento de Jesús, su crucifixión y su conquista sobre la muerte. El mundo, por supuesto, está lleno de distracciones. En estos días santos hay algunos, especialmente los medios de comunicación, que quieren que nos centremos en los supuestos fracasos de nuestro Papa, Benedicto XVI.
Nuevamente el The New York Times encabeza el ataque, acusando ahora al Santo Padre de ser cómplice del “creciente escándalo de abuso sexual en la Iglesia Católica”. Quiero compartir con ustedes mis reflexiones sobre este tema.
Parece que el momento de publicación de estos artículos fue calculado. El artículo del 25 de marzo que apareció en The New York Times sugiere que el entonces cardenal Ratzinger permitió a un abusador conocido que continuara en el ministerio por casi 30 años, fue basado en documentos proporcionados por Jeffrey Anderson, un abogado que ha recibido más de 100 millones dólares demandando a instituciones católicas y que ahora ha demandado al Vaticano mismo.
El señor Anderson recibió estos documentos descubiertos en diciembre de 2008. ¿Por qué esperar hasta ahora para entregarlos al Times? ¿Lo hizo para apuntalar su demanda contra el Vaticano? ¿Fue para coordinarse con los grupos que protestaban en el Vaticano el mismo día del informe del Times? ¿Fue para promover una legislación que favorezca a los abogados demandantes como los que estamos combatiendo aquí en Connecticut y en otros lugares? ¿Lo hicieron para mancillar la santidad de esta semana? No lo sabemos. Sabemos que el señor Anderson controló el momento de su divulgación y que el Times ayudó.
La verdad es que no hay un problema creciente de abuso sexual infantil en la Iglesia Católica, al menos no en nuestro país. El amplio estudio “Causes and Contents” (Causas y Contenidos) realizado por el Colegio John Jay de Justicia Criminal mostró que para principios de la década de 1990, este problema se había corregido en gran medida gracias a que muchos obispos habían puesto en marcha programas que promovían medios ambientes seguros y políticas de tolerancia cero.
En 2002 los obispos de EE.UU. tomaron medidas adicionales para auxiliar a las víctimas y para garantizar la seguridad de los niños y los jóvenes mediante la emisión emblemática de sus Estatutos y Normas. Para nuestra Iglesia, que sirve a casi 70 millones de católicos estadounidenses, había seis denuncias de abuso sexual infantil por parte de sacerdotes ocurridos en 2009. Ninguna otra institución que trabaja con niños se acerca a este nivel de ambiente seguro.
El Padre Murphy
Concentrémonos ahora en los artículos de The New York Times sobre el Padre Lawrence C. Murphy, el fallecido sacerdote de Milwaukee, que fue acusado de acosar sexualmente a jóvenes durante las décadas de 1960 y 1970, cuando dirigía una escuela para niños con discapacidades del oído y de la vista. Sin duda, su comportamiento fue absolutamente censurable y destructivo.
Sin embargo, al mismo tiempo el artículo del Times informa de manera incorrecta que el Cardenal Ratzinger fue cómplice cuando, “en lugar de disciplinarlo”, el Padre Lawrence Murphy fue “trasladado de manera silenciosa” a la Diócesis de Superior, donde continuó “trabajando libremente con los niños en las parroquias” durante 24 años, hasta su muerte en 1998.
La policía revisó las acusaciones contra Murphy en 1974 y al parecer no encontró evidencia suficiente para tomar cualquier acción. No obstante, Murphy perdió su trabajo como director de la escuela en 1974. Los documentos que el propio Times publicó muestran que su traslado no fue “silencioso”.
El Times no informa que en 1993 el Arzobispo Weakland rápidamente suspendió las facultades de Murphy y le ordenó poner fin a todo ministerio público, a todo contacto no supervisado con niños y con personas, lugares y situaciones que dieran lugar a las tentaciones.
Si el New York Times se hubiera molestado en consultar con el Padre Thomas Brundage, el vicario judicial de la Arquidiócesis de Milwaukee de 1995 a 2003, habría comprobado que en el momento de su muerte, Murphy aún se encontraba acusado en un juicio canónico (un juicio interno realizado por la Iglesia) en Milwaukee por los delitos de abuso sexual y por solicitar favores sexuales dentro del confesionario.
Por lo anterior, The New York Times fue menos que honesto al declarar que Murphy no sufrió disciplina alguna.
Brundage, el juez que presidió el juicio canónico, afirma de manera inequívoca “con relación al papel desempeñado por el entonces cardenal Joseph Ratzinger (ahora Papa Benedicto XVI) en este asunto, no tengo ninguna razón para creer que él estuviera involucrado. Atribuirle esta cuestión, es un gran salto de lógica e información”.
La verdad sobre el papel del Papa
He aquí lo que yo sé respecto al Papa Benedicto XVI y el abuso sexual. Según lo descrito por John Allen, del National Catholic Reporter, cuando el cardenal Ratzinger se convirtió en 2001 en el “hombre designado” por el Vaticano para atender dicho problema, él revisó de manera personal cientos de archivos.
Bajo su liderazgo la congregación dio a los obispos una guía y un apoyo vitales para expulsar del ministerio a sacerdotes criminales.
En 2002, colaboré en la redacción de los Estatutos y Normas para la Protección de Niños y Jóvenes han ayudado a los obispos de EE.UU. a lograr un cambio cultural verdadero en la Iglesia. Se han desarrollado programas modernos para tener ambientes seguros. Innumerables víctimas han recibido ayuda. Los sacerdotes que presentaban un peligro para los jóvenes están fuera del ministerio. Las Diócesis cooperaron estrechamente con las fuerzas del orden (contrario a lo que dice otro artículo de opinión mal informado de The New York Times).
La congregación también ayudó a los obispos de otros países a enfrentar la crisis del abuso sexual. Cuando se convirtió en Papa, Benedicto XVI hizo que la solución del problema de abuso sexual fuera un asunto prioritario. En lugar de atacar a este Papa, debemos estar dándole las gracias por ayudar a la Iglesia a enfrentar esta crisis de manera tal que beneficie a las víctimas, la iglesia y la sociedad.
La falta del Gobierno
En enero, el Departamento de Justicia de EE.UU. informó que durante el año de 2008 uno de cada 10 jóvenes encarcelados en centros de detención administrados por el gobierno fueron agredidos sexualmente por sus guardias. Esto representa 2,370 víctimas. ¿Dónde estuvo el informe del Times? Y el número de víctimas de abuso sexual en las escuelas públicas hace que el problema en los centros de detención de menores se vea minúsculo.
The Times demandó a nuestra diócesis para adquirir documentos con información privilegiada de los archivos de la corte para poder volver a publicar historias de casos de abuso sexual en los que se llegó a un acuerdo y que se produjeron durante los años 1960s y 1970s. Sin embargo, no tomó en cuenta que desde 1992, en Connecticut solamente, 112 maestros y formadores de escuelas públicas de esa ciudad han perdido su licencia para enseñar, debido a que mantuvieron contacto sexual con los alumnos, y que desde 2006, 19 padres de crianza temporal pagados por el Estado de Connecticut han sido disciplinados por abusar sexualmente de niños bajo su cuidado.¿Dónde está la indignación y la exigencia de renuncias?
Pretender que el Papa y la Iglesia católica tengan toda la culpa del abuso sexual infantil puede beneficiar a los abogados litigantes y servir los intereses de sus socios de los medios, pero no hace nada por proteger a los niños hoy en día. Transferir miles de millones de las diócesis católicas, órdenes religiosas y de sus ministerios caritativos y educativos en un momento de crisis económica sólo crea nuevas víctimas.
Ya es hora de que los ataques a la Iglesia den paso a informes responsables y a políticas públicas de trato justo.
Parte de un artículo aparecido en el sitio Web de la Diócesis de Bridgeport (www.dioceseofbridgeport.com), Connecticut, el 1º de abril





